Xabi Alonso, en la rueda de prensa previa a la final de la Supercopa de España.

Xabi Alonso, en la rueda de prensa previa a la final de la Supercopa de España. EFE EFE

Fútbol

Xabi Alonso, 44 años: "Mi madre era la que mandaba en casa y lo que quería era que estudiáramos"

El nuevo técnico del Chelsea siempre recibió una educación muy orientada a la formación al margen del fútbol.

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Tras su abrupta salida del banquillo del Real Madrid, Xabi Alonso ha aterrizado recientemente en Stamford Bridge. El técnico tolosarra ha firmado por el Chelsea para encabezar un ambicioso proyecto deportivo que busca devolver al club londinense a lo más alto de la Premier League.

Sin embargo, para entender la mente analítica, la calma bajo la presión y el liderazgo silencioso del nuevo entrenador blue, es necesario viajar al pasado. Lejos de los grandes focos de la élite europea, la firme personalidad de Alonso se forjó en una infancia muy particular, donde el balón de fútbol rodaba siempre a la par que la exigencia académica.

Nacido en el seno de una familia profundamente ligada al deporte, el fútbol nunca fue una imposición para Xabi, sino parte del paisaje cotidiano. Su padre, el mítico exjugador Periko Alonso, le transmitió la pasión por el juego desde sus primeros pasos. La influencia paterna no se basaba en grandes discursos teóricos, sino en la inmersión total en el ambiente de los vestuarios y el olor a hierba fresca.

En una reveladora entrevista concedida a la revista Vogue hace unos años, el propio Xabi rememoraba aquellos primeros contactos con el esférico, recordando cómo los fines de semana se convertían en su particular escuela de vida: "De pequeño, mi padre, que entonces estaba terminando su carrera en el Sabadell, nos llevaba a Mikel y a mí al campo de entrenamiento los sábados por la mañana. Como no había colegio, pues allí nos dejaba, en una esquina del césped".

En esa esquina del campo, observando con atención a los profesionales, el joven Xabi empezó a interiorizar la lectura del juego y la estricta ética de trabajo que hoy exige a sus propios pupilos en Londres.

Pero si el padre aportó el contexto futbolístico indispensable, fue su madre quien impuso la estructura y los límites necesarios para que el talento no le nublara la vista. En el hogar de los Alonso, la habilidad técnica nunca fue una excusa válida para descuidar los libros. El rigor táctico y la innegable disciplina que hoy el técnico aplica en sus pizarras provienen directamente de aquella sólida educación materna.

En la misma charla con el medio de moda, el entrenador rememoraba con una sonrisa la clara y estricta dinámica familiar que operaba en su casa: "Mi madre, que era quien mandaba en casa. Lo que quería era que estudiáramos".

Esta inquebrantable exigencia académica no era negociable bajo ningún concepto y traía consigo consecuencias reales. De hecho, el fútbol, su gran y absoluta pasión, quedaba relegado a un doloroso segundo plano si las notas escolares no acompañaban los boletines: "Recuerdo que una vez suspendí un examen de lengua castellana y me castigó un mes sin jugar a fútbol".

Aquel duro castigo dejó una marca indeleble en su recto carácter. Hoy, el poderoso Chelsea confía su ansiado resurgir a un hombre reflexivo que aprendió de táctica esperando pacientemente en una esquina de un campo en Sabadell, y que entendió el enorme valor de la disciplina sentado en la mesa de su casa.