Palma el Viejo: Dos ninfas en un paisaje. ¿Júpiter disfrazado de Diana seduciendo a Calisto? (1513-1514)

El Museo Thyssen-Bornemisza reúne en Renacimiento en Venecia. Triunfo de la belleza y destrucción de la pintura 88 obras maestras del arte veneciano del siglo XVI. Un recorrido por el arte de aquellos artistas que se alejaron de la escuela toscano-romana para abrazar las posibilidades del color y la sensualidad de la pintura.

Hacia finales del siglo XV Venecia era una de las ciudades más importantes de Europa pero los cambios económicos, políticos y comerciales que vivió el continente, derivados de la derrota de la Serenissima Repubblica en Agnadello en 1509 y el desplazamiento de las rutas comerciales tras el descubrimiento de América, hicieron que su estatus peligrase. Con la amenaza de convertirse en periferia la ciudad tuvo que renovarse a sí misma y decidió hacerlo desde su propia arquitectura bajo la firme creencia de que Venecia era la ciudad más bonita del mundo. Y su Gran Canal la calle más bella. Su despertar artístico llegó en ese preciso momento y consiguió posicionarse en el centro del debate artístico con su propia idea de la belleza alejada de los paradigmas de la pintura romana y florentina que tanto éxito cosechaba entonces. Con el objetivo de rastrear esos detalles que hacen única a la pintura veneciana el Museo Thyssen-Bornemisza reúne 88 obras en El Renacimiento en Venecia. Triunfo de la belleza y destrucción de la pintura hasta el próximo 24 de de septiembre.



El paseo del arte de Madrid se convierte de esta manera en una parada ineludible para los amantes de la pintura antigua ya que una de las mayores colecciones de pintura italiana fuera de Italia la guarda el Museo del Prado, pinacoteca que, de hecho, ha cedido una de sus obras para la muestra temporal del Thyssen. La pintura veneciana "es un tema clave de la pintura occidental y del desarrollo de la propia colección del barón Thyssen", recuerda Fernando Checa, comisario de esta exposición. Tras cuatro años de trabajo "la idea era dar una visión diferente a la colección del Prado así que a partir de las piezas de la colección la muestra se agrupa en nueve secciones que responden a los temas que los artistas retrataron", explica.



Jacopo Bassano: Escena pastoral (hacia 1568)

En Venecia se concentraron pintores como Tiziano, Tintoretto, Veronés, Jacopo Bassano, Giorgione y Lotto que se erigieron como alternativa a los ideales estéticos que planteaban Miguel Ángel y Rafael en la escuela toscano-romana. Los primeros tuvieron debilidad por el color y la sensualidad mientras que los segundos se especializaron en una pintura derivada del intelecto y el dibujo. En 1500 exactamente el artista Jacopo de Barbari pintó Vista de Venecia, la primera obra que se realizó a vista de pájaro. Esta obra cuelga en la primera sala (de las siete que ocupa la exposición) junto a Retrato del dux Giovanni Mocenigo, de Gentile Bellini, los procuradores Jacopo Soranzo y Alessangro Gritti, de Tintoretto y San Juan Bautista predicando de Verónes.



Uno de los problemas que tuvo Venecia frente a Roma fue la carencia de ruinas. Sin embargo, "la belleza veneciana tiene que ver con la cultura y el clasicismo y el mundo romano hubo que importarlo a través de estudios", comenta Checa. De este modo la belleza de los paisajes los artistas venecianos la recrearon a través de retratos (con las ruinas y la naturaleza como paisaje) de Veronés y Moroni porque "en Venecia -recuerda el comisario- hay belleza pero no naturaleza". Ese deseo de belleza urbana que suplen a través del clasicismo en la pintura lo hacen Giorgione en Retrato de un joven, Lorenzo Lotto en Retrato de un joven en su estudio o Cariani que en Los músicos hace una alegoría musical, disciplina entendida como la perfección estética del Renacimiento.



Veronés: El rapto de Europa (hacia 1580)

El ideal de la belleza culminó en el estudio de "la belleza de la mujer" donde destacan los retratos de Palma El Viejo, Tiziano y Veronés. Checa destaca tres rostros fundamentales como el de Venus, las Ninfas y, sobre todo, El rapto de Europa, que "procedente del Palacio Ducal de Venecia ha sido considerado una de las pinturas más importantes del Renacimiento". Sin embargo, en el caso de Tiziano su predilección por la Magdalena fue una constante y el Thyssen ha conseguido reunir a tres sus magdalenas más importantes -una de ellas la auspicia el Museo de Capodimonte en Nápoles, otra del Ermitage de San Peterbursgo y la última pertenece a una colección privada. Pero no solo retrataron a la mujer sino también "la belleza del poder -capturada en el brillo militar a través de los reflejos en la armadura y en la importancia del palacio del noble- y la belleza en la naturaleza, que no existe en Venecia pero inventan su pastoral. Esta belleza aparece idealizada en obras de Piombo y Lotto pero también es una belleza que rodea el mundo de la devoción en el caso de Dosso Dossi o en Virgen con el Niño, santa Catalina y un pastor, de Tiziano y un realismo más acuciado en el caso de las pastorales de Jacopo Bassano.



"Hoy en día podemos decir que la pintura moderna se puede remontar a la pintura veneciana", asegura Guillermo Solana, director del Thyssen. Y lo dice porque el color de Tiziano, Tintoretto y Veronés en sus obras tardías se convierte, en palabras del comisario, "en mancha, en cruel borrón que ha suscitado debates" (y en tono de debate se plantean las dos últimas salas) en torno a si son obras acabadas o no. Sin embargo, esa carga dramática fue "admirada después por Rubens, Velázquez, Rembrandt y, más actuales, Rothko y Bacon". Esta manera de usar el pincel ponía en duda, por tanto, la idea de la belleza del Renacimiento y dotaba a los lienzos de mayor expresividad como se puede ver en obras como Cristo crucificado de Tiziano, que pone el broche de oro a esta muestra sobre el arte veneciano del siglo XVI.



@scamarzana