Jon Rahm durante las semifinales del Mundial Match Play.

Jon Rahm durante las semifinales del Mundial Match Play. Erich Schlegel Reuters

Golf

Jon Rahm lleva al nº1 del mundo al límite en el Mundial Match Play

El jugador vasco aguantó a Dustin Johnson en la final hasta el mismísimo hoyo 18.

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Y cuando despertó, Dustín todavía estaba allí. Fue un sueño, sí, un sueño que por momentos se tornó en pesadilla para Jon Rahm. Un sueño que estuvo a un golpe de hacerse realidad pero en el golf un centímetro cuenta y los greenes dan más puñaladas que Maky Navaja. Y, hay que decirlo, Dustin Johnson es un monstruo.

No se puede decir que Johnson no sea un justo ganador. Lo fue, sin duda. Pero también hay que decir que ante sí tenía a un novato que pagó el precio de serlo en los nueve primeros hoyos. En ese tramo ni siquiera la manida figura del manojo de nervios nos sirve. Rahm estuvo desconocido. En ese territorio donde había aplastado a sus rivales, naufragó, fue un arrantzale a merced de la marea de buenos golpes que generaba Johnson.

Jon solo aguantó firme los dos primeros hoyos. De ahí hasta el ocho, los golpes de mar fueron cayendo sobre su frágil barco hasta casi hundirlo. En el ocho estaba cinco abajo. Aquella ola de mal juego parecía que se lo iba a tragar y mandarlo a las profundidades de la derrota. Pero no, el nueve marca el punto de inflexión y en el 10 ya está solo tres abajo. Dos hoyos más tarde, en el 12, vuelve la marea y lo sepulta debajo de un pesado cuatro. Cuatro abajo y siete hoyos por jugar.

Pero Jon es de Barrica y en esa zona el Cantábrico pega duro así que si quieres peces, además de mojarte el culo, (con perdón) tienes que remar como si no hubiera un mañana. Así que, proa al viento, remo, digo… drive en mano se va directo al green del 13 volando sobre las aguas del Colorado. Vuelve al tres abajo. Par en el 14 y en el 15, el namber guan falla el put: ya solo son dos. Dustin no tuerce el morro, confía. El es el veterano y ya se sabe, la veteranía es un grado.

Pero, ¡ay amigo! llega el 16 y hay que arriar la mayor no sea que el viento favorable nos arrastre. Jon se queda lejos del hoyo y se masca la tragedia, aquí se puede acabar esta travesía. Pero con la mayor al pairo, Rahm saca el catalejo y enchufa un put que levanta una ola, esta vez de estupor en los espectadores americanos. Quedan dos hoyos y hay vida. Par en el 17 para los dos y a buscar puerto en el 18. El que mejor atraque se lleva al gato al agua.

En el tee del 18 hay un tipo grande y fuerte con un palo largo en la mano. Ha pensado que el que no se arriesga no cruza la mar. No es Acab ni allí hay ballenas que arponear pero ese drive se parece mucho a un venablo y Jon lo empuña como si fuera el timón que conduce a puerto. Se pasa de green y fondea en un registro. Hay alivio. Dustin juega hierro a calle y desde allí un wedge a green. Se queda corto. Y ahí está la oportunidad para seguir navegando. 

Jon dropa sin penalidad y se apresta a asestar el golpe de gracia, un aproach y dejarla dada par birdie. Pero ese verde y traicionero mar que es el green la para. La bola no corona para alcanzar la bajada hasta la bandera. Adiós a la ventaja: par, par y Dustin se lleva el pez gordo.

Esa es la historia de un chico de Barrica llamado a hacer historia en el golf español. Nervios, sí, garra, también, ¿juego? impresionante. Jon se defendió hasta el final con un pundonor digno de mejor suerte pero en golf, además de la suerte, que juega, influyen los vientos, el terreno, la arena, las banderas y, finalmente, el swing de cada quien. En esta ocasión, Jon puso el sueño y Dustin la cruda realidad. Bravo por los dos y un aplauso grande para Barrica, uno de sus hijos, que es uno de los nuestros, esta llamado a hacer de sus sueños una bella historia de golf.