Over My Dead Body, 1988-2002

La Tate Modern de Londres acoge Mona Hatoum, una muestra que reúne 100 obras de la artista libanesa afincada en la capital británica y que se convierte en la retrospectiva más completa realizada en el Reino Unido, hasta el próximo 21 de agosto.

"So Much I Want to Say", dice Mona Hatoum (Beirut, 1952) en un vídeo de 1983 en el que la artista aparece con la cara borrosa y degradada. La frase la repite una y otra vez y se convierte en una declaración de intenciones ya que desde entonces sus piezas muestran sus pensamientos. Un universo particular y multidisciplinar que ahora aterriza en la Tate Modern con 100 piezas que narran sus peripecias desde hace más de 35 años. Matizar en las contradicciones y en las complejidades de nuestro mundo a través de una mirada que reta al espectador es uno de sus puntos fuertes. Desde sus performances radicales y vídeos de los primeros años pasando por las esculturas e instalaciones de gran tamaño, el templo del arte contemporáneo le dedica la mayor retrospectiva realizada en el Reino Unido hasta la fecha.



Conocida por sus instalaciones y esculturas de gran tamaño, reta los lenguajes formales del minimalismo y el surrealismo para mostrar los conflictos y las contradicciones del mundo que habitamos. Con un lenguaje poético y radical, su carrera arrancó en 1980 con la performance y vídeos en los que el cuerpo era el medio de expresión. A los cinco años de comenzar su andadura grabó Roadworks en 1985, un acto para el que se ata a los tobillos unas botas Doc Marten para expresar la radicalidad del sistema.



Homebound (2000)

Y es que el cuerpo ha sido una de las herramientas que ha utilizado como modo de expresión. A través de él muestra la vulnerabilidad y resiliencia, como se ve en Corps étranger (1994), un viaje endoscópico al interior del cuerpo de la artista. Aunque también entiende el cuerpo como objeto de poder o encarcelamiento, haciéndolo evidente en Impenetrable (2009), un cuadrado en suspensión formado por cientos varillas y púas. En cambio con Light Sentence, (1992) a través de mallas de alambre y una sola bombilla que sube y baja, crea un juego de luces y sombras que transforman la sala en un lugar inestable.



Tan inestable como el mundo que habitamos. O esto es lo que se puede desprender de la pieza Hot Spot (2009), un globo terráqueo de aluminio y luces de neón que transmite una intensa y peligrosa energía. En Hot Spot (hot spot son las zonas de conflicto) Hatoum no señala los mayores conflictos sino que llama a repensar las fricciones que presenta nuestro planeta, convirtiendo todo el globo en una zona de conflicto. Los neones rojos, además, llenan la sala de un color escarlata que puede abrumar al espectador.



Hot Spot (2009) y, a la derecha, Impenetrable (2009)

La electricidad, de hecho, es otra de las protagonistas de la muestra en la que Hatoum yuxtapone sentimientos contradictorios como la belleza y el horror, el deseo y la repulsión, el miedo y la fascinación. En ese juego de antónimos se mueven las piezas de la artista ganadora del Premio Joan Miró en 2011. Este devenir eléctrico se ve en Homebound (2000), un conjunto de utensilios domésticos interconectados entre sí mediante una corriente de 240 voltios. Para que el público no acceda a los electrodomésticos se dispone una valla que puede tener una segunda lectura: la casa se convierte en una especie de cárcel.



Con maestría la artista convierte los utensilios cotidianos en elementos misteriosos como se ve en Great Divider (2002), una pieza que puede parecer un biombo que divide dos espacios, pero que en realidad es un rallador a escala humana. Conocedora del significado de la palabra desplazamiento (se asentó en Inglaterra en 1975 tras la guerra que arreció el Líbano) comparte sus pensamientos en Present Tense (1996), una obra hecha de 2.200 cubos de aceite de oliva proveniente de Nablus (Jerusalén). Las líneas rojas que son empujadas hacia la superficie representan el Acuerdo de Oslo de 1993. Y en una instalación más reciente, Twelve Windows (2012-2013), expone doce piezas con bordados realizados por mujeres palestinas que viven en campos de refugiados en el Líbano, convirtiéndose esta en una pieza política que habla del acto de resistencia.



So much I want to say... ya lo dice en ese vídeo que bien puede resumir la trayectoria de la artista.



@scamarzana