La Gran Recesión, cuyas consecuencias todavía se hacen sentir en España, ha llevado a que la figura de Karl Marx (1818-1883) goce de un renovado atractivo, que se ha traducido en un número importante de publicaciones. Ello tiene algo de fenómeno coyuntural, pero responde también al indudable impacto que Marx, casi un desconocido cuando murió, tuvo en la historia del siglo XX. Su paradoja es la de un pensador muy decimonónico, nacido y formado en Alemania, fascinado por las experiencias revolucionarias francesas y que residió en Inglaterra durante su etapa de madurez, dejara su huella en los procesos históricos que se desarrollaron, a partir de 1917, en Rusia, China, Vietnam o Cuba. Ello parece más propio de un profeta que de un filósofo, economista o sociólogo.

¿Fue Marx un profeta? ¿En qué medida contribuyó al surgimiento de los regímenes marxistas totalitarios del siglo XX? ¿Tiene vigencia su pensamiento en el mundo de hoy? Son preguntas cruciales y el lector interesado en ellas dispone de una amplia oferta editorial. En primer lugar, han aparecido recientemente dos biografías excelentes, Karl Marx, de Jonathan Sperber (Galaxia Gutenberg) , publicada en inglés en 2013, y Karl Marx: Ilusión y grandeza, de Gareth Stedman Jones (Taurus, 2018), publicada en inglés en 2016 (que se reseña en otro artículo de este número). Ambas tienen en común su profunda erudición, su narración ágil y la voluntad de situar al personaje en su propia época y mostrar su cambiante e incluso contradictoria actitud ante los problemas políticos e intelectuales del momento, muy lejos de la imagen monolítica que de él se ha solido dar. Stedman Jones contribuye a separar al personaje real de su imagen mítica mediante el singular recurso de llamarlo simplemente Karl y escribir siempre “marxismo” entre comillas. ¿No fue el propio Marx quien dijo alguna vez que él no era marxista?

Jonathan Sperber es un historiador estadounidense especializado en la historia europea del siglo XIX. Sostiene que Marx es una figura de un pasado remoto, el de la filosofía de Hegel, las revoluciones francesas y los inicios de la industrialización británica, que muy poco tiene que ver con el mundo de hoy. La trayectoria vital de Marx no respondió a la entrega a una inmutable visión omnicomprensiva, sino que sus posicionamientos mutaron en función de las polémicas de cada momento y su pensamiento, que nunca desembocó en una síntesis coherente, se resentía de la tensión entre sus componentes hegeliano y positivista.

Fue Friedrich Engels (1820-1895), fiel amigo de Marx y albacea de su legado intelectual, quien sentenció junto a su tumba que, así como Darwin había descubierto las leyes de la vida, Marx había descubierto las leyes de la historia, algo que el interesado nunca había afirmado. Así es que, si bien carecía de la fuerza intelectual de Marx, Engels contribuyó decisivamente a que surgiera el “marxismo”. Por ello es recomendable leer El gentleman comunista: la vida revolucionaria de Friedrich Engels (Anagrama, 2011), la singularmente amena biografía que el historiador británico Tristam Hunt ha dedicado al “gentleman comunista” o al “comunista en levita”, si nos atenemos al título del original inglés, publicado en 2009. Los casos de Engels, empresario textil, aficionado a la buena vida y paladín del comunismo, y del siempre sin dinero Marx, cuyas exigencias pecuniarias a su amigo carecieron a veces de delicadeza, se prestan muy bien a la ironía, pero Hunt nunca la transforma en sarcasmo.

Si de la vida de Marx pasamos a su pensamiento, sobre el que se han escrito infinidad de obras, se puede reseñar el Marx del historiador de la filosofía Johannes Rohbeck (Alianza, 2016), publicado en alemán en 2014. Rohbeck, convencido de que la crítica de Marx al capitalismo mantiene su validez en el mundo de hoy, proporciona en este volumen una introducción a su pensamiento que enfatiza su dimensión ética. Tiene la virtud de la brevedad, pero el lector poco acostumbrado a la terminología filosófica puede quedarse algo perplejo cuando se le dice que Marx, como Nietzsche, intenta llevar a cabo “una transvaloración de los valores”.

