Michael Jordan, en una imagen de archivo

Michael Jordan, en una imagen de archivo Europa Press

Baloncesto

Michael Jordan (62), sobre las nuevas estrellas de la NBA y su forma de crecer: "Yo puse el trabajo, y luego mi marca"

La leyenda del baloncesto cuestiona que los jóvenes prioricen su imagen comercial antes de demostrar su valor deportivo y critica la falta de hambre competitiva en la NBA actual.

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Michael Jordan ha encendido el debate sobre el rumbo de la NBA moderna debido a lo que considera una deriva de sus atletas.

En una conversación emitida en el programa MJ: Insights To Excellence de la cadena NBC, el exjugador de los Chicago Bulls lanzó un mensaje contundente dirigido a las nuevas generaciones: las marcas no pueden construirse antes del trabajo en la cancha.

Sus palabras reabren una discusión recurrente en un deporte cada vez más condicionado por contratos publicitarios, redes sociales y una economía que multiplica el valor de jugadores muy jóvenes antes incluso de su debut profesional.

Jordan, de 62 años, expresó que observa un patrón que considera equivocado: jugadores que intentan definirse como marca sin haber demostrado aún quiénes son como deportistas.

"Ahora parece un requisito previo, todo el mundo tiene que tener un logo", afirmó. Para él, ese enfoque invierte un orden fundamental. Recordó que su propio emblema -el icónico Jumpman- no nació como punto de partida, sino como consecuencia de su rendimiento.

"Esa marca se estableció basándose en lo que hice en la cancha. No puse la marca antes del trabajo. Puse el trabajo primero, y luego la marca evolucionó basándose en el trabajo".

Michael Jordan, durante la entrevista en NBC

Michael Jordan, durante la entrevista en NBC

Hambre competitiva

En la entrevista, Jordan fue más allá y abordó otro aspecto que considera clave: la falta de hambre real por alcanzar la grandeza.

El exjugador lo relacionó con la realidad económica actual, que permite a muchos talentos asegurarse contratos millonarios desde la universidad.

"Es difícil tener esa hambre cuando lo tienes todo. Si no has tenido nada, haces todo para conseguirlo", explicó.

Según él, esa comodidad temprana puede diluir la ambición que, en su época, marcaba la diferencia entre un buen jugador y una leyenda.

Recordó también un elemento que definió su carrera: la llamada cláusula del "amor por el juego", incluida en su contrato.

Aquella disposición le permitía jugar fuera de los compromisos oficiales porque, según decía, jugar era lo que más beneficiaba a su desarrollo.

"¡Juega! Eso creciste haciendo", insistió en la entrevista, como crítica velada a quienes parecen más pendientes de sus compromisos comerciales que de su evolución deportiva.

Michael Jordan, durante su etapa con los Chicago Bulls

Michael Jordan, durante su etapa con los Chicago Bulls Reuters

Críticas

Otro de los puntos donde Jordan marcó distancia con la NBA actual fue el load management, la práctica por la que muchos jugadores descansan partidos pese a estar sanos para dosificar su temporada.

El seis veces campeón fue tajante: "Nunca quise perderme un partido porque era una oportunidad para demostrar mi valía e impresionar a aquel aficionado que se había dejado la piel para conseguir una entrada".

A continuación planteó una reflexión que ya circula entre varios analistas de la liga: "Juegas al baloncesto dos horas y media, tres horas al día", asegura.

"Ese es tu trabajo. Para eso te pagan como jugador de la NBA. ¿Qué haces las otras 21 horas?", concluía Michael.

Para Jordan, existe una diferencia clara entre no poder jugar por razones físicas y simplemente no querer hacerlo.

"Si físicamente no puedo hacerlo, entonces no puedo hacerlo. Pero si físicamente puedo y simplemente no me apetece, eso es algo totalmente distinto".

Bird, Pippen, Jordan y Drexler en la ceremonia de medallas de Barcelona '92

Bird, Pippen, Jordan y Drexler en la ceremonia de medallas de Barcelona '92 Reuters

El origen de su imperio

Sus palabras adquieren una relevancia especial por el papel que él mismo desempeñó en la comercialización del deporte moderno.

El Jumpman apareció en 1988, con las Air Jordan III, cuando Jordan ya era máximo anotador de la NBA y estaba cerca del primero de sus cinco premios MVP.

En 1984 había firmado con Nike siendo un novato, pero el éxito de la marca dependió de un principio que según él hoy se olvida: que la cancha debía alimentar a la empresa, no al revés.

Debate abierto

Las declaraciones de Michael Jordan, como no podía ser de otra manera, han generado reacciones en todas las direcciones.

Para algunos, Jordan apunta a una realidad evidente: jugadores como Cooper Flagg han firmado acuerdos multimillonarios con compañías como New Balance o Gatorade -e incluso con casas de apuestas- cuando aún no han disputado un solo partido profesional.

Para otros, la NBA actual funciona bajo dinámicas distintas, donde aprovechar las oportunidades comerciales forma parte, legítimamente, de la carrera de un deportista.

La propia liga ha respondido a estas tendencias con normativas más estrictas que buscan un futuro óptimo para la competición y los deportistas.

La Player Participation Policy obliga a las estrellas a estar presentes en partidos de relevancia y contempla sanciones superiores al millón de dólares en caso de reiterados incumplimientos.

Es un intento de equilibrar la competencia deportiva con un negocio que no deja de crecer año tras año.

Michael Jordan, sin embargo, mantiene intacto su mensaje: el legado nace en la cancha. Allí, y solo allí, es donde cree que se construye todo lo demás.