Laporta y Víctor Font se dan un apretón de manos durante un debate preelectoral.

Laporta y Víctor Font se dan un apretón de manos durante un debate preelectoral. EFE

Fútbol

Laporta contra Victor Font: las elecciones a la presidencia del Barça tras una campaña bronca y vacía de ideas

Los socios del Barça deciden este domingo 15 de marzo a su nuevo presidente para el próximo lustro después de tres semanas de campaña con muchas polémicas.

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El FC Barcelona elige hoy presidente. Los socios están llamados a las urnas este domingo 15 de marzo en cinco sedes repartidas entre las cuatro demarcaciones catalanas y Andorra. Un duelo entre Joan Laporta, que aspira a un tercer mandato, y Víctor Font, que se presenta por segunda vez con la plataforma Nosaltres.

Los comicios llegan con Laporta como claro favorito, con Hansi Flick de su lado y con una campaña que ha generado más calor que luz. Más descalificaciones que propuestas. Más trincheras que un verdadero debate de ideas.

La carrera quedó reducida a dos candidatos después de que Marc Ciria no lograra las 2.337 firmas válidas necesarias, al quedarse a solo 90 de superar el corte. Xavier Vilajoana también cayó en esa fase previa. El voto crítico quedó así concentrado en Font, sin acuerdos previos con ninguno de los candidatos descartados.

Las diferencias entre las dos candidaturas son reales, aunque la campaña las haya tapado con ruido. Laporta defiende la continuidad: Flick en el banquillo, Deco en los despachos, el Spotify Camp Nou como gran motor económico del club para los próximos cinco años.

Font plantea la ruptura institucional: auditoría externa independiente nada más llegar, un tridente de directores técnicos en lugar de Deco -formado por Carles Planchart, Albert Puig y Francesc Cos-, mayor transparencia en los contratos comerciales y un nuevo modelo de abonos con descuentos de hasta el 75%.

El primero promete culminar el proyecto. El segundo, reinventarlo desde los cimientos. Dos visiones de club tan distintas que hacen aún más llamativa la pobreza del debate que han protagonizado.

Campaña de patio de colegio

Si algo ha definido estas tres semanas electorales es el tono. Un proceso bronco, lleno de descalificaciones en los debates y con muy poca confrontación de ideas. Una campaña que, paradójicamente, ha logrado que los socios sepan más sobre lo que cada candidato piensa del otro que sobre lo que cada uno haría al frente del club.

El cara a cara en TV3 fue el emblema de ese estilo. Laporta llamó a Font "mentiroso", "trilero", "demagogo" y "barriobajero". Font le respondió recordando la salida de Messi, el Caso Negreira y las comisiones de Darren Dein. Un toma y daca de interrupciones que ahogaba cualquier intercambio sustancial.

El clima no mejoró a medida que avanzaban los días. La campaña fue escalando en agresividad sin que ninguno de los dos candidatos encontrara el momento ni la voluntad de pisar el freno. El insulto sustituyó al argumento. El ataque personal, al programa.

En el cierre de campaña, en La Pedrera, Laporta acusó a Font de haber protagonizado una campaña "muy sucia" y de estar "desacreditado" para presidir el club. Font construyó toda su estrategia sobre un lema que convertía los comicios en un plebiscito: "Estas elecciones son: Laporta o el Barça".

El problema de esa estrategia es que requería movilizar al electorado en clave de rechazo. Raramente funciona cuando el adversario tiene el viento a favor y los resultados deportivos de su parte.

El factor Flick

Si hay un elemento que explica la ventaja de Laporta en las encuestas (entre el 58% y el 65% de intención de voto) es el apoyo implícito de Hansi Flick. El entrenador alemán acudió a la presentación del libro del presidente durante la campaña, un gesto que fue leído de inmediato como un respaldo público difícil de ignorar.

El técnico podría condicionar su renovación a la continuidad de Laporta al frente del club. En una temporada en la que el Barça lidera La Liga, ha alcanzado los octavos de Champions y viene de firmar un triplete nacional, votar contra el presidente implicaba, para muchos socios, arriesgarse a dinamitar el mejor proyecto deportivo de los últimos años.

Joan Laporta y Hansi Flick estrechan la mano.

Joan Laporta y Hansi Flick estrechan la mano. FCB

Font intentó neutralizar ese argumento recordando que Flick "es un empleado del FC Barcelona" y prometió mantenerle en el banquillo si ganaba. Pero la contradicción entre querer al entrenador y prescindir de Deco (su director deportivo de confianza), el hombre que construyó la plantilla junto a él, resultó difícil de sostener ante el electorado.

Laporta no desaprovechó el flanco. Lo explotó en cada mitin, en cada entrevista, en cada oportunidad. Con Flick en el banquillo y los títulos en el horizonte, el argumentario del continuismo era sencillo y efectivo.

Las bazas de Font

La estrategia de Font se apoyó en tres palancas emocionales. La primera fue Messi: prometió un retorno del argentino para despedirse en el Camp Nou y convertirle en presidente de honor del club.

La segunda fue Xavi, que acusó públicamente a Laporta de haberle mentido en su salida del banquillo. La tercera fue el Caso Negreira, aunque Font no presionó a fondo en el debate decisivo.

La baza más llamativa, y más contraproducente, fue Haaland. Font habló de negociaciones con el Manchester City y una opción de compra preferente sobre el delantero noruego. La representante del jugador, Rafaela Pimienta, lo desmintió de inmediato y sin ambigüedades. Laporta lo calificó de "charlotada".

El episodio resumió a la perfección el tono de una campaña que prefirió los titulares de impacto a los argumentos sólidos. Una promesa electoral sin respaldo real, lanzada en los últimos días para generar ruido, que acabó volviéndose en contra del propio Font.

Hoy, mientras los socios votan, el Barça también juega. El partido de LaLiga contra el Sevilla arranca a las 16:15 horas en el Spotify Camp Nou, inaugurando la capacidad de 62.000 espectadores de la nueva fase del estadio. La coincidencia convierte el día en esa "fiesta del barcelonismo" que Laporta prometió al convocar elecciones.

Las encuestas apuntan a un resultado sin sorpresas. Pero el barcelonismo sale de esta campaña con una pregunta incómoda: en un club que factura 1.000 millones anuales y aspira a liderar el fútbol mundial, ¿es esto lo mejor que sus candidatos saben ofrecerle a sus socios?