Se han reeditado también los textos que algunos de los más relevantes pensadores de la pasada centuria dedicaron al análisis crítico del marxismo. Es el caso de Isaiah Berlin (1909-1997), Joseph Schumpeter (1883-1950) o Karl Popper (1902-1994), todos ellos exponentes de esa brillante intelectualidad centroeuropea a la que las desgracias del siglo XX obligaron a buscar nuevo hogar en tierras más occidentales. La biografía de Marx que Berlin, profesor en Oxford desde la temprana edad de veintitrés años, publicó en 1936 (Karl Marx, recientemente Alianza Editorial acaba de reeditar su versión al castellano) sigue resultando valiosa a día de hoy. Su tesis es que el pensamiento de Marx se basaba en fundamentos metafísicos indemostrables. En una línea similar, Joseph Schumpeter dedicó a Marx un capítulo de su libro Capitalismo, socialismo y democracia, publicado en 1942, capítulo que se publica ahora junto a un artículo sobre el Manifiesto comunista, en un libro titulado simplemente Karl Marx (Página Indómita, 2018). Schumpeter destaca que las predicciones fundamentales de Marx, como la tendencia descendente de la tasa de ganancia de las empresas o la pauperización creciente de los trabajadores, se han demostrado infundadas, pero que el atractivo de su doctrina no se debe al rigor de sus análisis. El marxismo es una religión, es decir, un sistema de fines últimos que dan sentido a la vida, que sin embargo se expresa en los términos científicos o pseudocientíficos imperantes en la era del positivismo, y proporciona la convicción de una ineluctable victoria que conducirá al paraíso en la tierra.

Por su parte, el gran filósofo de la ciencia Karl Popper dedicó al pensamiento de Marx gran parte de su magna obra La sociedad abierta y sus enemigos (Paidós, 2017), publicada en inglés en 1945. Frente a todos los grandes sistemas que pretenden imponer una lógica abstracta del proceso histórico a la multiplicidad de la vida real, Popper apela a nuestra libre voluntad: “Si bien la historia carece de fines, podemos imponérselos, y si bien la historia carece de significado, nosotros podemos dárselo.”

Por último, cabe leer directamente a Marx, pero el problema es que no llegó a escribir ninguna exposición completa de su doctrina. El Manifiesto comunista, de Marx y Engels (Alianza Editorial, 2011), tiene la ventaja de la brevedad, pero ofrece sólo una primera aproximación, mientras que la lectura de El capital. Crítica de la economía política (Siglo XXI, 2017) resulta una empresa harto ardua y ofrece muy poco a la comprensión de los problemas económicos actuales. Así es que lo mejor es recurrir a una buena antología. Recientemente se han publicado en español una breve, Escritos sobre materialismo histórico (Alianza Editorial, 2012), y otra bastante más extensa, Llamando a las puertas de la revolución (Penguin Clásicos, 2017). En ellas el lector encontrará sin duda estímulos para la reflexión.

Cronología

1818 Nace en Tréveris en una familia judía de clase media, hijo de Heinrich Marx y Henrietta Pressburg.

1835 Ingresa en la Universidad de Bonn para cursar estudios de Derecho, pero al año siguiente se traslada a Berlín.

1838 Pierde interés por el Derecho, volcándose en la Filosofía. Ese mismo año muere su padre.

1841 Obtiene el título de Doctor en Filosofía en la Universidad de Jena.

1842 Es jefe de redacción de Rheinische Zeitung, donde expresa su radical visión política y económica. El gobierno prusiano cierra el periódico en 1843.

1843 Se traslada a París, donde conocerá a Friedrich Engels un año más tarde. Se casa con Jenny von Westphalen, con la que tiene cinco hijos.

1845 Obligado a abandonar París se muda a Bruselas, donde formulará su concepción materialista de la historia.

1848 Al calor de los procesos revolucionarios que asolan Europa, publica el Manifiesto Comunista. Expulsado de Bruselas viaja a Colonia.

1849 Es detenido en Colonia por incitar a la rebelión armada y expulsado de los territorios alemanes. Huye a Londres, donde vivirá el resto de sus días.

1851 Durante 11 años será corresponsal del New York Tribune.

1864 Funda en Londres la I Internacional. Inaugura sus reuniones y redacta sus estatutos.

1867 Aparece en Hamburgo el primer volumen de El capital.

1883 Fallece el 14 de marzo, en Londres. Dos años más tarde y en 1894 aparecieron el segundo y el tercer volumen de El capital.