Vinicius, con la selección de Brasil durante el Mundial.

Vinicius, con la selección de Brasil durante el Mundial. Reuters

Fútbol

Vinicius, 25 años: "Mi abuela marcó mi vida. La casa era pequeña y dormía con ella muchísimas veces"

La estrella del Real Madrid y de Brasil se crió en São Gonçalo, uno de los municipios más pobres del estado de Río de Janeiro.

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Vinicius Jr. disputa el Mundial como líder emocional y futbolístico de Brasil, pero el partido más íntimo lo juega lejos del césped: el que le devuelve a la habitación pequeña de su infancia, al lado de su abuela Nilza, la mujer que "marcó" su vida.

La agónica victoria ante Japón, que certifica el pase de la Seleçao a octavos de final, le encuentra en un punto de madurez poco habitual para un jugador que todavía no ha cumplido los 26 años.

Brasil sufre, remonta y acaba abrazada a su nuevo referente ofensivo, convertido en símbolo de un equipo que se reconstruye sin Neymar y se sostiene en la electricidad de Vinicius, un futbolista acostumbrado a vivir contra el reloj desde niño.

Porque su historia no empieza en los focos del Santiago Bernabéu ni en las portadas del Mundial, sino en São Gonçalo, uno de los municipios más pobres del estado de Río de Janeiro, donde la violencia y la precariedad eran parte del paisaje cotidiano.

En esa casa pequeña, compartida por padres, hermanos y abuelos, el fútbol era mucho más que un juego: era una puerta de salida, una promesa que apenas cabía en aquel cuarto estrecho.

En una entrevista con la televisión Globo, emitida en la concentración de Brasil, el extremo del Real Madrid se quebró cuando la pantalla le devolvía el rostro de Nilza y la memoria de esa infancia apretada.

"Mi abuela es una persona muy importante en mi vida, con la que viví hasta los 16 años en su casa", recuerda, antes de explicar que "la casa era pequeña y dormí con ella muchísimas noches".

Vinicius rompe a llorar durante una entrevista

Vinicius rompe a llorar durante una entrevista Captura de pantalla

Su padre vivía lejos, obligando a la familia a sostenerse en el triángulo formado por su madre, sus hermanos y esa abuela que siempre hizo "de todo" para que pudiera perseguir su sueño.

No es la primera vez que el jugador verbaliza el peso de ese contexto. Al recibir el premio The Best, en 2024, resumió su niñez con una frase que se explica sola: "Pasé la infancia viendo la pobreza y el crimen".

Desde entonces, cada paso hacia la élite ha tenido una doble lectura: la del profesional que se gana el Balón de Oro y la del chico que intenta ofrecer a los suyos una vida radicalmente distinta a la que conoció en la favela.

Cuando se emociona ante las cámaras, en plena Copa del Mundo, no solo responde al mensaje de Nilza; también parece reconciliarse con aquel niño avergonzado que solo pensaba en la pelota y se dormía buscando, con la mano, el cuerpo de su abuela a su lado.

"Me quedo sin palabras… verla feliz no tiene precio", admite, consciente de que cada regate en el Mundial es una prolongación de las carreras que hacía de niño contra la pared, en un entorno donde la esperanza de vida para un joven negro difícilmente alcanza la treintena.

Hoy, mientras Brasil celebra el billete a octavos tras sufrir ante Japón, la imagen que mejor define a Vinicius es la de un jugador que entiende que la gloria tiene sentido cuando puede compartirla con quienes le acompañaron en la vida sin garantías.

De ahí que, en mitad de la vorágine del Mundial, el brasileño subraye a quién va dedicada cada noche de estadio lleno: "Siempre que puedo, estoy a su lado y aprovecho cada momento porque sé que en algún momento las personas tienen que partir".