Dani Olmo.

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Fútbol

Dani Olmo: "Pasamos momentos complicados porque salimos de la zona de confort, estábamos solos mi madre y yo"

El jugador del Barça se encuentra concentrado actualmente con la selección española jugando el Mundial 2026.

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A. M.
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Para Dani Olmo, el camino hacia el estrellato futbolístico no habría sido posible sin el cimiento inquebrantable de su familia. Han sido sus padres quienes han permanecido siempre en un discreto segundo plano, brindándole el impulso necesario en los momentos de duda y la pausa imprescindible cuando la situación requería cautela.

Desde su más tierna infancia, el balompié fue el idioma principal en su hogar. Su padre, Miquel, no solo fue jugador profesional sino también entrenador en equipos como el Terrassa FC y el CE Sabadell. Junto a su hermano Carlos, le contagiaron una pasión absoluta por este deporte.

Dani confiesa que jamás albergó otra ambición en la vida que no fuera la de ser futbolista profesional. Esta férrea determinación se forjó a fuego lento, alimentada por innumerables entrenamientos, los consejos tácticos de su progenitor y el apoyo incondicional de su madre, Dorita.

Esa combinación de autoexigencia y afecto dio sus primeros grandes frutos a los 13 años, cuando ingresó en la prestigiosa academia de La Masia. Allí comenzó a asomarse al fútbol de élite sin alejarse nunca de su red familiar. La influencia paterna resultó vital para aprender a asimilar las críticas constructivas. Así lo confirma el jugador, quien en la revista ICON rememoró: "Nunca tuve problemas en escuchar tanto lo bueno como lo malo que tuviera que decirme mi padre".

El verdadero punto de inflexión en su biografía deportiva llegó a la prematura edad de 16 años. En un movimiento audaz y atípico para un canterano del Barça, Olmo optó por hacer las maletas y firmar con el Dinamo de Zagreb. Al recordar aquella valiente apuesta, el atacante explica: "Era un cambio grande y poco común, pero el Dinamo había demostrado que quería apostar por mí y tenía el ejemplo de muchos jugadores que habían salido de allí y que son referentes a nivel mundial".

Durante este desafío vital, la familia se reorganizó. Miquel y Carlos mantuvieron su base en Terrassa, pero Dorita dejó todo atrás para acompañar a su hijo a Croacia. El futbolista reconoce la dureza íntima de aquellos compases iniciales: "Hubo momentos complicados, porque significaba salir de la zona de confort. Estábamos un poco solos, mi madre y yo. Bueno, si hablas con ella seguro que podrá contarte muchas cosas, pero todas serán positivas. Siempre que hablamos de aquello, se le escapa alguna lagrimilla".

Aquel periplo balcánico no solo sirvió para apuntalar su indudable talento, sino que actuó como catalizador de su evolución personal. Aprendió el idioma local, fue galardonado como el mejor jugador de la liga con apenas 20 años y templó su personalidad. Él lo sintetiza de forma tajante: "Tuve que aprender y madurar más rápido de lo habitual".

En esa madurez acelerada, el sacrificio presencial de su madre se complementó con el análisis a distancia de su padre. Estos fuertes valores explican por qué Olmo se refugia en un entorno sumamente hermético. Para ilustrarlo, reflexiona: "Hay mucha gente que puede acercarse por interés. Mi grupo de amigos es muy pequeño. Conoces a gente nueva, te mueves... pero el círculo sigue siendo muy cerrado. Al final, te presentan a muchas personas, pero los de siempre son los que van a estar".

Tras brillar con luz propia en Zagreb, la Bundesliga le esperaba con los brazos abiertos. El RB Leipzig desembolsó 34 millones de euros para ficharlo. En Alemania, experimentó una progresión abrumadora, curtiéndose en la exigente dinámica de competir al máximo nivel europeo cada tres días. Se consolidó como un jugador total. Ahora brilla con España y con el Barcelona.