Griezmann y los jugadores del Atlético celebran la Europa League.

Griezmann y los jugadores del Atlético celebran la Europa League. Reuters

Europa League

La década prodigiosa del Atlético de Madrid

El Atlético fue el ‘pupas’, el amigo que nunca ligaba –o al que le daban calabazas a última hora de la noche–, el que siempre vivía en el alambre, el que había bajado a Segunda con un buen equipo, el que caía simpático pero no atemorizaba, el que –más allá del Doblete– naufragaba año tras año. Sí, ese era el Atlético –que apunten los nuevos–. Pero sólo hasta 2010. A partir de entonces, primero con Quique Sánchez Flores en el banquillo y después con Simeone –con Manzano entremedias–, el conjunto rojiblanco ha conseguido desterrar todos esos tópicos. Ahora, “gana, gana y gana”, como pregonaba Luis Aragonés. Y cuando no lo hace, compite. En la Champions, en la Europa League contra el Olympique (0-3) o donde sea.

“Cuando estás fuera y ves la progresión del club, notas que te toman en serio y que las cosas se están haciendo muy bien”, reconocía Fernando Torres, hace una semana, en el media day organizado por el club. Y Gabi lo secundaba: “Hemos desarrollado una forma de trabajar y de hacer las cosas con Simeone que da sus frutos”. ¿El resultado? Siete títulos en 10 años. Tres Europa League (2009/10, 2011/12 y 2017/18), dos Supercopas de Europa (2010 y 2012), una Liga (2013/14) y una Copa del Rey (2012/13).

Esa época prodigiosa la comenzó Quique Sánchez Flores. Con él, el Atlético ganó su primera Europa League en el año 2010. Después, vino Gregorio Manzano y, tras un mal inicio de temporada, apareció Simeone como remiendo. El club apostó por el Cholo y le salió bien: acabó el curso ganando la Europa League con dos goles de Falcao y otro de Diego contra el Athletic de Marcelo Bielsa. “Entonces se empezó a gestar algo importante”, reconoció el argentino en la rueda de prensa previa al partido contra el Olympique. Y así fue.

Después, llegó una Copa del Rey –nada más y nada menos que contra el Madrid–, dos Supercopas de Europa, una Liga –tras sacar un empate con un cabezazo de Godín en el Camp Nou– y esta última Europa League –el primer título de Fernando Torres como rojiblanco–. Esa es la cosecha. ¿La pena? Las dos finales de Champions perdidas contra el Real Madrid en Lisboa –con un gol en el minuto 93 de Sergio Ramos que forzó la prórroga– y en Milán –con una pena máxima fallada por Juanfran en la tanda de penaltis–.

Este es el balance y el palmarés. Por eso, Simeone es sagrado. Se puede compartir su estilo, sus maneras, sus formas o su juego. Puede caer peor o mejor. Es posible, incluso, que alguien, durante estos años, se haya visto en la tentación de pedir su cese. Pero, definitivamente, y temporada tras temporada, el Cholo ha vuelto –con títulos o sin ellos– a salir por la puerta grande del Calderón. Y ahora, lo seguirá haciendo en el Metropolitano.

Pero lo mejor parece estar por llegar. Simeone tiene un año más de contrato con el Atlético de Madrid. Es decir, si no renueva, terminará su etapa como entrenador la próxima temporada, cuando se disputa la final de la Champions League en el Wanda Metropolitano. Y ese es su objetivo, tratar de levantar el título maldito en casa. Por eso se queda. Y por eso, esta Europa League no debería ser el cierre a una década prodigiosa, sino el último estertor de un futuro aún más halagüeño a corto plazo.