Umtiti celebra el gol de Francia.

Umtiti celebra el gol de Francia. Reuters

Mundial

Un cabezazo de Umtiti clasifica a Francia para la final del Mundial

El central del Barcelona anotó el único gol del encuentro y dio el billete al conjunto galo, que se impuso a Bélgica (0-1). 

Francia, obviamente, juega como colectivo, pero se sostiene en tres individualidades. Una en ataque (Mbappé), otra en el centro del campo (Kanté) y otra en la zaga (Umtiti). O, si quieren sumar otra más, hablen de Varane. O, si me apuran, también añadan a Griezmann, aunque no esté siendo determinante. Ellos son la base de un conjunto que ha ido avanzando poco a poco, sin deslumbrar, y que ha llegado en su mejor momento a la fase más importante del torneo. En semifinales, aunque por la mínima, sacudió a Bélgica, la revelación, con la misma receta de siempre: seguridad defensiva, solidaridad y pegada [narración y estadísticas:1-0].

Con ese único gol, los galos firmaron la clasificación. Pero los fuegos artificiales no esperaron al correr de los minutos. El fútbol, encabezado por un cartel envidiable, quiso disfrutar de la primera semifinal del Mundial desde el primer minuto. Y las selecciones, sin exigencias, respondieron con ocasiones. Por un lado y por el otro. Matuidi empezó el tiroteó para los franceses. Y, después, le acompañaron Varane y Giroud, que estuvo a punto de anotar el primero con un cabezazo que se marchó cerca de la meta de Courtois. Pero el portero, una vez más, se erigió en héroe y dejó que De Bruyne, de media vuelta, creara peligro en el área gala con un disparo a la media vuelta que encontró las manos de Lloris.

Y, con ese ritmo y esa cantidad de ocasiones, el primero y único gol del partido no tardó en llegar: Griezmann se la puso en la cabeza a Umtiti y el central del Barcelona remató el balón al fondo de las mallas. Y, aunque quedaba mucho partido, el partido quedó finiquitado en ese momento. ¿Por qué? Porque Francia, segura y compacta en defensa, no cedió terreno. Concedió alguna ocasión, pero ninguna que pusiera en peligro su victoria. 

Así, la intensidad belga creció, pero no con la intensidad requerida. De Bruyne, Lukaku... Lo intentaron todos. Pero ninguno consiguió batir a Lloris. O apareció el portero o los defensas. El balón no quiso entrar. De hecho, no lo hizo. El partido terminó sin más goles y con Mbappé haciendo de las suyas. Que si un pase de tacón, que si una internada por la banda... y adiós. Deschamps, por segundo torneo consecutivo, mete a Francia en la final de un gran torneo. Lo hizo en la Eurocopa, donde perdió contra Portugal, y lo ha vuelto a hacer en el Mundial. Y esto, para una selección como la gala -con una generación recién salida del horno-, es un pasito tan solo hacia la eternidad. Le quedan muchos, pero todo pasa por levantar la Copa del Mundo el próximo domingo ante Croacia o Inglaterra