Ancelotti, en un partido del Bayern de Múnich en Bundesliga.

Ancelotti, en un partido del Bayern de Múnich en Bundesliga. REUTERS

Fútbol Internacional FULMINADO EN EL BAYERN TRAS LA GOLEADA EN PARÍS

Carlo Ancelotti y la lenta agonía hacia el fracaso

El técnico italiano es despedido por segunda vez consecutiva: acabó mal en el Real Madrid y ahora repite final en el Bayern de Múnich.

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Cuando Florentino Pérez despidió a Carlo Ancelotti como entrenador del Real Madrid en 2015 lo argumentó por la creencia de que era "el momento de dar un nuevo impulso". Meses más tarde, en la Asamblea de Socios compromisarios, el presidente blanco añadió que "nuestro afán de superación permanente no permite sitio para la autocomplacencia". Estaba reflejando a la perfección lo que sufren los equipos con el técnico italiano y el motivo por el que prescinden de 'Carletto'.

A Florentino, por tal decisión, le llovió una lluvia de críticas al creer que estaba cometiendo un gran error echando a Ancelotti. El tiempo ha dado la razón al presidente, que arriesgó con un movimiento impopular pero a la larga beneficioso. El Madrid es hoy doblemente campeón de Europa tras haber apostado por aquello que Florentino siempre quiso y que Ancelotti taponó en su último año: inconformismo, competitividad, autoexigencia, superación o autocrítica.

Carlo Ancelotti fue destituido este jueves como entrenador del Bayern de Múnich por, oficialmente, "no responder a las expectativas desde el comienzo de temporada". La traducción refleja los males que han llevado a tal decisión: el arranque en la Bundesliga ha sido pésimo (son terceros en un torneo fácil de ganar, después de perder un partido y empatar otro en un total de seis), la goleada humillante en París (3-0 vs PSG) y la mala relación que venía teniendo con sus jugadores.

Múnich acabó 'devorándole'

Esto último es lo más sorprendente teniendo en cuenta el historial de Ancelotti, cuyo éxito se basaba en el control del vestuario a través de un gran ambiente con sus futbolistas. Era uno de los entrenadores que mejor sabía llevar un vestuario con tantos egos y que mejor recuerdo dejaba en sus jugadores.

Ancelotti, este mismo jueves, día de su destitución.

Ancelotti, este mismo jueves, día de su destitución. EFE

Nunca antes el Bayern había destituido a un entrenador en el mes de septiembre. El club alemán tenía, últimamente, tradición de aguantar entrenadores: el último al que echó fue a Van Gaal en abril de 2011. Pero la paciencia se acabó con Ancelotti, que no cuajó en ningún momento en Múnich, donde ganó la Bundesliga por inercia (su máximo rival fue el Leipzig y lleva cinco años consecutivos conquistándola) pero cayó en cuartos de Champions ante el Real Madrid y en semifinales de Copa ante el Dortmund

"No voy a responder", contestó Arjen Robben este miércoles tras el descalabro en París cuando le preguntaron si todos los jugadores del Bayern apoyaban a Ancelotti. El holandés fue uno de los que sigue en la plantilla a pesar el paso de los años, al igual que Ribery, cabreado en alguna que otra ocasión con Carlo por cambiarle antes de tiempo. ¿El método del italiano? Siempre tener contento al jugador. Al partido siguiente le puso de titular. Esa posible tensión en el vestuario se une a la fría relación que tuvo Ancelotti con la directiva del Bayern.

Tampoco la planificación deportiva es que haya sido buena. Ancelotti dejó salir a Renato Sanches al Swansea y a Douglas Costa a la Juventus. Con el segundo no contó, a pesar de su capacidad para desequilibrar partidos, en beneficio de su 'protegido' Ribery. 

Las dos caras de Ancelotti

El tropiezo en Alemania se añade al último en el Madrid, donde si bien ganó la Champions (y la Copa) en su primer año, la segunda la terminó muy mal, quedándose en blanco cuando no tenía equipo para ello. La carrera de 'Carletto' ha tenido dos caras: eficaz en Champions, desastre en las ligas.

