Alberto Contador, durante una etapa de esta Vuelta a España.

Alberto Contador, durante una etapa de esta Vuelta a España. Javier Lizón Efe

Ciclismo Ciclismo

El Angliru, la última bala de Alberto Contador

Un día antes de su retirada, el madrileño regresa a la mítica montaña asturiana donde aseguró la Vuelta a España en 2008. Tiene un doble objetivo: ganar la primera etapa española este año y alcanzar el podio.

P. C.

Hasta sus detractores respetan a Alberto Contador por su comportamiento durante esta Vuelta Ciclista a España, la última gran ronda de un especialista (ganador de dos Giros, dos Tours y tres Vueltas) que el domingo se despedirá de la competición entre ovaciones de la afición madrileña. No hay día sin ataque del mejor español en la carrera.

A falta de dos etapas para concluir la Vuelta, no hay ningún ganador español de etapa todavía. El orgullo de Contador ha dinamizado una carrera en la que sus compatriotas se han visto afectados por caídas (casos de BetancurDani Moreno) y falta de fuerzas en el tramo decisivo después de largas escapadas (de nuevo Moreno, pero también Rojas o Marc Soler). Como dijo el director del equipo Movistar, Eusebio Unzúe, "estamos haciendo buenas faenas, pero fallamos con el estoque". 

Medio país confía en que el líder del Trek-Segafredo escriba su última gesta este sábado en el Angliru, la cima más mítica de la Vuelta, para ofrecer un doble regalo a la afición al filo de su despedida: acabar con la sequía española (sólo ha pasado una vez en la historia: 1996) y subirse al podio de Madrid el domingo. Un adiós con gloria para un ciclista capital del siglo XXI que vio empañada su carrera por una acusación de dopaje (en 2012 fue desposeído de un Giro y un Tour) pero ha logrado mantener el cariño del público en un deporte que no tenía un líder español de ese calibre desde la época de Miguel Indurain.

Séptima subida al Angliru

La legendaria cumbre del Angliru ingresó en el trazado de la Vuelta en 1999 y se sube este año por séptima vez (tras cuatro años de ausencia) como esfuerzo definitivo antes de la jornada presumiblemente pacífica del domingo. Todos los que se juegan algo en la carrera irán a muerte en una etapa que se presume apasionante no sólo por las rampas superiores al 20%, sino por la liberación de no tener que ahorrar fuerzas para etapas siguientes.

Contador regresa al pico en cuya cima cimentó su primera Vuelta, hace 9 años. Es una etapa corta, de 117 kilómetros, pero con tres colosales montañas consecutivas: el durísimo puerto de La Cobertoria, el Alto del Cordal y el temible Angliru, considerado como uno de los puertos más exigentes de la península: 12,5 kilómetros con una pendiente media de 9,8% y rampas de hasta el 23 que hacen de él un primera categoría con hechuras de puerto de categoría especial. 

"Reservarse para el sábado"

Contador, quinto en la general, ha dicho varias veces esta semana que hay que "reservarse para el sábado", porque "además dan algo de lluvia". Pero como se vio este viernes en Gijón, no puede aguantarse las ganas. Alternando ataques de sus mejores días con pequeños bajones, siempre activo y amenazante, en algunos momentos ha recordado al 'Pistolero' de sus días de gloria y mantiene opciones de subirse al podio en Madrid.

Toda la Vuelta está siendo una larga despedida al combativo campeón, que recibe muestras de aprecio desde que sale del hotel hasta que se mete en la habitación, como si portase el maillot rojo. Su retirada parece irrevocable, pese a las presiones de que continúe, dada su dignísima actuación en esta ronda, ya sea en los Mundiales o una temporada más. “Me quedan cuatro días como profesional,” dijo el pinteño tras la etapa del Alto del Pasiego; "los voy a disfrutar". Si las piernas le acompañan, la etapa del sábado puede pasar a la historia de un deporte que, claro está, le va a echar mucho de menos aunque un día le mirase de reojo.