Mikel Oyarzabal, junto con su padre Ernesto.

Mikel Oyarzabal, junto con su padre Ernesto.

Fútbol

Oyarzabal, sobre su infancia: "He tenido muchas broncas con mis padres por romper cosas en el pasillo de casa"

El delantero de la Real Sociedad sigue fiel a un estilo de vida discreto y alejado del ruido mediático, aunque su protagonismo sobre el terreno de juego es indiscutible.

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C. S.
Publicada

Quedan cada vez menos futbolistas con el perfil de Mikel Oyarzabal, delantero de la Real Sociedad y pieza clave en la selección española.

El capitán donostiarra atraviesa uno de los momentos más sólidos de su carrera, tanto en rendimiento como en liderazgo, y tiene marcados en rojo tres grandes objetivos para el corto y medio plazo: conquistar la Copa del Rey en La Cartuja, asegurar la clasificación europea con su club y llegar en plenitud física al Mundial.

Fuera de los focos, el donostiarra sigue fiel a un estilo de vida discreto y alejado del ruido mediático. Su esfera personal apenas trasciende, más allá de su relación consolidada con Ainhoa Larrauri, su pareja de toda la vida, con quien fue padre en 2023 de su primer hijo, Martin.

En paralelo a su carrera deportiva, el atacante guipuzcoano también ha apostado por la formación académica: en 2024 culminó sus estudios en Empresariales en la Universidad de Deusto, un logro que refuerza su imagen de futbolista comprometido más allá del terreno de juego.

Para comprender la personalidad de Oyarzabal -alejada de excesos y protagonismos innecesarios- conviene mirar a sus orígenes. Criado en Eibar, en un entorno familiar cercano y humilde, creció con un balón como compañero inseparable.

Oyarzabal celebrando su gol ante Serbia.

Oyarzabal celebrando su gol ante Serbia. REUTERS

Desde niño, el fútbol no era solo un pasatiempo, sino una constante en su día a día. "Me gustaba la pelota y la veía con mi padre o con mi 'aittitta'. Pero afición, afición por jugar siempre ha sido al fútbol", recordaba en una entrevista concedida a Mundo Deportivo.

Esa pasión precoz también le trajo más de un disgusto doméstico. El propio futbolista ha reconocido que su entusiasmo le costó varias reprimendas familiares: "He tenido muchas broncas con mis padres por romper cosas en el pasillo de casa por estar jugando a fútbol. Jugaba en casa, en el parque, en el campo…". 

Entre los recuerdos más entrañables de su infancia destacan los momentos en casa de sus abuelas, especialmente alrededor de la mesa. Allí, lejos de la presión competitiva que hoy le rodea, disfrutaba de una de sus mayores aficiones: comer en familia.

"Te voy a decir tres: las albóndigas de mi abuela paterna, el filete de mi abuela materna y el pescado al horno de mis padres", confesó, dejando entrever ese vínculo con lo cotidiano que sigue definiendo su carácter.

Así, entre goles, estudios y una vida personal sin estridencias, Oyarzabal encarna un modelo de futbolista cada vez menos habitual: talento, compromiso y una notable capacidad para mantenerse con los pies en la tierra.