Philip Roth in fraganti en su estudio.

Philip Roth in fraganti en su estudio. Getty

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Por qué boicoteó el Nobel de Literatura a Philip Roth

La Academia sueca pasa del canon norteamericano. Desde hace décadas el hecho narrativo de la generación de DeLillo, Pynchon, Oates, Doctorow o McCarthy no existe.

El malogrado jurado del Premio Nobel se ha mantenido más fiel a la negación de Philip Roth que a su propio criterio. Los miembros se mantenían y la lista negra también. Su nombre encabezó durante décadas los escritores y escritoras que no tendrían acceso al suculento botín (millón de euros), aunque fueran las figuras literarias más influyentes. “El problema es que a mí siempre me dijeron que había un miembro prominente de la Academia que detestaba a Philip Roth y que era el que sistemáticamente boicoteaba su candidatura. Y quienes me lo dijeron fueron sus agentes norteamericanos…”, cuenta a este periódico Claudio López de Lamadrid, director editorial de Penguin Random House, grupo responsable en castellano del fondo del autor fallecido.

Nadie conoce las razones por las que Roth fue anulado por la Academia sueca, año tras año, incluso en su racha meteórica en los noventa: Patrimonio, ganó el National Critics Circle Award, en 1991; Operación Shylock, el PEN (de 1993); El teatro de Sabbath, National Book Award, en 1995; y Pastoral americana, el Pulitzer en 1998. No necesitaba el Nobel, pero el Nobel sí lo necesitaba. “Hay que recordar que cuando le dieron el Man Booker Internacional, en 2011, una miembro del jurado dimitió indignada porque consideraba a Roth un misógino que no se merecía ni ese ni ningún otro premio”, cuenta Lamadrid.

El escritor Justo Navarro (Granada, 1953) explica que Roth es el máximo representante de la más literatura más traducida, más movida y más influyente, la cultura norteamericana es la que más corre y más se difunde. “Y Roth era un tipo de escritor muy comprometido con el lector medio y ese no es el rasgo preferido del jurado del Nobel. No lo aprecian, lo rechazan”. Asegura Navarro que Roth tiene lo que tienen los grandes escritores, una capacidad para participar en el momento, con el ritmo y las preocupaciones de su tiempo y de su época.

Roth era un tipo de escritor muy comprometido con el lector medio y ese no es el rasgo preferido del jurado del Nobel

Tampoco debió ayudar a la crema intelectual sueca el hecho de que en los setenta la sensualidad erótica de su literatura calentara sus novelas por encima de las posibilidades que puede soportar la corrección política. “Empezó siendo muy provocador y nunca perdió cierto matiz de provocación al plantear cosas que en su país podrían resultar molestas”, añade Navarro, quien cree que al canon sueco le sentaba peor su popularidad que si incorrección política.

Cánones a cañonazos

Durante décadas, la guerra fría entre Roth y la Academia Sueca representó el enfrentamiento entre el canon sueco y el canon norteamericano. Dos maneras de entender el hecho narrativo, desde puntos de vista antagónicos: revolucionar o reescribir.

Así lo cree la autora Aroa Moreno (Madrid, 1981): Roth no tiene el Nobel por el mismo motivo que no lo tienen otros grandes como McCarthy o Don Delillo, “son norteamericanos”. La autora de La hija del comunista (Caballo de Troya, 2017) supone que el Nobel prefiere premiar “el europeismo y sus valores, como forma de defensa frente a la fuerte influencia literaria norteamericana”.

La Academia hace años que me parece una banda de blancos adinerados eurocentristas, que se sienten estupendos cuando miran hacia África o Asia

Roth no era el problema, la crisis es con toda su generación. “La Academia hace años que me parece una banda de blancos adinerados eurocentristas, que se sienten estupendos cuando miran hacia África o Asia, pero que desprecian ideológicamente lo que Roth y los suyos representaron: un paso adelante en la literatura universal”, recuerda el autor de Prólogo para una guerra (Seix Barral), Iván Repila (Bilbao, 1978).

“Esto seguramente es humillante cuando eres un sueco cuyo máximo exponente es Tomas Tranströmer [1931-2015], y si eres francés o filofrancés directamente te provoca rabia. “¿Unos putos yankis van a venir a revolucionar lo que nosotros venimos perfeccionando desde hace siglos? Pues premiamos a LeClezio, joder, ese indispensable”. Los Nobeles a Alice Munro y Bob Dylan van en esa dirección: menos vosotros, lo merece “incluso” una autora de relatos o un cantante folk”.