Ancelotti es un técnico que tiene tres Copas de Europa pero también es el entrenador que ha ganado solo cuatro Ligas en 20 años a pesar de entrenar a equipos que eran favoritos para conseguir el título. Con un Milan legendario (aquél que aglutinó a jugadores como Dida, Cafú, Nesta, Maldini, Gattuso, Pirlo, Seedorf, Kaká, Shevchenko, Inzaghi...) consiguió una sola Serie A (de ocho). Las otras llegaron con el Chelsea (Premier League), PSG (Ligue 1) y Bayern (Bundesliga).

Ancelotti, en una rueda de prensa con el Bayern.

Ancelotti, en una rueda de prensa con el Bayern. REUTERS

Si bien es verdad que ganó dos Champions con los italianos (2003, por penaltis ante la Juventus y sin ganar, en tiempo reglamentario, cuatro de los últimos cinco partidos; y 2007, ante un Liverpool en horas bajas), también su nombre quedará asociado a la remontada más espectacular vista en una final de Champions, aquella en la que el también Liverpool levantó un 3-0 al descanso. Un año antes, en cuartos, el Deportivo de La Coruña ya le había remontado un 4-1 (4-0 en Riazor) y nueve años después cerca estuvo de repetir 'hazaña' con el Madrid en Dortmund (perdió 2-0 y se limitó a esperar desde la banda que el conjunto alemán no marcara el tercero, que empataba la eliminatoria).

La Décima, el inicio de la agonía

En el Madrid hizo su trabajo a la perfección... en su primer año. Llegó en un momento de mucha división y sacó un sobresaliente en aquello que siempre mejor se le dio: el trato con los jugadores y el día a día en el vestuario. Pacificó a un equipo muy revuelto y eso le valió para un buen doblete. Jugadores tenía, como su antecesor Mourinho, para hacer grandes cosas y, a diferencia del portugués, él si supo dar con la tecla. También se encontró con otros componentes a favor: se enfrentó al peor Barcelona de la última década y ganó sus títulos con dos acciones individuales muy marcadas: la carrera de Bale en Mestalla y el cabezazo de Ramos en Lisboa.

Precisamente la Décima Copa de Europa de los blancos fue el inicio de la lenta agonía de Ancelotti hasta su actual situación. Una vez pacificado el vestuario, se le vieron las carencias en su figura como entrenador propiamente dicho. Cuando el Madrid necesitó algo más, su técnico no se lo dio. Su herencia fue la de un vestuario otra vez por encima del bien y del mal, una autocomplaciencia peligrosa y un estado físico lamentable.

Así como su primer año siempre quedará en la historia, la segunda temporada quedará como la del 4-0 en el Calderón o la del bochornoso 3-4 ante el Schalke 04 en el Bernabéu. También en el que celebró la eliminación copera ante el Atlético, asegurando también que estaba todo controlado. Sus opiniones chocaron con la realidad. El Madrid perdió todos los partidos clave y acabó agotado física y mentalmente.

Rummenigge (i), Hoeness (c) y Ancelotti (i).

Rummenigge (i), Hoeness (c) y Ancelotti (i). EFE

De trato exquisito, siempre se llevó bien con ese entorno, prensa incluida, que muchas veces sustentan a personas en el fútbol. En el plano personal nadie habla mal de él, pero con eso al final no se gana. De ahí también consiguió su buena fama. En Madrid no acabó del todo bien. Atacó a Florentino en una ocasión ("en el Bayern tengo un presidente que fue jugador y comprende mejor qué pasa") y se le vio especialmente activo en la eliminatoria europea, con ganas de amargar la existencia a su exequipo.

Técnico previsible, muy lejos de cualquier improvisación, no se recuerda encuentro que cambiara por las decisiones del técnico italiano (quizá la final de Lisboa, aunque acabó decidida por el gol de Ramos), que en Múnich ha vivido la peor experiencia desde que empezara a despuntar en los banquillos allá por los primeros años del siglo XXI. Era entonces un entrenador por descubrir. Hoy ya se sabe todo de él.

En el Bayern perdió aquello que siempre le sostuvo en otros equipos: la buena relación con los jugadores. Sin eso, quedó a la deriva y a expensas de una directiva alemana más exigente que los últimos años. Tras sus tropiezos en Bundesliga y la goleada en París, Ancelotti fue despedido. Le quedará reflexionar y pensar si no debe mejorar en las cosas en las que lleva fallando años. Volverá. Y será justo. Un entrenador con tres Copas de Europa no merece estar en el paro.