Delbonis celebra la consecución de la Copa Davis.

Delbonis celebra la consecución de la Copa Davis.

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Federico Delbonis: "La gente me da las gracias como si los hubiera salvado del fin del mundo"

El argentino, que ganó el punto decisivo en la final de la Copa Davis ante Croacia, repasa en esta entrevista con EL ESPAÑOL las consecuencias del histórico triunfo de su país.

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Además de ser el jugador que pasará a la historia por haber dado a Argentina el punto decisivo en la conquista de la primera Copa Davis de su historia, Federico Delbonis (Azul, Argentina; 1990) es una persona inteligente, con un discurso profundo e interesante.


En su encuentro con EL ESPAÑOL, en el restaurante de jugadores del Abierto de Australia, Delbonis habla de la conquista de la Ensaladera con emoción, y es lógico porque apenas hace un mes y medio desde que terminó la eliminatoria que cambió la historia del deporte en Argentina para siempre.


El número 43 mundial, sin embargo, no ha perdido el norte. Pese a haber sido el encargado de derrotar a Ivo Karlovic en el quinto encuentro de la serie, poniendo fin a una maldición de toda la vida, Delbonis habla con naturalidad y cercanía, dos cualidades que se pierden cuando el humano se transforma en un dios.


¿Cuántas veces ha visto repetido el último punto de la final?


10 o 15, quizás más. Pasaron tres segundos desde que gané hasta que todo el equipo se me tiró encima. Por mi cabeza pasó una película a toda velocidad, desde que empecé a jugar al tenis hasta ese momento: cuando era pequeño, mis primeros puntos, mi primer título… si me pongo a pensarlo ahora mismo me cuesta recordarlo.


¿Cómo se lo va a explicar a su hija?


No me gusta alardear, será algo natural. A mi hija, que va a la guardería, le preguntan los otros niños e incluso los padres por lo que ocurrió. Es muy pequeña para entender nada todavía, pero el día de mañana me preguntará seguro qué es lo que pasó. Cuando la gente viene a felicitarme o cuando me hacen una entrevista, ella no sabe por qué ocurre.


Se habrá cansado de hacer entrevistas…


Y a las que tuve que decir que no (risas). Podría estar todo el día dando entrevistas… Lo siento por la gente a la que no pude atender, lo más bonito habría sido poder hacer una rueda de prensa, que sí se hizo en mi ciudad. Hay gente que puede sentir que no quise sentarme con ellos, pero necesitaba tiempo para mí, unas vacaciones. Tuve que retrasarlas por todos los compromisos que hicimos tras ganar. El cuerpo me pedía recargar pilas y entrenar. Y eso es lo que he hecho.

Los jugadores de Argentina celebran la Copa Davis.

Los jugadores de Argentina celebran la Copa Davis. Reuters


Tras la victoria, Azul se echó a la calle para recibirle como a un héroe. ¿Lo olvidará?


Nunca, es imposible. Fue increíble. Le soy sincero: nosotros llegamos el martes a Buenos Aires, tuvimos que ir a saludar al presidente y por la noche celebramos la Davis en privado. Yo tenía todo planificado para irme de vacaciones el martes, lo cambié al miércoles y me dijeron que la gente de Azul tenía ganas de verme, de celebrarlo. Lo hablé con Del Potro y me sugirió que no desaprovechase la oportunidad. Con el apoyo de mi mujer, tomé la decisión de hacerlo y me fui el miércoles por la mañana hacia allí.


Hoy se lo contaba a un amigo. Desde la entrada de Azul hasta el ayuntamiento, que están separados por una distancia de unos cinco kilómetros, tardé en llegar dos horas. ¡Dos horas en recorrer cinco kilómetros! Y durante todo el camino había gente apoyando, animando y felicitándome.

Desde la entrada de Azul hasta el ayuntamiento, que están separados por una distancia de unos cinco kilómetros, tardé en llegar dos horas.


Vuelva al vestuario, justo antes de saltar a jugar el quinto partido.


Estaba eufórico, pero era consciente del desafío que tenía por delante. Estaba muy contento por lo que había conseguido Del Potro. Veía muy complicado el partido, casi perdido. Cilic estaba sólido y Juan Martín agarrotado, atado. En el tercer set, cuando ganó ese punto haciendo un Gran Willy, algo hizo clic. El capitán se dio cuenta de la situación y trató de hacernos entender que la victoria de Del Potro era buenísima, pero que sin mi partido no valía para nada.


¡Cómo restaba usted! ¡Parecía Nadal en sus mejores tardes!


La táctica no era esa ni mucho menos. Únicamente quería estar concentrado en cada saque, lo conseguí y eso me quitó presión al resto. Karlovic se fue poniendo nervioso porque le estaba restando más saques de lo normal y tenía que hacer otras cosas a las que no está acostumbrado. Empezó a forzar un poco más con su servicio: más segundos saques, más dobles faltas… Yo seguía tranquilo y me repetía que mi único objetivo era no concederle opciones con mi servicio. Ahí sí que habría estado muy perdido y lo tenía claro. Sabía que en algún momento tendría mi oportunidad. Todos los partidos que jugué con Karlovic fueron muy duros, pero en ninguno me marché sin tener ocasiones de ganar.


