Zidane y Xabi Alonso, en sus presentaciones como entrenadores del Real Madrid

Zidane y Xabi Alonso, en sus presentaciones como entrenadores del Real Madrid EFE

Fútbol

Xabi Alonso sigue sin vidas: una 'final' bajo la sombra del salto de Zidane al banquillo del Real Madrid hace 10 años

El técnico tolosarra inicia el año recibiendo al Betis en el Santiago Bernabéu (16.15 horas) y con la Supercopa de España al caer.

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El fútbol, en su incesante capricho de cerrar círculos y tejer coincidencias, ha querido que este domingo 4 de enero el Santiago Bernabéu amanezca con una sensación de déjà vu tan pesada como el hormigón de sus gradas.

El Real Madrid recibe al Real Betis en su primer compromiso del año, pero lo que está en juego trasciende la aritmética de La Liga. Xabi Alonso, el hombre que llegó como el arquitecto de una nueva era, se encuentra hoy sin red, sin vidas extra y con el crédito (casi) agotado.

Y lo hace, cruelmente, en el décimo aniversario del día exacto que cambió la historia moderna del club: la coronación de Zinedine Zidane.

Para Xabi Alonso, el partido contra el conjunto verdiblanco no es una jornada más; es un plebiscito. El tolosarra llega al coliseo blanco caminando sobre el filo de la navaja, en una situación límite donde la victoria es el único analgésico válido para una crisis que ha ido devorando la confianza de la directiva y la paciencia de la afición.

La Supercopa de España asoma en el horizonte inmediato -el equipo viaja a comienzos de semana a Arabia Saudí-, pero en los despachos de Valdebebas nadie garantiza que Alonso se suba a ese avión si este domingo se produce una catástrofe deportiva ante el Betis. El escaso margen de tiempo, eso sí, da cierto respaldo al tolosarra.

Xabi Alonso, con la mano levantada, durante el entrenamiento de este sábado del Real Madrid

Xabi Alonso, con la mano levantada, durante el entrenamiento de este sábado del Real Madrid EFE

El espejo de Benítez

La fecha es, cuanto menos, inquietante. Hace exactamente una década, el 4 de enero de 2016, Florentino Pérez comparecía con urgencia para anunciar el despido de Rafa Benítez y a su sustituto. Aquel Madrid, como el actual, navegaba en la zozobra: resultados grises, juego desconectado y, lo más alarmante, una fractura evidente entre el cuerpo técnico y un vestuario lleno de egos.

La solución de emergencia aquel día fue promocionar a Zinedine Zidane desde el Castilla. El resto es historia: tres Champions consecutivas y una leyenda imborrable.

Hoy, diez años después, Xabi Alonso se mira en ese espejo distorsionado. La sombra de aquella destitución planea sobre el banquillo local. La situación del técnico vasco guarda paralelismos incómodos con la de Benítez: una incapacidad manifiesta para dar con la tecla táctica y una sensación de vulnerabilidad defensiva que ha lastrado al equipo durante la primera mitad de la temporada.

Si Benítez cayó tras un empate en Valencia que colmó el vaso, Alonso sabe que un tropiezo ante el Betis podría ser su sentencia final antes de siquiera intentar la defensa del orgullo en Oriente Medio.

El eterno retorno de Zidane

La coincidencia del calendario ha reactivado, inevitablemente, el rumor que nunca duerme en la Casa Blanca. El nombre de Zidane vuelve a orbitar la atmósfera madridista, alimentado por la nostalgia de aquella década dorada que comenzó, precisamente, un día como hoy. Sin embargo, el contexto de 2026 es diferente.

Aunque la figura de Zizou siempre es el 'botón de pánico' favorito de la afición y de gran parte de la directiva cuando las cosas se tuercen, la realidad de sus aspiraciones parece estar lejos de Chamartín en este momento.

Zidane, en el Santiago Bernabéu para presenciar el partido de la NFL del pasado mes de noviembre

Zidane, en el Santiago Bernabéu para presenciar el partido de la NFL del pasado mes de noviembre Europa Press

La mirada del marsellés sigue fija en un objetivo patriótico: la selección francesa. Con el Mundial de 2026 a la vuelta de la esquina -se disputará el próximo verano-, Zidane se perfila como el relevo natural tras la cita, cerrando así su propia espera paciente.

No obstante, en el fútbol, y más en el Real Madrid, diez años han demostrado que la palabra "imposible" no existe, y la mera mención de su nombre añade toneladas de presión a la espalda de un Xabi Alonso que siente el aliento de la historia en su nuca.

Arabia: ¿Indulto o guillotina?

Si el Real Madrid logra superar el escollo del Betis este domingo, Xabi Alonso comprará un billete temporal hacia su última oportunidad: la Supercopa de España. El torneo, que en los últimos años se ha convertido en un juez severo para los entrenadores de los grandes -recordemos cómo marcó el principio del fin para otros técnicos en el pasado-, se presenta como las dos 'finales' definitivas para el tolosarra.

La hoja de ruta es clara y brutal: ganar o morir. Una derrota en las semifinales en tierras saudíes sería insostenible. Incluso llegar a la final y perderla ofreciendo una imagen pobre podría precipitar los acontecimientos antes de regresar a Barajas.

La directiva blanca, conocida por su pragmatismo despiadado cuando la temporada corre peligro de descarrilar, ve en la Supercopa el punto de inflexión definitivo. O el equipo reacciona y levanta un título que sirva de catalizador anímico, o se buscará un golpe de timón para intentar salvar la Champions y la Liga en el segundo tramo del curso.

Xabi Alonso, frente al monitor del VAR

Xabi Alonso, frente al monitor del VAR EFE

El partido de este domingo, por tanto, se jugará en dos escenarios: en el césped, donde los jugadores deben demostrar si siguen creyendo en el plan de su entrenador, y en la grada. El público del Bernabéu, soberano y exigente, tiene la capacidad de acelerar los tiempos.

El técnico lo sabe. Sabe que ya no valen las excusas de adaptación, ni las bajas, ni la transición generacional. El Xabi que maravilló a Europa en su etapa en Alemania se ha gripado en la capital española.

Este 4 de enero, bajo la alargada sombra del mito de Zidane y el recuerdo de la caída de Benítez, Xabi Alonso se juega algo más que tres puntos: se juega su legado en el club blanco. Solo le queda ganar para seguir respirando, al menos, una semana más. La cuenta atrás ha comenzado y el reloj de arena está prácticamente vacío.