
Mapa Orbis Terrarum, de 1595, considerado el primer Atlas Geográfico de la historia.
La Corona, volcada desde los Reyes Católicos en las navegaciones, no dejó durante siglos de fijar su interés en los nuevos territorios, originalmente motivada por el hallazgo de rutas seguras, de modo que invirtió en barcos, formación de los navegantes y útiles que, en su día, estuvieron a la cabeza mundial de las innovaciones tecnológicas, como fue el caso del avanzadísimo astrolabio, de los que se exhiben dos en esta exposición que reúne tanto los descubrimientos y sus protagonistas, como las herramientas y barcos que fueron empleándose a lo largo de los siglos.
Cuanto más lejos llegaban, más leyendas fulminaban, cuenta Carmen López Calderón, una de las comisarias de esta muestra que se nutre, fundamentalmente, de fondos del Museo Naval, institución, por cierto, reivindicable por la vastedad de tesoros que alberga. "Se derrumba el mito de que en el Oeste se acababa la tierra y los barcos caían al vacío, así como que el agua hervía en los mares del sur, o leyendas que hablaban de hombres que caminaban con la cabeza en la mano", ejemplifica. El relato de la muestra, compuesta de cuatro salas, es apasionante, de una épica cinematográfica, la historia de hombres que se echaban a la mar sin saber si habría una vuelta, que pasaban años fuera de su tierra para descubrir qué había más allá.
La exposición parte de Hernán Cortés y pasa por el viaje de Magallanes-Elcano (1519-1522), una peripecia de 27 meses en la que murieron muchos expedicionarios -su protagonista entre ellos- y de la que sólo regresó la Nao Victoria, pero que supuso el descubrimiento del Estrecho de Magallanes y, con él, la apertura de una nueva ruta España-Molucas por el Pacífico. Continúa con el logro de Elcano, que dio la primera vuelta al mundo descubriendo archipiélagos como Gubert, Marshall, Marianas... y prosigue con el descubrimiento por parte de Urdaneta del tornaviaje, la ruta de regreso de Filipinas a América más segura y que, además, permitió abrir una línea marítima entre Filipinas y México prolongada desde Acapulco hasta Sevilla y que mantuvo durante más de dos siglos un rico intercambio comercial.
Panamá desde la Isla de Naos, (1789-1794)
Para explicar todos los hitos, la propuesta exhibe retratos de sus protagonistas, armas como el servidor de bombarda (siglos XV y XVI), planos de navegación, de las Filipinas, la Conquista de las Islas Malucas al Rey Felipe III, considerada una de las mejores obras historiográficas del Siglo de Oro español, el Memorial número 8, que anuncia el descubrimiento de Australia de Quirós, cajas de instrumentos de dibujo, armas y adornos corporales de las culturas de Melanesia, Micronesia y Polinesia... Entre todas las piezas, destaca el precioso Compendio Astronómico que realizó Thobias Walker para Felipe II, un conjunto instrumental náutico y topográfico que alberga todo el saber astronómico de la época.
"España es históricamente, por nuestra propia geografía, un país volcado al mar. De hecho, cuando le hemos dado la espalda ha sido cuando peor nos ha ido", explica López Calderón, que reconoce también que ese afán por los descubrimientos está, de alguna manera, presente en el carácter español. Hasta el 2 de febrero, los visitantes podrán conocer a fondo nuestra inmensa historia naval, a menudo reducida en el imaginario popular a la hazaña de Colón, y asistir a un extenso programa de actividades en el que que numerosos expertos e historiadores abordarán el papel de los cronistas de la época, los viajes científicos y la contribución hispánica al conocimiento del Pacífico. Además, se proyectarán largometrajes como Descubridores por la ruta de Balboa y El secreto de Urdaneta y se celebrarán talleres infantiles y cuentacuentos organizados por el museo naval.