Agüero celebra un gol ante el Mónaco.

Agüero celebra un gol ante el Mónaco. EFE

Champions League

La locura llegó a Manchester: el City se 'emborrachó' un poco más que el Mónaco

En el mejor partido de lo que va de temporada, el equipo de Guardiola vence al de Jardim (5-3) en un encuentro loco, emocionante y casi esperpéntico.

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Cuando ustedes tengan dudas de explicar la razón por la que les gusta el fútbol no utilicen las palabras. No habrá mejor argumentación que la de poner el partido Manchester City - Mónaco de ida de octavos de Champions. Pónganse el encuentro una vez, también dos e incluso tres. O cinco. O diez. No se cansarán. Será lo mejor que hayan visto en el fútbol en años. Es difícil que encuentren algo tan sumamente bueno, por su locura, por sus goles y por su ritmo. [Narración y estadísticas: Manchester City 5-3 Mónaco]

Manchester City y Mónaco protagonizaron el mejor partido de la temporada, de eso no hay duda, y seguramente de muchos años. Lo que pasó en el Etihad solo tiene explicación por la locura que algunas veces aporta el fútbol. Se dejó de lado la táctica (Guardiola y Jardim quedaron anulados) y se dio rienda suelta al corazón, al desorden, a hacer lo que quisiera cada uno. Era todo una locura en la que había de todo: goles (hubo 8), amarillas (el español Mateu Lahoz casi sacó una por jugador), penaltis, otros no pitados, defensas desastrosas, dos 9 que se reivindicaron (Agüero y Falcao)... Al final todo desembocó en un 5-3 inexplicable.

Ganó el City porque soportó mejor los golpes y acabó llevándoselo a su terreno. Ganó porque esta vez fue más efectivo, porque la moneda le salió cara y porque sus corazones latieron más. En fútbol, no se diferenció mucho del Mónaco. Ambos jugaron a la nada, a lo que pasara, a resistir y vencer en el esperpento. Finalmente lo consiguió el City y Guardiola no podrá alegar que fue de la manera en la que quiso. Porque a lo que jugó su equipo nada se parece a lo que él siempre ha propugnado.

El partido sirvió para recuperar ante el foco europeo a dos delanteros descomunales venidos a menos últimamente, uno por su poco rendimiento y el otro por las lesiones, que se cebaron con él. Agüero y Falcao, dos exatléticos, que se lucieron en el Etihad. Ambos fueron más 9 que nunca, marcaron dos goles y movilizaron a sus equipos.

Guardiola, además, resistió a un colectivo arbitral, íntegramente español, que le sacó de quicio. Primero al no pitar Mateu Lahoz un penalti a Agüero (amarilla por tirarse) que hubiera cambiado el partido. Entonces iban 1-1, goles de Sterling y Falcao, y el partido ya cogía trance de partido histórico. Cinco minutos después de ese penalti no pitado, marcó el jovencísimo Mbappé, debutante en Champions, y con el 1-2 se fue el encuentro al descanso.

Pero si ya estaba caliente el técnico catalán, más lo estaría cuando justo al empezar la segunda parte, Gil Manzano, que actuaba en Manchester como árbitro de fondo (los que están al lado de la portería), señaló un penalti de Stones sobre Falcao. Con esa jugada se acabó por liar, con un City desquiciado. Ayudó a que no fuera a más el fallo del colombiano en el penalti, el único borrón de un Radamel que se coronó en Champions, pero que su actuación quedará más olvidada por el resultado final. 

Falcao.

Falcao. EFE

Después de un fallo de Subatic a disparo de Agüero que propició el 2-2, otra vez Falcao se inventó una jugada espectacular, cogiendo el balón fuera del área, entrando al mismo, regateando, y definiendo con una preciosa vaselina. Otra vez por delante el Mónaco en un ejercicio de grandeza. Lo malo para el equipo monegasco es que tras eso se enrabietó el City. Marcó Agüero a la salida de un córner, marcó Stones también a balón parado y acabó goleando el equipo inglés con un tanto más de Sane. De repente, 5-3. Y sin explicación lógica a tanta locura.

City y Mónaco, antes del partido, prometían buen espectáculo, buen fútbol e igualdad en la eliminatoria. Hasta ahí era normal. Lo que no se esperaba era tanta locura en un partido de fútbol. Difícil será encontrar un encuentro con tantas incidencias y con tanto desorden. Fue el espectáculo total, el fútbol que gusta al aficionado y no tanto a los entrenadores. Fue una barbaridad de partido, el mejor de la temporada en toda Europa. Y todavía queda un encuentro de vuelta. Hay amenazas de volver a ver lo mismo.