Ricardo Tirloni celebra su victoria contra Wasabi.

Ricardo Tirloni celebra su victoria contra Wasabi.

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Fight Club Slam, las artes marciales mixtas y ¿el comienzo de algo nuevo?

La promotora celebra su primera velada de MMA y kick boxing en la Cubierta de Leganés (Madrid) con éxito de público (unos 4.500 espectadores). Tiene previsto celebrar otros siete eventos de deportes de contacto en Madrid. EL ESPAÑOL estuvo presente en el coso taurino. 

Leganés

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Este cronista podría recitar nombres, resultados o peleas. Podría hacerlo, por qué no, la profesión, enseñan en la facultad, consiste en eso, en contar lo que pasa. Pero no tendría ningún sentido centrarse en los combates. Eso, en realidad, fue lo de menos para el público menos ducho en la materia. En Leganés nació, quizás, algo nuevo. Sólo el tiempo lo dirá. A estas alturas, obviamente, es difícil de anticipar. Los fenómenos, al fin y al cabo, nacen un día por casualidad y se extienden sin razones aparentes. Sin embargo, en este caso, las hay. El advenimiento de las Artes Marciales Mixtas (MMA, por sus siglas en inglés) podría llegar envuelto en la figura de un tipo cualquiera, un vecino de Sevilla que peleó en la UFC, principal promotora del mundo de este deporte, y estudió para ser profesor. Enrique Marín, Wasabi para los amigos, fue el cabeza de cartel de la velada en la Cubierta, el tipo al que más se aplaudió (con permiso, sobre todo, del local Jesús Montero) y el que puede conseguir que la explosión culmine a pesar de su derrota.

 


Con independencia del resultado de su combate (cayó contra Ricardo Tirloni por KO), su estética y la de su deporte acompañan. Los productos deportivos, a menudo, necesitan de un icono, alguien que sobresalga, y de un cierto componente divino, de suerte. Lo primero se cumple: las Artes Marciales Mixtas han elegido a Wasabi como su Moisés en España. Él es el tipo que ha abierto camino y el que lo sigue haciendo -ya decimos, a pesar de su derrota-. Respecto a lo segundo, el advenimiento de Connor McGregor a nivel mundial (y su combate contra Mayweather) podría quedar como el origen de todo.


Esos dos factores, unidos en el tiempo, han hecho el resto. El interés existe. En Leganés, en el coso taurino, sin toros ni olés, alrededor de 4.500 personas (media entrada, pues había capacidad para 9.000) se reunieron para ver la velada de MMA y kick boxing organizada por Fight Club Slam. Un evento que no miró el bolsillo. La promotora eligió un lugar emblemático del sur de Madrid para presentarse en sociedad, la Cubierta de Leganés, e invitó a España a algunos de los mejores luchadores del momento.


Si a esos ingredientes se les condimenta con entradas baratas (a 12 euros) y un aperitivo (un Dj para amenizar la velada hasta el inicio de los combates), el espectáculo está servido. Por eso, precisamente, nadie se quejó ante el retraso de las peleas (estaba previsto que comenzaran a las 8 y lo hicieron a las 9) y el disfrute, para qué engañarnos, llegó envuelto entre momentos de éxtasis (como el vivido por Edye Ruiz bajo el techo del coso taurino) y la decepción de Jesús Montero. El local, que creció siendo guardia de seguridad en la Cubierta y viendo a Castillejo celebrar Mundiales de boxeo, siempre soñó con un momento así. Con comparecer en su ciudad, ante su público y alzar los brazos. Sin embargo, no lo pudo hacer. Poco importa. El dolor de la derrota, a veces, llega precedido del subidón. Para caer, siempre, hay que llegar a lo más alto. Y él lo hizo.


A partir de ahí, Fight Club Slam dilucidará en el próximo año si se convierte en la principal promotora española de deportes de contacto (o no). Ha celebrado su primera velada y tiene la intención de hacer otras siete (una cada dos meses). Con inversión, ubicación (la Cubierta es el lugar idóneo), un patrocinio (a partir de enero) y luchadores. La incógnita es si responderá el público. Ellos piensan que sí. “Los deportes de contacto son los más vistos del mundo”, afirmaban el viernes. Y así es. Está por ver si lo terminan de ser en España, si la explosión llega. Sólo el tiempo lo dirá. El aperitivo supo bien, aunque, cierto es, la derrota de Wasabi no dejó el mejor regusto.