Fortunato Aguirre y Emilio Mola.

Fortunato Aguirre y Emilio Mola.

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El alcalde del PNV que avisó a la República de la traición del general Mola y nadie le hizo caso

Fortunato Aguirre llamó al gobierno central de la Segunda República pero su denuncia fue ignorada.

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El 18 de julio fue el día en el que la historia de España cambió por completo e inició un periplo que a día de hoy todavía es un tema recurrente en la política española. La Guerra Civil española duró aproximadamente tres años y el hambre, el exilio y la muerte estuvieron más presentes que nunca en nuestro país. No obstante, el golpe de estado de 1936 no fue ningún tipo de reacción espontánea; estaba premeditado desde hacía tiempo.

Ya en marzo de 1934 Mussolini se había reunido con un general del ejército español, dos carlistas y el líder monárquico Antonio Goicoechea en Roma para enviar recursos económicos a los grupos antirrepublicanos con el propósito de destruir la Segunda República. De la misma manera, antes de la sublevación en África los militares trataron de afianzar verbalmente una victoria en todas las provincias para evitar un conflicto armado que se alargara.

"Por medio del terror y de unas tácticas bélicas superiores, la mayor parte de Andalucía y Extremadura cayó bajo el control de los rebeldes en el verano y otoño de 1936, pero estos no consiguieron tomar Madrid", escribe el profesor de Historia en la Universidad de Kent Mark Lawrence en Las Guerras Civiles españolas (Alianza). De igual manera, pese a que el norte resistiera, Navarra fue desde un primer momento nacional gracias al general Emilio Mola, quien desde un principio había participado en la conspiración contra el sistema vigente.

Es más, el general Batet, fiel a la República, se reunió en el monasterio de Irache con Mola para averiguar si su compañero formaba parte de alguna estratagema que atentara contra el legítimo gobierno. El general en jefe de la VI División Orgánica de Burgos, que había viajado hasta Navarra, llegó a pedirle su palabra de honor de que no participaría en ninguna sublevación, que Mola efectivamente le dio e incumplió en menos de 24 horas.

El silencio republicano

El monasterio de Irache está ubicado a 3 kilómetros del municipio de Estella, y evidentemente la noticia de aquella secreta reunión llegó a oídos del alcalde Fortunato Aguirre Luquin. Además de participar en la fundación del CA Osasuna, el alcalde del PNV había presidido el proyecto del estatuto vasco-navarro con la intención de crear un Estatuto de Autonomía conjunto para las provincias de Álava, Guipúzcoa, Navarra y Vizcaya.

Aguirre, una vez comprendió que existía una red de comunicaciones golpista en Navarra, ordenó vigilar las salidas del monasterio. Así se explica en el documental La Guerra Civil en Euskadi dirigido por Koldo San Sebastián en el año 2006, donde se narra cómo el alcalde del Partido Nacionalista Vasco telefoneó al gobierno central para notificar la reunión que estaba teniendo lugar en el monasterio. Aguirre sabía que tanto Mola como otros miembros del ejército habían conversado con carlistas y falangistas. Sin embargo, el gobierno central no tomó en cuenta las constantes denuncias del alcalde y alegaban que Mola era leal a la República. "Si los militares se quieren levantar, yo me voy a acostar", es una de las citas célebres que se le atribuyen al por entonces presidente del Consejo de Ministros Santiago Casares, quien siempre rechazó cualquier información sobre un posible golpe.

El general Mola en 1936

El general Mola en 1936

La llamada de Fortunato Aguirre fue ignorada y la guerra comenzó. El alcalde fue detenido el mismo 18 de julio y, tal y como relata su hijo José Miguel Aguirre en La Guerra Civil en Euskadi, fue trasladado el 29 de septiembre de 1936 hasta los muros del cementerio de Tajonar, donde sería fusilado.

Fortunato Aguirre no sería el último político en ser ejecutado —ni el último soldado, ni el último civil— pero sí fue uno de los primeros en darse cuenta del inminente golpe del 18 de julio de 1936. Pero la República decidió hacer caso omiso de su llamada.