El Cultural

El nacimiento del centauro

El primer Nietzsche

21 junio, 2000 02:00

Mascarilla mortuoria de Nietzsche

Friedrich Nietzsche, 100 años de su muerte

Nietzsche veía en la filología una "gimnasia" del espíritu, pero también un "vampiro" senil que buscaba la sangre fresca de las naturalezas jóvenes

Nada mejor que estas significativas palabras de Cosima Wagner para resumir la precoz aventura intelectual del joven Nietzsche: "Usted ha arrojado la luz más clara sobre dos mundos, uno de los cuales no vemos porque está lejos, y el otro no lo reconocemos porque está muy cerca de nosotros". Una aguda descripción. La inteligente compañera de su pater seraphicus percibía en el contenido de su primer libro, El nacimiento de la tragedia (1872), el nervio de su nueva empresa filológica: entender la antigöedad desde el punto de vista del presente y, al mismo tiempo, entender el presente desde el punto de vista de la antigöedad. Esta perspectiva era lo que el joven filólogo llamaba su tarea intempestiva.
Obviamente, esta posición no se identificaba con los principios ortodoxos de la disciplina. No le faltaba razón al joven Nietzsche cuando, en una carta a su amigo Rohde, le confesaba que ciencia, arte y filosofía crecían tan juntos dentro de él que en todo caso engendraría "centauros". Un pacto monstruoso que tenía como lema estas palabras pronunciadas en su conferencia inaugural de Basilea (1869): philosophia sacta est quae philologia fuit. Guiada por un interés educativo, su "filología del futuro" tenía más que ver con la crítica filosófica que con una aséptica reproducción objetiva del mundo griego. Por eso Nietzsche buscaba nuevos interlocutores. Su primer libro era ya una obra para iniciados, cerrada al "profanum pulgus" de los "cultos", una voz extraña que, expresándose momentáneamente bajo ciertas fórmulas schopenhauerianas, ocultaba un espíritu con necesidades nuevas, carentes aún de nombres. Pronto surgió el escándalo. No de otra manera podía recibirse ese intento filosófico, que traspasaba arrogantemente las frágiles fronteras de la filología clásica y, con la mirada puesta en Wagner, aspiraba a convertirse en crítica de la sociedad y de la cultura de su tiempo.
La institución académica reaccionó de inmediato. El primer ataque vino del prusiano Ulrich von Wilamowitz, más tarde maestro indiscutible de la filología clásica alemana. "Verdaderamente, yo no soy un místico ni un hombre trágico [...] Una cosa exijo, sin embargo: que el señor Nietzsche se atenga a lo que dice, que empuñe el tirso, que vaya de la India a Grecia, pero que baje de la cátedra desde donde debe enseñar la ciencia; que reúna tigres y panteras a sus pies, pero no a la juventud filológica de Alemania, la cual debe aprender a buscar únicamente la verdad".
Dicho brevemente: Nietzsche no buscaba la verdad. éste era el principal reproche de U. Wilamowitz a esa "embriagada" visión a caballo entre la filosofía y la "mala" filología que representaba, desde su sobria sensibilidad de erudito, El nacimiento de la tragedia. Un reproche realmente sintomático. Porque con ese categórico juicio de valor el joven Wilamowitz expresaba significativamente el propio dogmatismo de un discurso histórico, el de la filología académica, que no sólo agotaba el posible terreno fértil que permitía posibilitar una cultura renovadora, sino que, como expresión de un determinado clima cultural confiado en el progreso, obstaculizaba el reconocimiento del propio vacío cultural en el que se hallaba cómodamente instalado.
Desde luego, la "veracidad" de la mirada nietzscheana distaba mucho de ser esa ascética renuncia a toda interferencia subjetiva reivindicada orgullosamente por Wilamowitz. Para su "extravagante" propósito de "medir" la ciencia moderna desde la óptica de la vida, era ya necesario comprender el grado de "injusticia" de esa "objetividad" ajustada a estrictos criterios positivistas. La especulación nietzscheana acerca de la antigöedad era presuntamente "ahistórica" y "estética", porque el sentido de su veracidad había dejado de admitir que la mera adecuación con los hechos pudiera servir de criterio de enjuiciamiento entre las interpretaciones. Esa aspiración a renovar la cultura trágica en el desierto estéril de su fatigado presente comenzaba ya a arrojar lastre y a mirar desde otra altura.

