El Círculo de Bellas Artes acoge la exposición Català-Roca, Obras maestras.

El Círculo de Bellas Artes acoge a partir de este martes la exposición 'Català-Roca, Obras maestras', una retrospectiva con más de 150 imágenes del fotógrafo documentalista más importante de España

Francesc Català-Roca (Valls 1922-Barcelona 1998) heredó de su padre, Pere Català Pic, la pasión por la fotografía. Sin embargo, cada uno de ellos se enfrentó a la cámara desde perspectivas opuestas. Su progenitor fue uno de los pioneros de la fotografía vanguardista, publicitaria y propagandista al servicio de la república durante la Guerra Civil. Francesc, como pasa en muchas ocasiones en el seno familiar, decidió desmarcarse del trabajo de su padre y centró su labor en la fotografía documental alejada de cualquier efectismo y ambición artística.



Así, su obra ha pasado a la historia como el retrato más vivo y cercano de nuestra sociedad en el siglo XX, como se puede apreciar desde este martes en la exposición Català-Roca, Obras maestras del Círculo de Bellas Artes. La muestra reúne 150 imágenes en blanco y negro y materiales de trabajo del fotógrafo: dos de sus cámaras, hojas de contacto, un archivador de negativos... "Català-Roca es el gran padre de la fotografía documental", comenta el comisario de la muestra Chema Conesa. "Todos los fotógrafos que hemos trabajado el reportaje hemos mirado hacia él. Nos enseñó a decidir que era lo importante y retratarlo para que fuera relevante".



Para la exposición el propio Chema Conesa junto con los herederos del fotógrafo, Martí y Andreu Català Pedersen, y los depositarios de su archivo, el Colegio de Arquitectos de Catalunya (COAC), ha realizado una profunda y exhaustiva labor de investigación e indagación sobre más de 200.000 negativos en diversos formatos y 17.000 hojas de contacto. Además, la muestra incluye un video documental de 20 minutos que establece paralelismos y líneas cruzadas entre sus circunstancias personales y su trabajo.



El fotógrafo catalán recorrió el país dando buena cuenta de las transformaciones y cambios que se producían a pie de calle. Llego a trabajar en el Ministerio de Cultura, aunque su empleo principal fue al servicio de editoriales. Pese al régimen, Francesc no evitaba posar su mirada en los aspectos más agrios de la sociedad de posguerra con la intención de transmitir la realidad tal cual era, algo que queda perfectamente reflejado en la exposición. "No había ningún contenido político en sus fotografías", avisa Conesa, "aunque el problema es que siempre se le puede atribuir una determinada idea a cualquier fragmentación de la realidad".



Su manera de entender la fotografía era absolutamente contraria a las copias únicas. "Abominaba del arte. Para él, la fotografía tenía que tener la capacidad de ser reproducida hasta el infinito. Su obra se anticipó incluso a los postulados de Cartier-Bresson. Para ambos, el fotógrafo jamás podía dudar en el momento del disparo, el instante decisivo", puntualiza Conesa.



Una anécdota describe con bastante precisión su ideal de trabajo. Francesc tuvo el privilegio de trabajar para Dalí y Miró. Con ambos trabó una buena amistad como relata el comisario de la muestra: "Dalí le decía que si quería hacerse famoso tenía que llenar una vaca de dinamita para hacerla estallar y captar el momento exacto de la explosión. Por su parte, Miró le permitió retratarlo de manera silenciosa siempre y cuando no le molestara. Entre los dos, Català-Roca eligió a Miró".



La exposición del Círculo de Bellas Artes supone una ocasión perfecta no solo para reconocer el trabajo del fotógrafo documental más importante de nuestro país, también para reconocernos a nosotros mismos en él. "Era un gran vitalista y un cabezota", opina Conesa. "Puso todo su empeño en no retocar la realidad, en ser un fotógrafo ausente. A través de la capacidad visual y la geometría a la que le obligaba la cámara, fue capaz de convertir escenas cotidianas en obras completamente magníficas".