Carlos Espí, tras su debut con el Real Madrid.

Carlos Espí, tras su debut con el Real Madrid. Real Madrid

Fútbol

Carlos Espí, 19 años: "Mis abuelas siempre me dicen que los rivales me pegan muchas patadas y no les gusta"

El flamante fichaje del Real Madrid recordó en una entrevista cómo fue llevar a sus abuelas a un partido de Primera División.

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El fútbol moderno devora historias a una velocidad de vértigo, pero de vez en cuando emergen relatos que reconcilian al espectador con la pureza original de este deporte.

El protagonista del momento es Carlos Espí. A sus 19 años, el delantero valenciano se ha convertido en el flamante fichaje del Real Madrid para reforzar su línea de ataque.

El club blanco ha depositado los 25 millones de euros de su cláusula para incorporar a un ariete de envergadura (1,94 metros), con un instinto goleador formidable y una madurez inusual.

Sin embargo, detrás del imponente futbolista que devora espacios en el área se esconde un joven apegado a sus raíces, a su Tavernes de la Valldigna natal y, por encima de todo, a su familia. Para entender la dimensión humana del nuevo delantero madridista hay que remontarse a mayo de 2026, en el Ciutat de València.

El Levante UD se jugaba la vida en Primera División en una auténtica "final por la salvación" contra el Mallorca. Espí marcó el gol de la victoria y, nada más pitar el árbitro el final, subió corriendo las escaleras de la grada para fundirse en un emotivo abrazo con sus dos abuelas, María y Conchín, a quienes había convencido para asistir.

Carlos Espí celebra un gol con el Levante.

Carlos Espí celebra un gol con el Levante. EFE

Fue en la posterior entrevista concedida al MARCA cuando el canterano dijo: "Mis abuelas siempre me dicen que los rivales me pegan muchas patadas y no les gusta".

En esa misma charla, Carlos desveló con gracia que el listón en su casa está muy alto, detallando que sus abuelas viven los partidos de maneras muy opuestas: "Hay una que sí, que todo es muy bonito. Pero la otra, cuando voy a su casa parece que no hago nada bien".

Se refería a su abuela María, una erudita del fútbol que incluso seguía los partidos de la Premier League inglesa en los años 90. "Cuando voy a su casa me dice que por qué he fallado una, por qué he fallado otra... pero hoy estaban muy contentas las dos", bromeaba el ariete mostrando una naturalidad impropia de una estrella emergente.

Esa humildad es su rasgo de identidad. Semanas antes, al recibir el premio al mejor jugador del mes de LaLiga, Espí obligó a toda la plantilla del Levante a salir en la foto oficial. Su explicación posterior fue tajante: "Les dije que vinieran porque el premio es de todos".

El Real Madrid no solo incorpora a un rematador de época con un futuro brillante en la delantera, sino a un futbolista de pies de plomo que, a pesar de vestir la camiseta del club más laureado del mundo, prefiere el calor de los suyos.

La exigencia en Chamartín será máxima y los rivales volverán a morder, pero Espí cuenta con el mejor escudo posible: el análisis implacable y el cariño incondicional de sus abuelas.