Los Chichos acaban de tocar en el Inverfest para despedirse de los escenarios en Madrid.

Los Chichos acaban de tocar en el Inverfest para despedirse de los escenarios en Madrid.

Música En primera persona

Los Chichos: "No creemos en Podemos, creemos en Dios"

"Toda la gente quiere cocaína, hasta los ministros" / "Si alguien se mete hoy en la heroína, no tiene perdón" / "A Rajoy le diría que deje de hablar tanta tontería y levante el país de una vez. Que nos devuelvan nuestro dinero". 

Los Chichos fueron la banda sonora de los niños malos del extrarradio, del lumpen tierno y atroz, de los excluidos de la verbena democrática. En esa España vieja -o quizá rabiosamente moderna-, Felipe González salía en la televisión vendiendo neoliberalismo disfrazado de pana, Los Calis cantaban "Más chutes no", las paredes de Bilbao rezaban "ETA" y la población crecía a la vez que el paro. Europa miraba, pero sólo veía modernidad, consumo y diseño.

La cara 'B' -la del desencanto, los coches robados y la vena abierta- se convirtió en un relato oscuro, en el espejo que le mostró al nuevo sistema sus propias vergüenzas. Por eso la escondieron debajo de la alfombra, como los platos rotos de la fiesta de unos pocos. "En la celda que yo estoy hay un buen amigo mío, él me cuenta sus penitas y se consuela conmigo. Yo salgo al patio llorando igual que si fuera un niño...", entonaban Los Chichos a quejío limpio. 

Vinieron llenos de pureza a contarnos quiénes éramos. El pánico, el desgarro: "Mami, no me dejes solo". El vértigo de nacer pobre y saber que se morirá pobre. El ser un rebelde de espíritu, un antistema sin saberlo. "En este mundo no hay humanidad, sólo manda el que tiene dinero. Y todavía nos mandan callar, de lo contrario van y te meten preso. Vamos a callar, vamos a callar para seguir viviendo...". La empatía hacia el quinqui, que arrastraba un encanto letal: ser la raspa más incómoda para un país que aspiraba a europeizarse, a brillar. "Tú eres El Vaquilla, alegre bandolero, porque lo que ganas, repartes el dinero". El amor como bilis amarga. "Y yo, enamorado de ti... eso sí que tiene guasa".

Y siempre, siempre, las ansias de libertad. "Libre como las estrellas, libre como el pensamiento". Vinieron llenos de verdad y se han quedado: 22 millones de discos vendidos y 45 años después, tocan en el Inverfest para despedirse de Madrid. Emilio nos atiende al teléfono. Hace sol y ha bajado al barrio a comprar cigarrillos. 

45 años en los escenarios, sí. ¿Que cómo hemos llegado hasta aquí…? Bueno, lo primero haciendo buenas canciones, buenos temas con buenos arreglos, letras que son hechos reales, por eso la gente nos quiere tanto. Nos han dicho “marginales”, ¿sabes? Por cantar a las cosas sociales. Antes y ahora: le cantamos al paro, a las discriminaciones, a la pobreza, a la gente que está en las cárceles. Hemos cantado contra el mangoneo, hablando de lo dura que es la vida y de lo dura que nos la hacen. Y nunca nos ha apoyado nadie, no hemos salido nunca en ninguna lista, ni en los 40.

Los primeros que nos apoyaron fueron los presos, gracias a El Vaquilla, que era muy seguidor nuestro y pidió que le hiciéramos la música de la película. Estuvimos con él en el penal de Ocaña. Él nos dijo que no robaba un coche si dentro veía un casette de Los Chichos. Después fuimos también a la cárcel de La Modelo, en Alcalá Meco… y nunca hemos cobrado nada, nosotros vamos allá a donde nos quieran. En las prisiones pagábamos hasta el transporte, la noche y las comidas. El momento más chungo de nuestra carrera fue cuando falleció nuestro compañero Jero. Se tiró por una ventana. Era el mejor compositor de rumba del mundo, el mejor de todos. Se fue en 1995.

Yo me crié como todos los niños de esa época, en la calle, ¿qué te esperas? En aquellos años la vida no era como ahora, ahora se gana uno mejor la vida… aunque yo nací pobre y moriré pobre, la buena vida nunca llega, a lo mejor sí una vida un poco mejor. Yo no tengo estudios y lo poco que sé es porque lo he vivido en la calle, no por los libros. De qué me voy a acordar, de las chabolas. Y la guitarra a cuestas. Nosotros crecimos en Vallecas. Yo me fui a Salamanca a ganarme la vida, al barrio chino, a tocar la guitarra con los Hermanos Farina. Con ellos gané dinerillo en fiestas privadas, dinero de los señoritos, vaya.

Los Chichos con El Vaquilla.

Los Chichos con El Vaquilla.

¿Que si dimos el pelotazo…? Mira, hemos vendido 22 millones de discos. Y es verdad lo que tú dices, estaban en todas partes, en los centros comerciales, en las gasolineras, en los mercadillos. ¡Pero vaya, que yo no sé dónde estará el dinero…! Se ha hecho rica mucha gente con nosotros. Lo han ganado todo las casas de discos, la SGAE… se lo llevan todo. ¿Tú sabes que uno montó un edificio a nuestra costa? Arregló los permisos para vender cintas nuestras y se lo compró. Un edificio. Las cosas han cambiado mucho, tú ahora vendes 10.000 discos y ya eres un campeón.

