Imagen de la exposición

La Fundación Canal inaugura Magnum. Hojas de contacto, una muestra con más de 90 objetos que sirven para ver los errores y aciertos de sus fotógrafos hasta llegar al instante definitivo.

Para Henri Cartier-Bresson las hojas de contacto de los fotógrafos eran documentos íntimos llenos de secretos. Lo comparaba a una cena en casa en la que los invitados no tienen por qué entrar en la cocina ni mirar en la basura. A él, personalmente, no le gustaba mostrar la suya y, por tanto, después de la Guerra Fría empezó a hacerse cargo de todo el proceso; desde la toma al recorte de los negativos y su posterior impresión. Sin embargo, cuando nació la Agencia Magnum a los fotógrafos que querían entrar en ella se les pedía este documento ya que, a través de él, se expone el proceso de toma, los errores y los aciertos hasta la captura del instante perfecto. Ahora que con la tecnología digital este objeto ya no sirve de relación entre las diferentes partes la Fundación Canal inaugura Magnum. Hojas de contacto, una muestra de más de 90 documentos que pone en relación las imágenes finales con la sesión de la que surgieron.



La muestra, diseñada como un cuarto de revelado, permite trazar el recorrido que cada fotógrafo ha transitado para la captura de la foto definitiva. Con una lupa al lado de cada hoja de contacto, el visitante puede ampliar cada imagen y ver impresa la elegida. En ocasiones se ve cómo el fotógrafo escogía más de una o cómo, en otros casos, su opción no correspondía con la selección del editor. "Es la impresión de la primera mirada del fotógrafo que permite ver esas pequeñas historias", comenta Emmanuelle Hascoët, directora de exposiciones de Magnum Photos. Cuando después de la guerra los fotógrafos se dieron cuenta de que las agencias se quedaban con los negativos Cartier-Bresson, Robert Capa, David Seymour, George Rodger y William Vandivert decidieron crear la Agencia Magnum. Para ellos era imprescindible tener la libertad de elegir sus historias, trabajar en ellas el tiempo que necesitaran y, por supuesto, ser dueños legítimos de sus negativos. Con ellos nació el derecho de autor de los fotógrafos.



11-S.Nueva York. Septiembre 2001 © Bruno Barbey / Magnum Photos

La muestra, dividida en décadas, arranca en los años 30 con imágenes del Desembarco de Normandía a cargo de Robert Capa. "El fotógrafo desembarcó con las tropas americanas pero tuvo problemas con los carretes y perdió la mayoría de las instantáneas. Hay varias teorías sobre cómo ocurrió pero lo cierto es que solo han sobrevivido unas pocas", señala Hascoët. A su lado la hoja de contacto en la que se muestra cómo Philippe Halsman tuvo que repetir en más de 30 ocasiones la escena capturada en Dalí Atomicus. "A él le gustaba preparar la escena para mostrar la personalidad de los retratados y en estos negativos se ve a los ayudantes echando agua, lanzando el gato, a Dalí saltando".



La década de los años 50 y 60 fue el momento de esplendor del fotoperiodismo y con ello el momento cumbre de las hojas de contacto como herramienta de relación entre el fotógrafo, el editor y la revista. De esta época son las instantáneas, por ejemplo, en las que Elliot Erwitt capturó a Richard Nixon y Nikita Kruschev en Rusia en julio de 1959. "Erwitt explicaba sus propias fotos y en este caso en concreto se ve que él marca en su hoja de contacto la primera imagen que tomó del encuentro". Se trata de una imagen que resume la relación entre Estados Unidos y la URSS. También son de esta misma época las imágenes de Inge Morath, Burt Glinn, Erich Lessing, Werner Bischof y Cornell Capa con el presidente Kennedy.



Protestas en París, Francia 1968 ©Bruno Barbey / Magnum Photos ©Thomas Hoepker / Magnum Photos

Más tarde llegó el color, la apuesta por fotógrafos jóvenes y el gusto por el reportaje largo y de autor. Aquí destaca Josef Koudelka, fotógrafo checo que en ese momento no tenía dinero para comprar películas fotográficas y usaba películas cinematográficas. Él fue "uno de los primeros en retratar la invasión rusa de Praga" aunque después huyó de su país. Pero Cartier-Bresson pudo ver sus instantáneas, sus negativos y decidió hacerle partícipe de la Agencia Magnum. Más recientes son los retratos de Margaret Thatcher de Peter Marlow, los niños jugando a hacer la guerra de Larry Towell en Gaza en 1993, los refugiados ruandeses de Eli Reed en 1995 en Tanzania, las imágenes de Chechenia de 2000 de Thomas Dworzak e incluso la visión sobre el 11-S que tuvo Thomas Hoepker.



Ahora, con la tecnología digital en plena expansión, las hojas de contacto dejan de ser una herramienta de trabajo y han pasado a ser, como en el caso de Michael Subotzky, un objeto, una obra en sí misma. Magnum. Hojas de contacto es, pues, una exposición que muestra al espectador el cuaderno de trabajo de las imágenes que ya han pasado a la historia.



@scamarzana