Sergio Llull intenta taponar a David Jelinek.

Sergio Llull intenta taponar a David Jelinek. Kiko Huesca EFE

ACB Liga Endesa

Llull provoca la metamorfosis del Madrid: de un -3 de valoración a morir ganando

La actuación del menorquín en la prórroga permitió eludir el fantasma de la tercera derrota consecutiva en la ACB ante un Andorra que a punto estuvo de asegurar la Copa (96-92).

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“Hemos hecho -3 de valoración en un cuarto [...] No haciendo nada harías 0...”. El enfado de Pablo Laso a la vuelta del descanso era considerable. El Real Madrid venía de permitir un 7-23 de parcial del Andorra en el segundo cuarto, aunando más de cinco minutos sin anotar con una permisividad defensiva alarmante. Parecía que los visitantes querían asegurar su presencia en la Copa con mucho más ahínco que el que ponía el Madrid en recuperar el liderato de la ACB. El panorama cada vez se asemejaba más al de la primera y última victoria andorrana ante los blancos, en enero de 1996. Se necesitó hasta una prórroga para evitar la repetición del precedente. A falta de solidez general, buena es la Llulldependencia. Redondeó la nueva condición de máximo triplista histórico de su club atando la victoria local, con mucho sufrimiento, en el tiempo extra (Narración y estadísticas: 96-92).

El partido no pudo ceñirse más al guión tramposo que se le antojaba. El Andorra afrontaba la primera de las dos finales para asegurar su presencia en la cita copera de Vitoria y no defraudó en el Palacio. Cedió la alternativa al Madrid en el primer cuarto, le pasó por encima en el segundo, no desesperó en el tercero, volvió cuando nadie le esperaba ya en el cuarto y complicó la prórroga hasta los últimos instantes. No contentos con ganar al Barça en el Principado, sus jugadores estuvieron a punto de llevarse un triunfo de muchos quilates en la capital española.

El efecto Baskonia (cambiar media plantilla, pero mejorar lo presente) es patente en la escuadra dirigida por Joan Peñarroya. Si hubiese que elegir un referente en una plantilla que venera el colectivo, cómo no quedarse con Andrew Albicy. El base francés se maneja como pez en el agua tanto dirigiendo el juego de su equipo en la sombra como resultando determinante en los momentos clave. Rostro personificado del sufrimiento al que tuvo que hacer frente el Madrid, no fue el único nombre propio de los suyos.

David Jelinek se mostró excelso desde el perímetro, Shermadini no permitió ni una concesión bajo los aros y Walker sacó a pasear la muñeca cuando el final empezaba a acercarse. Especialmente sangrante fue el dominio del segundo y de sus compañeros de pintura en varios momentos, con el Madrid permitiendo cada puerta atrás que fabricaban los visitantes. El juego de los blancos tampoco lo comandaba un solo hombre, pero costaba encontrar el rumbo adecuado.

En algunos momentos, la manija la llevó un Carroll que dio síntomas de resurrección. En otros, un Maciulis al que el Community Manager del Andorra, muy jocoso él, llegó a pedir que, por favor, abandonase la cancha. Ya entrado el partido en territorio comanche, a Ayón le tocó dar el callo en la zona y a Rudy sacar su fusil en la línea exterior. Hasta Doncic dejó retazos de provocar un destino favorable para los suyos en los minutos cruciales del último cuarto. Sin embargo, el Madrid parece abocado a la agonía liguera en las últimas fechas. Porque, sí, olió a tercera derrota consecutiva en la Liga Endesa. Y no precisamente con poca intensidad.

Al final, los claroscuros los tapó Llull con un concurso que no deja de estar abonado a la incredulidad. Su no triple sobre la bocina del último acto permitió el éxtasis que vivió en el añadido, dueño y señor de lo que acabó señalando el resultado final. Y, por no perder la ocasión de reivindicarse una vez más, Felipe Reyes cogió un rebote de oro a 15 segundos del bocinazo, con el Andorra a un triple de distancia. Como dice el himno de Joaquín Sabina dedicado a un equipo no precisamente afín al Madrid: “Qué manera de aguantar, qué manera de crecer, qué manera de sentir, qué manera de soñar, qué manera de aprender, qué manera de sufrir, qué manera de palmar, qué manera de vencer, qué manera de morir”. La estrofa, por una vez, pueden usarla los vikingos.