Sus fantasías de viejo verde del que se enamoran las jóvenes me aburrían y su Pastoral americana me pareció poco interesante y muy conservadora

A Rafa Reig (Asturias, 1963), autor de Para morir iguales (Tusquets), el escritor norteamericano le interesa poco, “sus fantasías de viejo verde del que se enamoran las jóvenes me aburrían y su Pastoral americana me pareció poco interesante y muy conservadora”. Por otra parte, explica que el Nobel no se merece a Roth, “es un premio bastante tonto y con un criterio que es imposible compartir”.

El castigo divino 

Hay tantos motivos como hipótesis. Agustín Fernández Mallo (A Coruña, 1967) cree que el hecho de que la industria editorial norteamericana sólo traduzca el 2% de los libros que publica es determinante en el boicot. “Si desde 1993 ningún escritor estadounidense ha recibido el Premio Nobel es porque la Academia Sueca sanciona ese autismo cultural, ese vivir de espaldas al resto de literaturas del mundo”. Y la Academia se relame en la venganza con una “redoblada forma de castigo”: Bob Dylan, antes que toda la nómina de escritores y escritoras “sobradamente merecedores del premio”.

La Academia Sueca sanciona la narrativa estadounidense por ese autismo cultural, ese vivir de espaldas al resto de literaturas del mundo

La literatura de Roth ha trascendido todo premio, cuenta María Fernanda Ampuero (Guayaquil, 1976), que acaba de publicar Pelea de Gallos (Páginas de Espuma). “Hay una amargura y un cinismo tan grandes en él”, cuenta como posible explicación al choque frontal con lo sueco. “La condensación de todo el sinsentido del mundo explotándote en la cara a veces sin que te des cuenta. Es tan difícil todo, es tan equivocado, tan falso, tan frágil. Somos mierdecillas. También hay derrota y también hay miseria y también hay anhelo y también hay una sexualidad desesperada. Todo eso que sabemos que nos va a destruir”. La autora se pregunta: “¿Quién quiere aplaudir al abismo y su maestro de ceremonias?”.

Escándalos sexuales

“La muerte de Roth devalúa el Nobel más que la broma de Dylan”, rotundo Iván Repila, para quien el gran valor del autor fue siempre escribir sin evasivas, desde la crudeza blanca y miserable de un tío de su generación, es decir, machista, un cabrón. “Esto, seguramente, desnuda las taras de una Academia, a la vista está, podrida desde hace años”. “Algunos libros de Roth y su exploración del deseo masculino causarían cierta incomodidad a la Academia sueca. Tiene literatura que el año que fallece Roth no haya premio Nobel para las letras por los supuestos escándalos sexuales”, cuenta Aroa Moreno.

Algunos libros de Roth y su exploración del deseo masculino causarían cierta incomodidad a la Academia sueca

El actor Israel Elejalde (Madrid, 1973) cree que es indudable que Roth es fundamental por su capacidad “para desenmascarar los supuestos pilares sobre los que se asienta la sociedad americana”. “Me fascina el pulso emocional de sus novelas, sus personajes complejos, su visión desencantada de la vida, que respira sin embargo una fascinación profunda por la necesidad de pelear por encontrar un sentido. Es un escritor honesto, que siempre se muestra, que no se esconde detrás del estilo”, dice.

A la Academia también le gusta que sean progres, conservadores o de extremo centro. Roth no era fácil de clasificar y era un aguafiestas

El humor tampoco tiene buena prensa, aquí (a pesar del Premio Cervantes a Eduardo Mendoza) y en Suecia. Y el norteamericano era cáustico y sarcástico. Este prejuicio lo recuerda el autor Iban Zaldua (San Sebastián, 1966), que cree que la sombra de la misoginia ha vetado el Nobel. “Pero Roth no hizo sociología, no intentó hacer filosofía o política desde sus personajes. Sólo literatura. Esto también puede que contara en contra, porque a la Academia también le gusta que sean progres, conservadores o de extremo centro. Roth no era fácil de clasificar y era un aguafiestas”. Esto habría matado el discurso buenista sobre las virtudes de la lectura y las esperanzas del lector, que acostumbra a escucharse en palabras de un Nobel.

A José Ovejero (Madrid, 1958), autor de La seducción (Galaxia Gutenberg), le deja perplejo que se lo den a Dylan antes que a Roth. “La radicalidad, la aparente inmoralidad de algunas obras de Roth (pienso en Animal moribundo, El teatro de Sabath, El lamento de Portnoy) puede ser un obstáculo”, dice Ovejero como posible motivo para la incomodidad del jurado. Pone como ejemplo Patrimonio, donde escribe sobre un padre con “crudeza” y “con ese ánimo de contar con toda la brutalidad necesaria, sin adornos ni paños calientes”. Ovejero reconoce haber aprendido de Roth el compromiso absoluto con la literatura, “con escribir hasta las últimas consecuencias, por mucho que duela”.