No era de extrañar, por consiguiente, que aquellos que oyesen peor, cuando no con fría indiferencia, este discurso fueran precisamente los filólogos: esos "doctos" abocados en un inútil sacrificio en aras de una "verdad" ajustada a los hechos. "Inútil", claro está, para la vida y para alguien que aseveraba que todo lo que nosotros llamamos cultura, formación, civilización tenía alguna vez que comparecer ante "el infalible juez Dioniso".
Esta nueva sensibilidad advertía nítidamente los límites del espacio en el que habitaba el erudito especializado. Entre ellos, su maestro Ritschl, quien veía con malos ojos que lo filólogos se preocuparan por cuestiones filosóficas. Nietzsche veía en la disciplina filológica una "gimnasia" del espíritu, pero también un "vampiro" senil que buscaba la sangre fresca de las naturalezas jóvenes y llenas de vida. ¿Qué derecho tenía el filólogo para convertirse en educador? ¿No delataba acaso este predominio una "falsa moneda", un domino ilegítimo al servicio de los poderes del presente? Las obras siguientes -las cuatro Consideraciones intempestivas- seguirán desbrozando este incómodo camino de denuncia. ¿Qué aportaba, pues, la filología al joven Nietzsche? Sin duda, una manera minuciosa de interrogar a los textos y una atención al lenguaje que le acompañarán toda su vida. Pero también la percepción de esta disciplina científica como mera "especialidad", la bajeza espiritual del Fachmensch, su impotencia para admirar, su actividad maquinal... Un ascetismo "sin alma" que impedía el cuidado del propio yo y que educaba para ser instrumento de la totalidad social. El "centauro" que comenzaba a anidar en Nietzsche tenía muy presente cómo el desarrollo armónico de la subjetividad implicaba una lucha desgarrada contra la máquina burocrática y su respectivo ascetismo del "deber". Si el filólogo era en ese momento el educador por antonomasia, era por ofrecer el modelo de una actividad monótona extraordinaria al servicio de la máquina estatal. Esta sociedad disciplinada sólo podía ver como un "monstruo" toda amenaza improductiva. De ahí que la imagen del centauro sea tremendamente expresiva de esta situación. Ahora bien, el joven filólogo no se sentía en absoluto "culpable" por esta "monstruosa" escisión entre filosofía y filología. Es más, reclamaba su legítimo derecho, frente a esta filología "momificada" y estéril, a inyectar en la aridez científica la sangre de presente, de la vida. He aquí su gran mérito, su gran coraje: en lugar de ceder a la hostilidad y acoplarse al juicio de valor de un tiempo que juzgaba su existencia como "monstruosa", más parecida a un centauro que a un filólogo decente, pretendía profundizar en esta presunta "irresponsabilidad". El gesto por el que abandonaba la casa de los doctos, dando un portazo, anuncia un gesto nuevo: el del nuevo intelectual crítico del siglo veinte. Nietzsche comenzaba a derribar los obstáculos que le impedían dirigir la mirada hacia sí mismo. Si era un "centauro", no era culpa suya, sino de la existencia enferma de una filología anquilosada.
El nacimiento de la tragedia fue mi primera transmutación de todos los valores". Con estas palabras definía retrospectivamente Nietzsche su primera gran obra filosófica. A la luz de lo dicho, tal vez se pueda comprender el sentido de dicha transmutación. Mientras que para el espíritu científico de Wilamowitz, El nacimiento de la tragedia representaba el peligroso riesgo irracionalista de una "pseudo-filología" ilusoria, para Nietzsche el "peligro" que acechaba su horizonte cultural era imperceptible desde la soberana luz de la ciencia. Y en verdad, en cierta medida, también la crítica de Wilamowitz era desmesurada. Sus advertencias frente a ese poder peligroso, grotescamente descomunal, identificado con lo dionisíaco y el tono sarcástico de su crítica pasaban por alto el problema de la frialdad que esa mirada diferente, pese a sus arrebatos Sturm und Drang, introducía en dicho escrito. Estos aires gélidos no eran sino la consecuencia más evidente de que se necesitaban nuevas preguntas. La "veracidad" nietzscheana no pretendía en ningún momento liberar a Dioniso de la racionalidad socrática, sino fundamentalmente poner en tela de juicio el derecho del espíritu intolerante y "anti-dionisíaco" del Sócrates dialéctico a seguir juzgando y desterrando la tragedia a ese "secreto inframundo" donde permanecía encadenada. Por ese motivo, la nueva figura del Sócrates cultivador de la música representaba mucho mejor la propia posición nietzscheana que esa caricatura orgiástica y virulenta descrita por Wilamowitz. La incomprensión de éste ante Nietzsche era, en el fondo, la misma de Sócrates ante Dioniso. No es extraño que el pensamiento tuviera ahora otros enemigos todavía más insidiosos, peligros nuevos. "El hombre culto ha degenerado hasta el punto de convertirse en el mayor enemigo de la cultura, porque prefiere ignorar voluntariamente la enfermedad general, cerrando el paso a los médicos". Se equivocaba, pues, Wilamowitz al no apreciar al particular compromiso con la "veracidad" que bajo el juicio a la filología clásica de su tiempo proponía el joven Nietzsche. Los "doctos" eran estériles, "fríos", meros espectadores de los pensamientos de los otros, buenos "relojes" y buenos trabajadores, pero el joven Nietzsche era demasiado ardiente y estaba hambriento de vida. Reclamaba una nueva frontera, unos nuevos límites, un nuevo termómetro de la modernidad. Este elevado horizonte trágico desde el que comenzaba a interrogar a nuestra cultura no habría en ningún momento de ser abandonado en lo sucesivo. La filosofía tenía que ser capaz de desplazar nuestra perspectiva habitual. Una mirada fría y, a la vez, distante del mundo, que estaba ya lejos, pero no por haber alcanzado un espacio desde el que juzgar a la vida definitivamente, sino por hacerse cargo ya de la imposibilidad de colocarse fuera de ella para poder juzgarla.
Como decía en una bella anotación póstuma: "Quisiera abordar el problema del valor del conocimiento como un ángel frío que atraviesa toda la miseria con su mirada. Sin maldad, pero sin sentimiento".

