Severiano Ballesteros y Tiger Woods.

Severiano Ballesteros y Tiger Woods.

Golf

Tiger y Seve, espalda con espalda

Te descubrimos las muchas similitudes entre las carreras de dos de los mejores golfistas de la historia. Sus inicios fueron precoces y los últimos años de ambos han estado teñidos por los claroscuros.

En 1975, año del nacimiento de Eldrick Woods, mundialmente conocido como Tiger Woods, Severiano Ballesteros, con 18 años, ya había ganado el campeonato de España sub 25 por segunda vez y era el jugador número 26 del ránking mundial. En muchas cosas, en la precocidad, por ejemplo, Tiger y Seve se parecen. Ambos fueron dos estrellas precoces y fulgurantes y los dos, con distinta influencia, padecieron lesiones de espalda. Tiger aún se recupera de ellas después de tres intervenciones quirúrgicas.

A Seve no le retiró la espalda en un primer momento, pero es cierto que a partir de esas dolencias su juego se resintió gravemente y ya nunca fue el que había sido en el pasado. ¿Es ese el futuro que le espera a Tiger? Nadie lo sabe hoy pero, por si acaso, veamos cómo sus historias comparten triunfos, cuitas y decepciones.

Después de una exitosa carrera que incluye tres Abiertos Británicos, dos chaquetas verdes en Augusta, cinco Campeonatos del Mundo Match Play, seis Órdenes de Mérito del circuito europeo, nueve títulos de la PGA y 50 del Tour Europeo, además de cinco participaciones en la Ryder Cup, Seve se retiró en el verano de 2007, a los 51 años. Tres años antes, en 2004, se había separado de su mujer, Carmen Botín. Hubo rumores, nunca confirmados, de infidelidades pero, por lo poco que se sabe, fue él quien tomo la decisión. Nada que ver con la separación de Tiger (2009), ésta sí debida a las relaciones extramatrimoniales del golfista.

El último gran triunfo de Seve fue en el 89. Ese año ganó el Masters europeo y recibió el Príncipe de Asturias de los Deportes coincidiendo con personajes de la talla del arquitecto brasileño Óscar Niemeyer (Artes) Stephen Hawking (Concordia) o Mijail Gorbachov (Cooperación). Y si de premios hablamos, no podemos olvidar el Nóbel de Camilo José Cela de ese mismo año, aunque la única vinculación del escritor con el deporte de Seve fueran unas becas a jugadores federados que daba la universidad madrileña que lleva su nombre.

A partir de esa fecha, 1989, el juego de Ballesteros fue decayendo progresivamente hasta que, a finales de los 90, ya sólo jugaba de manera esporádica. Sus últimos chispazos de buen juego en el ámbito internacional aparecieron en el Masters de Augusta del 90 en el que fue séptimo y en el Abierto Británico del 91, donde fue noveno, casualmente en el mismo campo en el que debutó en el 72 para quedar segundo: el Royal Birkdale Golf Club, en Southport, a unos 75 kilómetros al norte de Liverpool.

En España, su último gran triunfo se produjo en el Open de España de 1995, en el club de Campo de Madrid, el mismo año en el que participó, por última vez como jugador, en el equipo europeo de la Ryder. Reapareció en el Open de Madrid de 2005 que ganó el francés Raphaël Jacquelin, un buen amigo de Chema Olazábal. Dos años después, en 2007, decidió retirarse incapaz de recuperarse de sus dolencias físicas.

Severiano Ballesteros en la Ryder Cup de 1989.

Severiano Ballesteros en la Ryder Cup de 1989. Bob Martin Getty Images

Auge y caída del Tigre

Tiger también comenzó muy joven. De hecho, es el más joven en ganar un Masters de Augusta, trofeo que consiguió en el 97 con 21 años sacándole nada menos que 12 golpes al segundo, Tom Kite, que a esas alturas era ya un ilustre veterano del PGA Tour. Woods fue inmisericorde con el “abuelo” Kite (48 años), dejándole segundo por tercera vez en su carrera. En su descargo, hay que decir que no tuvo suerte, ya que perdió con los más grandes: Seve en el 83 y Nicklaus en el 86.

Tiger era entonces una máquina de hacer birdies. Iba largo, larguísimo desde el tee y con los hierros en calle y era preciso como un reloj atómico en los golpes a green o con el put. Su resultado final, -18, era estratosférico. Dejaba atrás a fenómenos como Ben Hogan, -14 en el 53; Jack Nicklaus y Raymond Floyd, -17 en el 65 y el 76 respectivamente. Después de eso, sólo se acercaron a ese marcador él mismo, en el 2001, y Phil Mickelson en 2010, con -16. Hasta hoy, sólo un jugador se ha atrevido a desafiar esa cifra aunque sin superarla. Casualmente, otro jovenzuelo, Jordan Spieth, en la edición de 2015, cuando aún no había cumplido los 22.

