Muguruza, con el título de Wimbledon.

Muguruza, con el título de Wimbledon. Matthew Childs Reuters

Tenis Wimbledon

La metamorfosis emocional de Muguruza: de finalista en 2015 a campeona en 2017

La española ha trabajado su autocontrol para gestionar mejor los sentimientos fuera de la pista, lo que le ha permitido beneficiarse dentro de ella.

Londres (enviado especial)

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Simplificar. Simplificar. Simplificar. Desde su primer partido en Wimbledon hasta la conquista del título, Garbiñe Muguruza repite constantemente una palabra que tiene mucho peso en la victoria más importante de su carrera. A los 23 años, y tras verse inmersa en un proceso de aprendizaje rapidísimo, la jugadora que levanta el trofeo el sábado ante Venus Williams tiene poco que ver con la que pierde esa misma copa en 2015 contra su hermana Serena. ¿Por qué?

“Me siento feliz porque han sido dos semanas difíciles”, explicó Muguruza nada más entrar en la sala de prensa, donde recibe el aplauso de los periodistas. “Suena muy típico, pero realmente son partidos de tensión, viniendo además de un Grand Slam en el que me hubiese gustado avanzar más. Al llegar aquí quería hacerlo bien, me sentía jugando bien, cosa que es muy importante. Quería demostrar que me sentía bien jugando, que tenía ganas de ganar en la pista para que hablase mi raqueta”, prosiguió, diciendo palabras frías que hablan de un trabajo bien hecho, pero nada más. “Estoy contenta porque al final he ganado. Es muy raro”.

Muguruza ha crecido desde el hermetismo de las emociones. La campeona de dos grandes, que apareció en el circuito como una tenista espontánea y divertida, ha ido perdiendo campechanía con el paso del tiempo. Ahora, la española es una jugadora que calcula cada movimiento, que mide lo que hace y que valora 10 veces las consecuencias de sus pasos. Este Wimbledon, por ejemplo, Garbiñe fue sumando victorias que apenas celebró, cuando dos años atrás terminó por los suelos al clasificarse para la final (venciendo a Agnieszka Radwanska). Ni siquiera ganar el título el sábado, lo más parecido a estar en el pináculo del deporte, fue suficiente para que su corazón tomase el mando de la situación.

Lágrimas de impotencia

Hace unas semanas, la derrota de octavos de final de Roland Garros contra la francesa Mladenovic terminó de completar la distancia que Muguruza ha abierto con su parte más sentimental. La española lloró después de aquel encuentro. Fueron lágrimas de impotencia tras verse cara a cara contra una pista entera, a los constantes abucheos del público, a sus burlas reiteradas y a la victoria de su contraria, que puso fin a la defensa del título a la que Garbiñe se enfrentaba, cerrando también sus días más difíciles como profesional.

“Siempre es muy difícil porque vienes de tanta emoción… luego baja y tienes que empezar de cero”, avisó Muguruza sobre la resaca de un gran título, lo que le ocurrió tras conquistar Roland Garros en 2016. Intentaré tenerlo en mi mente, pero pasar página lo antes posible no es fácil después de ganar un Grand Slam. De repente, ir a jugar torneos y sentir que tienes que jugar igual de bien. Ese fue un error. Pensé que iba a jugar así todo el año. Es muy difícil encontrarte jugando bien, con confianza y sentirte fuerte todo el año. Voy a intentar estar calmada y no esperar que voy a jugar así para no frustrarme”.