Iris Tió, en acción.

Iris Tió, en acción. EFE

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Iris Tió, 23 años: "Mi madre toca el violín y mi padre el clarinete, estudiaron juntos en Londres"

La catalana es la gran esperanza de presente y futuro para la natación sincronizada española.

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El nombre de Iris Tió resuena con fuerza en la élite de la natación artística mundial. La joven deportista española ha cautivado a jueces y aficionados con una sensibilidad especial dentro del agua, una elegancia natural que parece llevar impresa en su ADN.

Sin embargo, detrás de las medallas, las exigentes coreografías y el éxito internacional, se esconde una fascinante historia familiar profundamente arraigada en el arte y las melodías. La piscina es su escenario, pero su ritmo vital comenzó a forjarse en un hogar donde el silencio rara vez tenía cabida.

Para entender la plasticidad y el oído privilegiado de la nadadora barcelonesa, es imprescindible viajar a sus raíces y conocer el ambiente en el que creció.

En una entrevista concedida al Diario de Mallorca en 2024, Iris desgranó con cariño los detalles de una infancia atípica, marcada por partituras y ensayos constantes. "Mis padres se dedican a la música clásica. Mi abuela, a la experimental", resumió la atleta, dejando claro que su destino siempre estuvo ligado al arte, aunque ella decidiera reinterpretarlo a su manera y llevarlo al ámbito deportivo.

El romance de sus progenitores es, en sí mismo, una historia puramente musical. La pasión por los instrumentos no solo definió sus respectivas carreras profesionales, sino que también fue el nexo fundamental que unió a la familia. Recordando aquellos orígenes y la formación de sus padres, Iris explicó al diario balear: "Mis padres se conocieron en Torroella de Montgrí, en un curso de música de verano. Y después se fueron a estudiar juntos al conservatorio en Londres. Mi madre toca el violín, y mi padre, el clarinete".

Criarse entre virtuosos garantizó que la música clásica fuera la banda sonora diaria de su niñez. Ese entorno refinó su sensibilidad artística de forma inconsciente, dotándola de una capacidad innata para sentir e interpretar las piezas musicales que hoy acompañan sus exigentes rutinas acuáticas. No obstante, la férrea disciplina clásica exigía un estatismo que chocaba frontalmente con la desbordante vitalidad de la pequeña Iris.

Como era lógico en una familia de músicos, el primer instinto fue intentar que la niña siguiera los pasos de sus padres y su abuela. Ella lo intentó de corazón, pero su cuerpo le pedía otra forma de expresión mucho más activa.

Así relató su experiencia y el gran punto de inflexión que cambió su vida para siempre: "Yo desde pequeña los escuchaba en casa. Así que también me interesé, y lo probé todo. El violín, el clarinete, incluso el canto o el piano, porque mi abuela también daba clases. Pero me aburría. Tenía que estar quieta. Y yo necesitaba movimiento. Era una niña con mucha energía. También me encantaba estar dentro del agua. Y descubrí la sincro".

Ese descubrimiento fue la pieza que completó el rompecabezas de su vida. La natación artística le ofreció la plataforma perfecta para fusionar la profunda herencia musical de su familia con su irrefrenable necesidad de movimiento.

Hoy, Iris Tió no toca el violín ni el clarinete, pero compone auténticas obras maestras con su cuerpo cada vez que se sumerge. Su historia vital es el ejemplo perfecto de cómo el talento heredado puede encontrar su propio cauce, demostrando al mundo entero que, a veces, la mejor forma de honrar la tradición familiar no es tocando un instrumento, sino convirtiéndose en la propia melodía bajo el agua.