Leo Messi, decepcionado tras caer contra Croacia.

Leo Messi, decepcionado tras caer contra Croacia. Reuters

Mundial

La decepcionante Argentina de Messi se acerca al abismo de la eliminación en el Mundial

  • La albiceleste necesitará un milagro para clasificarse a octavos tras caer contra Croacia (0-3). Rebic, Modric y Rakitic marcaron los dos goles de la victoria. 
  • El error garrafal de Willy Caballero

Argentina, durante los próximas horas –y hasta que se confirme la debacle–, prosperará sus días entre insultos, elucubraciones sobre el abismo de la última jornada y maldiciones a los ilustres. ¡Y no es para menos! La selección de Sampaoli, tras su derrota contra Croacia (0-3), lo ve negro. Muy negro. Mira al precipicio y se ve caer, intenta mantenerse en el alambre, pero observa la oscuridad del pozo con fruición. Sigue con vida. Ay, pero qué vida. Después del fallo garrafal de Caballero, de su regalo, y de los goles de Rakitic y Modric, a ver quién se rehace, quién cree en algo, quién se ve con posibilidades. Parece imposible. La albiceleste quedó muerta tras el partido, con los brazos en jarra y la mirada perdida. El adiós de Messi está más cerca, es casi real, es un batacazo sin parangón [narración y estadísticas: 0-3].

Sampaoli: "La responsabilidad es mía"

Quién lo iba a pensar. Argentina, ay, Argentina. Era favorita, tenía (tiene) al mejor jugador del mundo, un bloque compacto, un entrenador presuntamente respetable… Y, sin embargo, volvió a caer. O, realmente, nuca estuvo de pie. Jugó mal, muy mal, durante los 90 minutos. Ni siquiera Messi, el todopoderoso Messi, apareció para dañar a la defensa croata. Él no pudo tirar del carro y tampoco lo hizo Agüero. Realmente, nadie, absolutamente nadie. Ni los defensas, desacertados; ni los medios, incapaces de trenzar una jugada; ni los de arriba, totalmente desaparecidos.

El drama es total y absoluto. Pero, posiblemente, sea lógico desde el punto de vista futbolístico. Sampaoli, antes del partido, optó por dejar en el banquillo nada más y nada menos que a tres jugadores que valen su peso en oro: Higuaín, Dybala y Di María. Todos serían titulares en cualquier selección. Pues bien, no lo fueron en Argentina. Inexplicable para cualquiera. Dos de ellos tuvieron su oportunidad en la segunda mitad y crearon más que cualquiera de sus antecesores. Pero, entonces, ya era tarde. Mucho. Demasiado. 

Cuando llegaron los refuerzos, la batalla ya había capitulado. ¿El primer responsable? Willy Caballero. El portero argentino intentó picar la pelota delante de Rebic y se la dejó en bandeja. ¿Y qué hizo el delantero croata? Reventar la pelota y marcar al primero. Entonces, caras mustias, miradas serias y mucha preocupación. Y, después, la debacle más absoluta. Luka Modric, desde fuera del área, la empalmó para meterla en la escuadra. La guinda, justo después, la puso Rakitic, que hizo el tercero y definitivo.

¿Y Messi? Ni se le ve ni se le espera. Falló un penalti contra Islandia y pidió perdón. La redención la tenía que ofrecer contra Croacia. Pero no apareció. No lo hizo en la primera mitad, en la que apenas si consiguió trenzar dos pases junto al Kun Agüero en punta, y tampoco en la segunda. Argentina esperaba que Leo tirara del carro, que hiciera lo mismo que Cristiano Ronaldo –que, por cierto, lleva cuatro goles y es ‘Pichichi’ del campeonato–, pero no lo hizo. No pudo, no fue capaz o, simplemente, se vio superado por las circunstancias. Lo que sea. Lo pagó, en todos los casos, la albiceleste, que no encontró un faro sobre el que articular su juego y sus sensaciones. 

 

Ahora, le tocará rezar. Puede que a Maradona o quizás a Dios. O, incluso, a Messi. A quién quieran. Las oraciones irán dirigidas a terceros. De primeras, esperara que Islandia no gane a Nigeria y, posteriormente, que, en el último partido, Croacia haga el favor de batir al mismo equipo. A partir de ahí, le toca ganar, al menos, un partido. No se puede aspirar a estar en octavos sin sumar tres puntos, anotando tan solo un gol –hasta el momento– y con ese juego. Sobre todo, con ese juego.