Estamos todavía dándole caña. Nosotros no queremos retirarnos, vamos a estar aquí hasta que el cuerpo aguante. Decimos que este es el concierto de despedida en Madrid, que en Madrid ya no trabajamos más, pero ahí está Getafe, o Alcalá de Henares, o donde sea. Si hay trabajo, claro, porque la cosa está mal. Luego nos pasa que sorprendemos. En el Primavera Sound, por ejemplo, se extrañaba la gente de que fueran Los Chichos. Allí había un montón de grupos modernos… un montón de extranjeros… ¡pero los triunfadores fuimos nosotros! ¡Para que tú veas! El escenario se nos quedó pequeño. Hay como siete u ocho escenarios allí, y nos pusieron uno que al final se nos quedó pequeño. Lo dijo la prensa: que fuimos los triunfadores.

Tenemos un público fiel que ha pasado de padres a hijos. Cuatro generaciones. Los padres se han criado escuchando a Los Chichos, ¿me entiendes?, y eso se hereda. Tú me recuerdas una anécdota… cuando en el penal de Ocaña le preguntábamos al público qué querían y respondían “¡Cocaína!”, y nosotros nos referíamos a qué canción. La gente que se mete en la coca no sabe en lo que se mete. Pero claro, no es que sea nuestro público, es que toda la gente quiere cocaína, hasta los ministros. ¿Y quién no se fuma un porro? Y en nuestros conciertos, pues bueno… la gente va con su copita y su porro, y yo no lo discuto. Mi consejo es que no tomen esas cosas.

Me dices que has entrevistado a supervivientes de La Movida y que hay algunos que te hablan muy bien de la heroína. ¡La gente está loca! No saben lo que dicen. La heroína es el diablo, el diablo. En aquella época no había tanta información como ahora. Ahora el que se mete es porque quiere, porque se hace cargo, pero antes no sabían nada… la gente se enganchaba como Pedro por su casa, los pobres, pero si alguien se mete heroína hoy es que no tiene perdón.

¿Cómo que si somos antisistema…? No sé eso de qué va, yo te digo que hemos cantado igual para los presos que para gente de alto standing, no tenemos un público fijo, nuestro público es de todas las clases sociales. Hay de todo en la viña del Señor. ¿Que qué recuerdo tengo de Felipe González? (Risas). Pues qué te voy a decir, hija. Fue un buen político, al principio. Los que se tienen que enrollar son los políticos de ahora, a ver si se quita este paro, que la gente está pasando mucha hambre y ellos se lo llevan todo puesto. ¿Que si creemos en Podemos…? No, mira, no creemos en Podemos ni en nada de eso, creemos en Dios. Lo único que hay que tener es mucha fe. Yo le diría a la gente que se enganchase a Dios, que tengan confianza en Dios, porque lo demás es todo mentira. Con la droga igual. Que no se enganchen a la cocaína, que se enganchen a Dios que él es la buena medicina.

Portada de Los Chichos: Y yo, enamorado de ti... eso sí que tiene guasa.

Portada de Los Chichos: Y yo, enamorado de ti... eso sí que tiene guasa.

Los políticos, todo mentira. Yo pienso como todos los españoles, que tenemos un Gobierno que se avergüenza uno, ¿sabes? Yo a Rajoy le diría que deje de hablar tanta tontería y que levante el país de una vez, que lleva ya muchos años, y que se meta con quien se está llevando nuestro dinero, que nos lo quitan todo. Yo le diría a Rajoy que nos devuelvan nuestro dinero. Me preguntas que si volveríamos a tocar en la cárcel. Pues si nos llaman, vamos.

Vamos siempre a donde nos llaman. Lo que pasa es que si tocamos ahora en una cárcel lo mismo nos encontramos allí a los políticos corruptos (risas). Qué va, eso es una broma. Esos no van a la cárcel, esos viven como reyes. A mí me gustaba tocar en las cárceles porque había gente sin medios, gente que de verdad admiraba a Los Chichos y que nos miraba embobada. Nosotros queríamos ir a darles un momento de alegría y que se olvidaran de donde estaban.

Nosotros en nuestras canciones tenemos un menú muy amplio. Amor, desamor, droga, cárceles, ¡todos los palos, tenemos…! Mis favoritas a lo mejor son la de Mujer cruel, la de Amor de compra y venta, la de Otro camino. La cachimba, Quiero ser libre… Hace ya como 40 años se me ocurrió escribir Papa, no le pegues a la mama. Antes pasaba en algunos casos, pero a mí me parece que ahora pasa más, o al menos lo vemos más.

Ahora pones la televisión y da miedo, se te quitan las ganas de comer y de todo. Pero bueno, nosotros hace ya tanto tiempo advertimos al público para que fuera más bueno. Fuera los maltratadores. A mí se me ponen los pelos de punta. Y esto no sólo lo sufre la mujer, lo sufren todos, la familia, los hijos… el cariño de la mujer es la cosa más bonita que puede tener un hombre y sin embargo, mira. ¿Ves que hay casos que el hombre mata a la mujer y después se pega un tiro? Pégate el tiro tú y deja vivir a los demás, joder.