Ferran Torres.

Ferran Torres. .

Fútbol

El refugio de Ferran Torres en un pueblo a 9 kilómetros de Valencia: paseos rurales en bicicleta y cultivo de la chufa

El delantero valenciano se convirtió en el auténtico héroe de la final con un gol definitivo en la prórroga.

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Cuando los focos de los estadios internacionales se apagan y la presión del fútbol de élite exige un respiro, el delantero de la selección española Ferran Torres tiene un destino claro y un billete de vuelta innegociable: Foios.

Lejos del estruendo mediático y de las grandes capitales europeas, este municipio de la comarca de L'Horta Nord se erige como el santuario personal del futbolista, un lugar donde el tiempo parece medirse por el ritmo de las cosechas y no por el cronómetro de un árbitro.

Apenas 9 kilómetros separan la bulliciosa ciudad de Valencia de este remanso de paz, un municipio acogedor y abarcable de apenas 6,5 kilómetros cuadrados. Situado a tan solo 8 metros de altitud sobre el nivel del mar y bajo el código postal 46134, sus aproximadamente 7.600 vecinos ven en el futbolista no a una estrella inalcanzable, sino a uno de los suyos, manteniendo intacta la esencia comunitaria de un pueblo donde todo el mundo se conoce.

Lejos de los lujosos complejos turísticos, el verdadero lujo en Foios es su entorno. El paisaje del municipio está dominado por la majestuosa Huerta Valenciana (L'Horta), una vasta extensión verde de tierras fértiles que se convierte en el escenario perfecto para los relajantes paseos rurales en bicicleta que tanto ayudan a despejar la mente.

Pedalear por estos caminos significa cruzar campos de naranjos, hortalizas y, muy especialmente, la cuna del cultivo de la chufa. Este inmenso tapiz agrícola abraza el núcleo urbano, cuyo horizonte está inconfundiblemente coronado por la Iglesia Parroquial de la Asunción de Nuestra Señora.

Construida en 1730, esta joya del barroco valenciano cuenta con un imponente campanario que domina toda la llanura. Un poco más alejada, a apenas un kilómetro del centro, aguarda la Ermita del Cristo de la Sangre, un templo pintoresco reconstruido tras la Guerra Civil que invita a la calma y actúa como epicentro de la devoción local.

Ningún refugio vital estaría completo sin el inmenso consuelo de la comida casera. En Foios, la gastronomía es una auténtica devoción ligada a la tierra. Al encontrarse en la zona cero de la chufa, no existe mejor isotónico natural para el verano que una buena horchata artesanal muy fría, siempre acompañada de los indispensables fartons.

La dieta del pueblo rinde un culto especial al arroz, presumiendo de bordar la auténtica Paella Valenciana, cocinada a leña con pollo, conejo, garrofón y judía plana. Cuando los meses fríos asoman, las cocinas desprenden el aroma inconfundible del Arroz al horno (Arròs al forn) y del contundente Arroz con alubias y nabos, dejando siempre hueco para las sobremesas familiares que se endulzan con la tradicional coca de llanda y los pasteles de boniato y almendra.

Pero Foios no es únicamente un remanso de silencio rural; también es sinónimo de pasión, fiesta y un profundo arraigo por sus raíces. Cuando Ferran vuelve a casa, se reencuentra con un calendario vibrante marcado por el fuego, la pólvora y la melodía.

En marzo, el pueblo se transforma para vivir con intensidad Las Fallas, plantando sus propios monumentos y haciendo temblar sus calles con mascletaes y despertaes. El invierno se calienta en enero con Sant Antoni Abad, una fiesta entrañable donde los vecinos se reúnen en torno a una inmensa hoguera para la bendición de los animales y el reparto de panecillos.

El punto álgido del año llega en agosto con sus Fiestas Mayores, dedicadas a la Virgen del Patrocinio y al Cristo de la Sangre, llenando las noches de procesiones, castillos de fuegos artificiales y verbenas. Y, de fondo, siempre suena la música. La Societat Musical Santa Cecília de Foios se alza como el gran motor cultural del municipio, demostrando que en el hogar de Ferran el talento fluye tanto en los terrenos de juego como en las partituras.

En definitiva, Foios trasciende de ser un simple punto geográfico en el mapa valenciano; es la raíz inquebrantable, el equilibrio perfecto y la desconexión vital que permite a uno de los futbolistas más reconocidos mantener firmemente los pies en la tierra.