Marc Márquez, con rostro de concentración en el box de Ducati durante el GP de Brasil.

Marc Márquez, con rostro de concentración en el box de Ducati durante el GP de Brasil. Reuters

MotoGP

La crisis de Marc Márquez en Ducati en tres claves: las secuelas físicas, sin velocidad y una renovación aún en el aire

El vigente campeón reconoció tras el GP de Brasil que aún no va cómodo en la moto y que en este inicio de temporada complicado, tanto Ducati como él necesitan mejorar.

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No hace tanto, apenas cuatro meses, cada vez que Marc Márquez se subía a su Ducati el resultado parecía previsible: o ganaba o peleaba hasta la bandera a cuadros. Sin embargo, el inicio de la nueva temporada está mostrando una realidad completamente diferente.

El presente del nueve veces campeón del mundo dista mucho de aquel piloto que hasta hace nada ha estado desafiando las leyes de la física en cada curva. El curso en el que debe defender el Mundial está siendo, de momento, una cuesta empinada con más dudas que certezas.

A tenor de lo visto en el GP de Brasil donde el ilerdense ganó la sprint y terminí cuarto el domingo, hay tres claves explican el bache más serio desde que está en la Ducati oficial: las secuelas físicas, la pérdida de velocidad y una renovación de contrato que sigue sin concretarse.

Por todos es sabido que a Marc Márquez le sobran agallas, pero su cuerpo ya no es el mismo. En Mandalika sufrió una caída que provocó la fractura en el coracoides, en la base del hombro derecho, a la vez que se rompía los ligamentos acromioclaviculares. El tratamiento conservador no funcionó y el piloto tuvo que pasar por quirófano.

Se perdió el desenlace que él ya había dejado visto para sentencia, aunque esa lesión sigue más presente de lo que le gustaría al español.

Ducati lo fichó precisamente por su capacidad de hacer la diferencia incluso en situaciones adversas, pero el propio piloto reconoce que hay limitaciones que todavía condicionan su rendimiento.

Tras Brasil, preguntado sobre qué le faltó para terminar en el podio, Marc Márquez no dudó en explicarlo: "Velocidad. Estamos en MotoGP. Si no hay velocidad, te falta un poquito más. El puntito de velocidad que teníamos nosotros el año pasado, ahora lo tiene Aprilia", admitía con una sonrisa amarga. 

El diagnóstico está claro: falta velocidad punta, aunque no parece que sea en sus manos, sino en la Ducati. Y es que la realidad es que el de Cervera se encuentra con un diseño que, aunque estable, no le permite explotar su estilo tan incisivo.

La nueva Desmosedici GP26 ha ganado en control, pero ha perdido ese nervio que enamoró a los pilotos más agresivos del paddock. El equilibrio entre la electrónica y el feeling con el tren delantero sigue sin convencerle.

A pesar de que los ingenieros de Borgo Panigale trabajan a contrarreloj para encontrar una configuración que se sienta a su estilo, las soluciones inmediatas parecen lejanas. 

La otra gran incógnita es su futuro. El contrato con Ducati expira al final de esta temporada, y de momento no hay anuncio oficial de renovación. Las reuniones entre ambas partes han sido frecuentes, pero el acuerdo no termina de cerrarse.

Marc Márquez, durante el GP de Brasil.

Marc Márquez, durante el GP de Brasil. EFE

Cada vez que se le pregunta por el tema, Márquez tira de humor para esquivar la presión mediática. "¿Ganas de que se anuncien oficialmente los fichajes? No. Si no, ¿de qué vais a hablar los periodistas?", bromeaba entre risas en el paddock de Losail.

Sin embargo, cuando la pregunta apunta directamente a su propio contrato, la sonrisa se transforma en evasiva: "No lo sé. (Sonríe). No está cerrado. Si no se anunciaría. Si estuviera cerrado del todo se anunciaría".

¿Hay caso Márquez?

Ducati no quiere precipitarse: sabe que Márquez sigue siendo un activo mediático enorme, pero también que los resultados no acompañan. La marca valorará las próximas carreras antes de mover ficha definitiva. Por su parte, el ilerdense mantiene la calma

Mientras tanto, el paddock observa con atención. El caso Márquez se ha convertido en uno de los temas más comentados en el paddock. Su legado está a salvo, pero su presente le enfrenta a una batalla distinta: no contra rivales concretos, sino contra el tiempo, la evolución técnica y su propio físico.

El de Cervera sigue siendo ese competidor feroz que no acepta el papel de actor secundario. Cada fin de semana se le ve llegar al box con la misma concentración que en sus años gloriosos, buscando dentro de sí cómo sacar el mayor rendimiento a una Desmosedici GP26 que, por el momento, no está a la altura del campeón.