¿Qué puede decir de Del Potro?


Venía de una lesión importante, todos lo sabíamos y todos le apoyamos. Él era el primero que quería ganar la Copa Davis, el primero que sufría. De hecho, ahora dice que puede dormir tranquilo. Del Potro se sacrificó porque nunca en la vida había jugado los tres días y quiso hacerlo. Juan Martín se debía a la Davis a sí mismo, pero también a la gente. En Mar del Plata tuvimos la desgracia de perderla en 2008 con todo a favor. Hablando claro, estaba todo preparado para celebrar la victoria.

Del Potro se debía a la Davis a sí mismo, pero también a la gente.


En parte, ¿ganaron porque ahora se llevan bien y no se pelean los unos con los otros?


Lo más importante es que los jugadores nos respetamos entre nosotros. Eso se empezó a lograr más allá de la etapa de Orsanic. Lo más importante es que cada cual se respete, no solo como personas, también en las decisiones que pueda tomar cada uno. Tratamos de ser muy equitativos en todo eso.

Delbonis mete un punto en la Copa Davis.

Delbonis mete un punto en la Copa Davis.


Un grupo de cuatro o cinco jugadores es complicado. Durante todo el año estamos solos, entrenando a un horario, jugando a la consola, durmiendo la siesta… El cuerpo técnico fue muy listo en ese sentido para tratar de que todos pudiéramos estar cómodos, en beneficio del equipo. Teníamos claro, hasta Del Potro lo tenía claro, que nadie puede ganar la Copa Davis en solitario, y está más que comprobado. Es imposible, hasta Murray necesitó a su hermano para ganarla.


Y luego se van dando las cosas. Jugamos todas las eliminatorias como visitantes, a ninguna llegamos como favoritos y las ganamos todas. Más allá del resultado, queremos dejar un legado: en Argentina hemos conseguido aparcar los individualismos en el tenis para ser un equipo de verdad.


¿Ya ha bajado a la tierra?


Sí y está bien bajar un poco a la tierra para volver a hacer lo que toca. Fue muy bonito lo que pasamos y algunas veces se echa de menos esa sensación. Quedará para la historia, en nuestros recuerdos y en los de todo el país.


¿Le ha cambiado la vida?


No. Tengo el reconocimiento de mucha más gente, pero mi vida no va a cambiar por haber ganado la Copa Davis. Sigo haciendo lo mismo que antes. Cambian algunas cosas, eso es cierto. Por ejemplo, la forma que tiene la gente de mirarme. La gente cree que soy un héroe. Me paran por la calle para darme las gracias una y otra vez y muchas veces se me pone la piel de gallina. La gente me da las gracias como si los hubiera salvado del fin del mundo. En muchas ocasiones no sé que responder. ¿Qué voy a decir? Gracias a ellos por estar ahí apoyando.

La gente me da las gracias como si los hubiera salvado del fin del mundo.


Fue una situación límite. Sabíamos perfectamente lo que significaba la Copa Davis para Argentina, con la cantidad de jugadores que habíamos tenido y todas las finales perdidas. Lo teníamos en la cabeza, pero no queríamos prestar atención a eso. Fuimos a jugar y yo estaba feliz por el simple hecho de formar parte del equipo. No sabía si jugaría, si me llegaría mi momento. Eso también me ayudó a quitarme la presión.


¿La prensa en Argentina les presionó demasiado después de perder las cuatro primeras finales seguidas?


Hay un negocio tras todo eso. A mucha gente le conviene que haya polémica, que siga esa polémica. Yo no me puedo enredar en eso, aunque sé que personas dañinas hay en todos los ámbitos de la vida. En Argentina somos muy fanáticos, como se puede ver con nuestra afición, en los campos de fútbol…


Las cosas en Argentina adquieren una magnitud increíble. Si llegamos a perder la final de la Copa Davis seríamos los peores del mundo, lo teníamos clarísimo. Habría sido un fracaso sin importar que Croacia era favorita. Eso es lo que sentimos nosotros, la diferencia entre ser ídolos o villanos es minúscula. Nuestro país es así y hay que convivir con ello.

Si llegamos a perder la final de la Copa Davis seríamos los peores del mundo


¿Y ahora qué pasa con la Davis?


No pasa nada, vamos a seguir jugándola. El compromiso de todos nosotros está, luego veremos el calendario de cada uno y las posibles lesiones que puedan aparecer. Del Potro no va a jugar la siguiente eliminatoria por problemas obvios, de cara a prepararse. Lógicamente, la euforia de la primera vez no vamos a volver a tenerla nunca, ¿pero qué puede haber más bonito que volver a ganar la Davis?

Delbonis celebra un punto.

Delbonis celebra un punto. EFE