Grada de ultras rusos durante un partido de la selección nacional.

Grada de ultras rusos durante un partido de la selección nacional. Reuters

Fútbol Internacional

Ratas de gimnasio y padres de familia: así son los ultras rusos que amenazan la Copa Confederaciones

La Fiscalía de Marsella definió sus métodos como "paramilitares" y "ultra violentos", después de que mandasen a decenas de ingleses al hospital en la Eurocopa del pasado verano. Este sábado arranca la Copa Confederaciones y los ultras rusos juegan en casa.

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“A la nueva generación de ultras no le gustan las drogas ni el alcohol, son todos ratas de gimnasio, con tatuajes de temática nacionalista o religiosa”, afirma Elena Bykova, productora de la película ‘Okolofutbol’, inspirada en la vida de un ultra moscovita.

El perfil medio del hooligan ruso ya no es el de un simple ‘gopnik’, macarra de clase baja, sino que hay muchos padres de clase acomodada, de vida familiar ordenada pero atraídos por la violencia en general y los deportes de contacto en particular. Sobre todo las artes marciales mixtas, una disciplina popular en el país gracias al presidente Putin, gran aficionado, amigo personal de algunos luchadores y que se deja caer por las gradas en los combates por los títulos mundiales.

"Son diferentes, casi paramilitares, están bien entrenados para operaciones ultra violentas y muy rápidas", así los describió la Fiscalía de Marsella, después de que protagonizasen graves incidentes en la ciudad durante la Eurocopa del pasado verano.


La 'blitzkireg' de la lucha callejera


Pese a su brutalidad, la violencia de los ultras rusos atiende a unas normas básicas: no atacar a aficionados comunes -solo a otros ultras-, no emborracharse, no usar armas y no vestir distintivos del país para confundirse entre la multitud al dispersarse. Golpear y replegarse, la blitzkrieg (guerra relámpago) de la lucha callejera.

“200 profesionales dimos un repaso a 2.000 amateurs”, alardeó uno tras los disturbios de Marsella, que dejaron decenas de ingleses heridos. A la Eurocopa acudieron grupos de distintos equipos, los Orel Butchers, del Lokomotiv de Moscú, o los Gladiator Firm 96, del Spartak, bandas enemigas dentro de Rusia, que se citan para batirse en descampados de las afueras, pero que cuando juega la selección hacen frente común para salir a la caza de hooligans. A Francia, por cierto, viajaron vía España, que tiene una política de visados menos estricta. Volaron de Moscú a Barcelona y de allí en autobús a Marsella.


La Copa Confederaciones que arranca el sábado es la primera gran cita de selecciones tras esa Eurocopa y los ultras rusos juegan esta vez en casa, un aperitivo a solo 12 meses del Mundial.

“Todos estamos ya esperando el Mundial, nuestro objetivo principal son los ingleses, ancestros del movimiento ultra: os estamos esperando, os vamos a patear”, advierte un ultra del Spartak de Moscú en un reciente documental de la BBC.

Aficionado ruso junto a una bandera de ‘Kosovo es Serbia’ y otra de la ‘República Popular de Donest’.

Aficionado ruso junto a una bandera de ‘Kosovo es Serbia’ y otra de la ‘República Popular de Donest’. Reuters

Simpatía por su causa en círculos de poder


De cara a la FIFA, el Kremlin se esfuerza por combatir esta violencia, se han endurecido algunas leyes y realizado detenciones puntuales, pero al mismo tiempo se resiste a deslegitimar públicamente a estos grupos, que de hecho cuentan con la simpatía de algunos círculos de poder por su filiación ultranacionalista.

“La Policía francesa está más acostumbrada a los desfiles gais y se vio superada por nuestros chicos”, celebró por ejemplo Vladimir Markin, portavoz del Comité de Investigación Central. El propio Putin ironizó sobre los disturbios de Marsella, preguntándose “cómo pudieron 200 rusos batir a 10.000 ingleses”.

Aquellos cientos de hooligans que la liaron en Francia fueron recibidos como héroes a su regreso a Rusia, literalmente ovacionados en la terminal de llegadas del aeropuerto de Moscú.

El más elocuente entonces fue Igor Lebedev, diputado de la Duma por el nacionalista Partido Liberal Demócrata, y con cargo en la Federación nacional de Fútbol: “Los chavales defendieron el honor del país y no permitieron a los ingleses profanar su patria, debemos entenderles. Bien hecho, muchachos, duro con ello”. La profanación de la que habla Lebedev, la chispa que encendió la batalla en Marsella, fueron al parecer unos cánticos jocosos sobre la tenista rusa María Sharapova.


Al final, resume Serguéi Medvedev, profesor del Instituto de Economía de Moscú, los aficionados rusos en estos torneos “son como la política exterior de nuestro Gobierno, nunca vamos a ganar el partido, pero golpeamos a unos cuantos, nos hacemos los valientes y al menos conseguimos que todo el mundo hable de nosotros”.