Vista de la exposición en el Centro Botín

A punto de celebrarse el 125.° aniversario del nacimiento del artista, el Centro Botín de Santander inaugura Joan Miró. Esculturas 1928-1982, una muestra que se adentra en el proceso creativo de este poeta tridimensional del surrealismo.

Así era su día a día: de nueve de la mañana a dos se encerraba en su taller, hora a la que salía a comer hasta las cuatro. Tras una breve siesta de 15 minutos, dedicaba toda la tarde a responder la correspondencia a mano. Después escuchaba una canción, leía algo de poesía y de siete a ocho, apilando periódicos, cartones, cartulinas, papeles y hojas, trabajaba la mano. Durante la noche dormía, claro, aunque dejaba un papel y lápices en su mesilla porque se despertaba con visiones que dibujaba en su cuaderno. Ya por la mañana los trasladaba a la tela y vuelta a empezar. Así trabajaba el poeta tridimensional del surrealismo. Su proceso creativo, desde que ideaba una escultura hasta que la enviaba a la fundición, se muestra en Joan Miró. Esculturas 1928-1982, que inaugura este martes el Centro Botín de Santander coincidiendo con la publicación de El niño que hablaba con los árboles (Galaxia Gutenberg), la primera biografía internacional del artista escrita por Josep Massot.



El recorrido, dividido en cinco secciones de manera cronológica, permite al visitante adentrarse en su mundo interior e imaginarlo enfrascado en su tarea. El paseo arranca con su primera escultura realizada en 1928, en la antesala del crac americano de 1929. Consiste en un ensamblaje "antiescultórico" en madera en un momento en el que Miró "quería asesinar todos los conceptos preconcebidos de la escultura moderna y buscar objetos desechados haciendo apología del objeto burdo, banal y olvidado aportándoles una nueva vida", explica Joan Punyet Miró, comisario de la exposición junto a María José Salazar. La última, fechada en 1982, está inspirada en un día que fue a comer a La Puñalada (restaurante de Barcelona que cerró) y "una servilleta le sirvió para hacer una escultura de un metro ochenta".



Miró quería asesinar todos los conceptos preconcebidos de la escultura moderna". Joan Punyet Miró

Las salas no solo muestran la evolución de sus esculturas sino también de pensamiento y permite ver las texturas que otorgaba a cada material que empleaba. El proceso empezaba en sus paseos por la montaña, la playa y el campo, donde recogía objetos. De vuelta en el taller los disponía en círculos y "era testigo de los diálogos entre ellos", explica Punyet Miró. Tras un periodo en esa posición de interlocución bajo la curiosa mirada del artista pasaban a ser colocados en el suelo. De ahí salía un boceto y, cuando conseguía tener alrededor de 15 ensamblajes, "los metía en una caja y los mandaba a la fundición de bronce, donde, a su llegada, daba las instrucciones de cómo colocar cada pieza".



Objetos, texturas y memoria fotográfica

Vista de la exposición

Madera, hueso, hierro, yeso, arcilla... nada escapaba a su ingenio y todo era susceptible de convertirse en una obra. Y así, en la época en la que se acota la muestra, el artista llegó a realizar cerca de 400 esculturas. Pero su vasta producción (compuesta por 2000 óleos, 8000 dibujos, 1000 grabados, 1200 litografías) no significa que trabajara a ritmo acelerado sino que "podía llegar a almacenar objetos durante años", sostiene su nieto. Había ocasiones, recuerda, en las que Miró conseguía tener cinco objetos pero a falta de uno que culminase la pieza, la futura obra esperaba en el taller.



En aquel espacio íntimo y personal, al que nadie accedía sin él, podía llegar a acumular entre 400 y 500 objetos. Pero no era un caos como el estudio de Francis Bacon: Miró inventariaba todo en su memoria fotográfica y si alguien movía una lata o piedra de sitio... lo sabía. Celoso de su espacio personal Joan Miró consiguió "conjugar la escultura con la poesía a través del subconsciente humano". La calabaza con el tronco de acebuche, la lata chafada y el hueso de pollo, una pinza gigante... todo se puede ver en dibujos preparatorios, en yeso y en bronce, algo que permitirá que el "espectador se sienta capaz de descifrar el código del creador", cree Punyet Miró.



Cuando se trasladó a Mallorca destruyó la mitad de la producción porque era demasiado previsible y modelada"


Pero la manera de trabajar de un artista no solo se ve a través de los bocetos sino también con fotografías. En este caso, aunque Miró era muy celoso de su espacio y su taller, contaba con fotógrafos en los que confiaba: Cartier-Bresson, Man Ray, Irving Penn, Catalá Roca y Joaquim Gomis. Su relación con ellos era "muy íntima, eran pocos y muy seleccionados porque sabía que cuando empezaba a trabajar ellos desaparecían". No de manera literal, se oía el clic del diagrama pero "nunca se ponían delante de su cara o de su cuerpo cuando trabajaba, se posicionaban detrás de una escultura o una silla para no intervenir en su proceso".



Dos puntos de inflexión

Joan Miró retratado por Catalá Roca

Shoji Hamada (Japón), Bernard Leach (Reino Unido) y Josep Llorens Artigas (España) fueron tres de los ceramistas más importantes del siglo XX. A este último lo conoció en 1915 pero un momento dado decidieron trabajar con un horno de leña, sin gasoil, ni gas ni electricidad para aportar a las obras el plus de la llama, la ceniza y el humo. Aquella colaboración, que culminó en 15 bronces, supuso un punto de inflexión en la trayectoria de Miró. El segundo llegó en 1962 cuando el artista se trasladó a Palma de Mallorca, ciudad en la que murió. En un ejercicio de autocrítica decidió quemar la mitad de la producción que había llevado de Barcelona alegando que "era demasiado previsible y modelada". Entonces, y coincidiendo con su época más fecunda, "quería estar más cerca del instinto y depuró su técnica para acercarse a la escuela del expresionismo abstracto de Jackson Pollock".



Con un estilo depurado, más visceral y directo Miró se alejó del realismo, entró en la esfera de la abstracción y el surrealismo y puso sobre soporte el código perteneciente al mundo de los sueños, el primitivismo y la psique. La otra vuelta de tuerca a su estilo llegó cuando Giacometti le propuso pintar las esculturas de bronce.



A punto de cumplirse el 125° aniversario de su nacimiento la figura de Miró saca músculo con diversas muestras em el IVAM (Valencia), en Lima, en Tokio y la que llegará en octubre en el Grand Palais de París. Además, el 20 de abril (fecha exacta de la efeméride) se abrirá la tercera fundación, en Mont-roig (Tarragona), de un artista místico, introspectivo y silencioso que se ponía una máscara para que nadie supiera lo que pensaba.



@scamarzana