El cantante C. Tangana en una imagen de uno de sus videoclips.

El cantante C. Tangana en una imagen de uno de sus videoclips.

Música

C. Tangana humilla a una limpiadora en su último videoclip: ¿clasismo o perfomance?

Ni un día sin polémica. La última controversia protagonizada por C. Tangana -experto en provocación- ha venido a raíz del vídeo musical que ha presentado en colaboración con Jesse Báez, llamado Fácil. Como él mismo lo bautizó en redes sociales, es una oda al “ir de pedo en Chicago”, un canto al desfase, y arranca con una escena que muchos adeptos han considerado desafortunada: Báez y Tangana aparecen rodeados de amigos y amigas en una suerte de aeropuerto y descorchan varias botellas de champán, manchando de espuma y líquido todo el suelo bajo la mirada desconcertada de una señora limpiadora, que anda por ahí con su uniforme negro, sus guantes y cargando una escoba y un recogedor.

“Es una falta de respeto. Esa señora, con la cantidad de trabajo que tiene, encima tiene que aguantar que un gilipollas derrame champán por el suelo delante de sus narices. Pues ni puta gracia, le obligo a limpiar el suelo con la lengua, vaya”, escribe una usuaria. “Por qué os gusta C. Tangana si se comporta como un niño de tercero de la ESO que se cree guay por gritarle a su madre, molestar en clase e ir de canallita por la vida”, sostiene otra. “C. Tangana se ha burlado en la cara de la limpiadora”, añade un tercero en Twitter. 

Los comentarios del vídeo en Youtube son el mismo tono: “Qué guay, tirar champán al suelo y que lo recoja la de la limpieza. Mucho dinero, porros y lo que quieras, pero respeto por el trabajo de la gente cero”. O: “Qué lástima, los chavales ensuciando todo el suelo en el minuto 0.05 y la mujer de la limpieza esperando al lado para limpiarlo… La canción está bien pero habéis perdido la poca humildad que os quedaba”. “Me gustaría más si limpiaras el champán del suelo después de tirarlo”, añade otro fan. “Qué payaso. Si tuvieras que limpiar tú con la lengua el champagne del suelo estás que lo haces. Pobre la mujer de la limpieza, qué cara”.

La persona (y el personaje) 

El problema de base es que ni siquiera es una representación ficticia de clasismo, porque la escena está grabada de forma amateur y natural: la señora no es una actriz, es la trabajadora sorprendida que tendrá que recoger los platos rotos de la fiesta. La mujer es parte fortuita del rodaje: sólo la obrera que paga los excesos de unos jóvenes alocados, desconsiderados y montados en el dólar. El vídeo define bien el desprecio del artista rico y desfasado hacia el servicio. “Poco se habla de la legión de liberales que está creando C. Tangana entre sus seguidores, que ven como transgresión cualquier cosa que hace por el simple hecho de hacerla él, y venderla como un desafío al sistema cuando es la viva imagen de niño neoliberal con dinero”, comenta un usuario.

No obstante, hay debate: ¿hay que juzgar la escena como un acto del personaje o de la persona? Ernesto Castro, profesor de Filosofía en la Complutense y autor de Contra la postmodernidad, ha opinado en Twitter que “ofenderse porque C. Tangana derrame una botella de champán delante de la señora de la limpieza es como indignarse porque Zeus tenga sexo sin previo consentimiento: el gilipollas no es el personaje antiheroico, sino el que lo toma como modelo ético a ser imitado en su propia vida”. Aquí la contestación más destacada: “Con el pequeño matiz de que la vida real no es la mitología griega. Gilipollas es el personaje antiheroico y quien lo toma como modelo ético”.

¿Qué busca C. Tangana con esa imagen: la muestra por pura estética o subraya también su contenido ético? ¿Debe un artista ser ejemplarizante? ¿O, sea como sea, esta performance sobrepasa límites? Lo cierto es que Fácil es una canción completamente desprejuiciada, desde el vídeo hasta la letra, que arranca en pleno ejercicio de egotrip -“robarme a tu novia está fácil (…) rockear Balenciaga, está fácil, comprarme este Rolex está fácil (…) uh, sólo follo a modelos, un uno con seis ceros”- para acabar desbarrando en versos de lo más machista: “Versace, Versace, Versace, yo hago que la puta se empache, hago que se calle y se agache, me llaman torero porque entro a matar”. Mientras la indignación se apodera de las redes, Pucho sigue estirando los límites.