Eso era en otros tiempos. Desde que la brutal aceleración de su swing terminara por afectar a su espalda, el Tigre dio un salto, pero hacia atrás. Su juego se resintió y los buenos resultados empezaron a huir de su tarjeta. Pero en ese decaimiento de resultados, seguramente tuvo algo que ver también la parte anímica del juego.

Su último fogonazo fue en 2008, año en el que se proclamó campeón del U.S. Open. A partir de ahí, aunque siguió peleando en la parte de arriba de la tabla, sus mejores registros no pasaron de un tercer puesto en el Open Británico de 2012 y un cuarto en el Masters de Augusta de 2013. El mismo puesto de 2011, año en el que no jugó ni el Abierto Británico ni el U.S. Open y no pasó el corte en el Campeonato de la PGA.

No obstante, aún tuvo fuerzas para jugar cinco torneos en 2013 y ganar tres de ellos: el Farmers, el Memorial y el Arnold Palmer Invitational. Eso le aupó al primer puesto de la Fedex Cup y de la clasificación mundial, desalojando de ese lugar a Rory McIlroy. A partir de ahí, el golf le volvió la espalda, nunca mejor dicho, y el mayor depredador del golf pasó de tigre a hormiga. O sea que, a trancas y barrancas, caminó por esos campos, ahora del diablo para él, y terminó dejando los palos y la bolsa en agosto de 2015. Regresó en diciembre de 2016 después de 446 días fuera de la competición official.

Tiger Woods en el Omega Dubai Desert Classic de 2017.

Tiger Woods en el Omega Dubai Desert Classic de 2017. Ross Kinnaird Getty Images

Seve se fue con 51 años, Tiger tiene ahora 42. Tal vez sea pronto para irse, pero los síntomas no parecen anunciar una pronta recuperación a corto plazo y sus resultados no son halagüeños si miramos a un futuro más lejano. Algunos especialistas, y en Estados Unidos a fe que hay muchos, no lo ven nada claro, y ya aparecen las dudas en algunos prestigiosos medios de comunicación.

Dudas en el horizonte para Woods

A juicio de quien esto escribe, la duda es hoy la mayor certeza sobre el juego de Tiger. Simónides, un poeta griego, ya dijo hace 2.500 años que “no se puede saber hoy de qué estará hecho el día de mañana”. Hay que estar de acuerdo. Pero lo cierto es que, viendo el juego de Woods y su actitud en el campo, dudar no es lo más insensato. Hay varios factores: ya no tiene 20 años, no va tan largo, sus tiros a green son ciertamente imprecisos y el put no parece que sea su mejor aliado a pesar de que, en esa suerte, la espalda, su peor enemigo, no influye tanto.

Claro que Tiger ha de ser seguidor de Ibsen, no digo de su teatro, sino de su rotunda afirmación: “Si dudas de ti mismo, estás vencido de antemano”. Porque él, a pesar de que sabe que su físico no es ya el que era, no duda de sus posibilidades y quiere reverdecer los laureles que adornaron su frente en el pasado.

Volvió en el Hero World Challenge de Bahamas en diciembre de 2016 tras muchas dudas. Después de anunciar su regreso, renunció primero al Safeway en octubre y luego al Turkish Airlines en noviembre. Después, llegó una segunda jornada esperanzadora en Bahamas. Hizo 65 golpes y terminó con tarjeta de - 4, decimoquinto a catorce golpes del ganador, el japonés Matsuyama. No le quedó ni el consuelo de hacer la mejor vuelta del torneo, y que Buba Watson marcó 63 también en la segunda jornada.

No parece que 2017 haya empezado mejor. En el Farmer Insurance Open, el escenario del triunfo de Jon Rahm, no pasó el corte: 76 y 72 para +4 y en el Omega Dubai Desert Classic, donde se impuso Sergio García, se retiró tras hacer 77 golpes en la primera jornada. La razón: dolores de espalda, según las crónicas.

Fue la espalda la responsable del declive de Seve en los 90. Ahora, 20 años después, la espalda de Woods parece estar marcando un claro declive del gran jugador que fue este tigre, hoy de garras menguadas. No queremos ser malos, pero los síntomas parecen haber empequeñecido al felino. Lo que deseamos de verdad es que regrese ese jugador que daba espectáculo cada vez que pisaba un tee, y no digamos un green. ¿Volverá el Tigre? Hay dudas, pero como ya dijera Voltaire: “Dudar vale más que estar seguro”. Lo único seguro es que el golf no es lo mismo con un tigre que con un gato montés, por muy fiero que sea éste.