CRONOLOGIA

1844. Nace el 15 de octubre Friedrich Wilhelm Nietzsche en Rücken (Alemania). Dos años más tarde nace su hermana Elisabeth, quien daría una lectura sin matices a toda su obra tras su muerte.
1850. Tras la muerte de su padre, el pastor Karl Ludwig, la familia se traslada a Naumburg, donde Nietzsche realiza sus estudios primarios y secundarios. Es un joven tímido y muy religioso.
1859. Es internado en Phorta, donde cursa secundaria. Comienza a leer a Schopenhauer, su gran influencia, y el Quijote.
1864. Ingresa en la Universidad de Bonn, donde estudia teología y filología clásica. Fascinado por Schumann, alquila un piano y compone música.
1865. Estudia filología clásica en Leipzig. Abandona el cristianismo.
1868. Conoce a Richard Wagner, a cuya música "se convierte". Un año más tarde obtiene una cátedra de filología en la universidad de Basilea sin ser aún doctor.
1872. Publica su primera obra, El nacimiento de la tragedia. Esto le enfrentó a los filósofos más académicos. Sus alumnos dejan de ir a sus clases por considerarlo un profesor poco apto.
1873. Aparece la primera de las Consideraciones intempestivas.
1878. Publica Humano, demasiado humano, a la vez que rompe su amistad con Wagner.
1881. Edita Aurora. Pensamiento sobre los prejuicios morales.
1882. Aparece La gaya ciencia. n 1883. Redacta Así habló Zaratustra, que será publicado por partes. Conoce a Lou von Salomé.
1886-1887. Publica Más allá del bien y del mal y La genealogía de la moral.
1888. Escribe El crepúsculo de los ídolos, El Anticristo, Ecce Homo, El caso Wagner, y Nietzsche contra Wagner. Vive enTurín y comienzan los primeros síntomas de locura.
1889. Es internado en una clínica suiza y más tarde en un psiquiátrico en Jena.
1897. Es trasladado a Weimar.
Deja de reconocer a la gente.
1900. Muere en Weimar, el 25 de agosto, a causa de una apoplejía.

CRONOLOGIA

1844. Nace el 15 de octubre Friedrich Wilhelm Nietzsche en Rücken (Alemania). Dos años más tarde nace su hermana Elisabeth, quien daría una lectura sin matices a toda su obra tras su muerte.

1850. Tras la muerte de su padre, el pastor Karl Ludwig, la familia se traslada a Naumburg, donde Nietzsche realiza sus estudios primarios y secundarios. Es un joven tímido y muy religioso.

1859. Es internado en Phorta, donde cursa secundaria. Comienza a leer a Schopenhauer, su gran influencia, y el Quijote.

1864. Ingresa en la Universidad de Bonn, donde estudia teología y filología clásica. Fascinado por Schumann, alquila un piano y compone música.

1865. Estudia filología clásica en Leipzig. Abandona el cristianismo.

1868. Conoce a Richard Wagner, a cuya música "se convierte". Un año más tarde obtiene una cátedra de filología en la universidad de Basilea sin ser aún doctor.

1872. Publica su primera obra, El nacimiento de la tragedia. Esto le enfrentó a los filósofos más académicos. Sus alumnos dejan de ir a sus clases por considerarlo un profesor poco apto.

1873. Aparece la primera de las Consideraciones intempestivas.

1878. Publica Humano, demasiado humano, a la vez que rompe su amistad con Wagner.

1881. Edita Aurora. Pensamiento sobre los prejuicios morales.

1882. Aparece La gaya ciencia. n 1883. Redacta Así habló Zaratustra, que será publicado por partes. Conoce a Lou von Salomé.

1886-1887. Publica Más allá del bien y del mal y La genealogía de la moral.

1888. Escribe El crepúsculo de los ídolos, El Anticristo, Ecce Homo, El caso Wagner, y Nietzsche contra Wagner. Vive enTurín y comienzan los primeros síntomas de locura.

1889. Es internado en una clínica suiza y más tarde en un psiquiátrico en Jena.

1897. Es trasladado a Weimar.

Deja de reconocer a la gente.

1900. Muere en Weimar, el 25 de agosto, a causa de una apoplejía.