Batalla de Toro (1476).

Batalla de Toro (1476).

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Juana de Arintero, la leonesa que se disfrazó de hombre para defender España de los portugueses

La joven sustituyó a su padre para defender su hogar haciéndose pasar por varón en el campo de batalla.

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El municipio de Arintero es uno de esos apartados pequeños pueblos españoles que, actualmente con menos de medio centenar de habitantes, pasaría totalmente desapercibido si no fuera por una mujer que decidió imponerse a los roles establecidos y defender su tierra de los portugueses.

Corría el año 1469 cuando la princesa Isabel de Castilla contrajo matrimonio con el príncipe Fernando de Aragón. Cuando el hermano de Isabel, el rey de Castilla Enrique IV —conocido también como El Impotente—, falleció el diciembre de 1474, Isabel reclamó el trono. Pero había un inconveniente: la única hija de Enrique IV, Juana, se casó a los 13 años con el rey de Portugal Alfonso V. Este tensión dinástica produjo todo tipo de conflictos principalmente en Galicia y en la frontera leonesa, donde algunos combatían por Juana y otros por Isabel.

Los portugueses iniciaron así una serie de ofensivas y ocuparon Plasencia. Lo mismo ocurría con Toro y Zamora y la ciudad de León se decantó por Juana, apodada como la Beltraneja. Además, varios nobles projuanistas tomaron el castillo de Burgos y el reino de Francia barajaba apoyar a Alfonso V. Los futuros Reyes Católicos estaban en peligro.

De esta manera, cada familia debía enviar al menos a un hombre que luchara a favor de Fernando el Católico. Sin embargo, tal y como escribe el historiador bilbaíno Juanjo Sánchez Arreseigor en ¡Caos histórico!: mitos, engaños y falacias (Actas), en la familia García de Arintero no había ningún varón en condiciones de batallar. Juan García era demasiado mayor y sus descendientes eran todas mujeres.

La Mulan española

"Para la familia, enviar a un representante a la guerra era algo más que una cuestión de orgullo. El teatro de operaciones estaba incómodamente cerca de casa y se trataba de una guerra civil, donde quedarse al margen podría verse como una forma de escurrir el bulto con excusas hasta ver quién ganaba", narra el historiador.

Juana García lo tenía claro desde el primer momento. Sería ella quien, escondida bajo el nombre de Oliveros, defendería su pueblo en nombre de la familia. "Cómpreme armas y caballo, que a la guerra me voy yo. Cómpreme una chaquetilla de una tela de algodón para apretar mis pechos al lado del corazón", se dirigía la joven a su padre.

Oliveros fue a la guerra y, pese a que la leyenda dice que la dama de Arintero luchó durante 10 años, puesto que la hazaña de Juana García es una de esas historias que oscilan entre la ficción y la realidad, su aventura bélica se ciñó a unos pocos meses. "Los portugueses se mantuvieron en la zona hasta mediados de junio de 1476. Luego se replegaron para defender su país, cada vez más hostigado en todos los frentes", escribe Sánchez Arreseigor.

Al final fue descubierta. La leyenda cuenta que una lanza desgarró su jubón en combate, dejando uno de sus pechos al descubierto. El historiador bilbaíno desconfía del relato y considera que lo más factible hubiera sido que uno de los miembros de su séquito se hubiese ido de la lengua.

Fernando de Aragón otorgó a Juana de Arintero los privilegios que buscaba.

Fernando de Aragón otorgó a Juana de Arintero los privilegios que buscaba.

No obstante, la joven, lejos de huir, exigió en su nombre varios privilegios para su pueblo natal. Pretendía que Arintero fuera conocido como solar de hijosdalgo notorios, que los vecinos estuvieran exentos del pago de tributos reales y del servicio militar o que los apellidos Arintero fuesen presenteros en la parroquia de Santiago Apóstol. El rey Fernando se lo concedió todo pero obligó a la dama a regresar a casa. No se conoce más acerca de la vida de Juana de Arintero y los relatos posteriores son meras especulaciones que alimentan la leyenda de una heroína que recuerda a otros personajes históricos como Juana de Arco o a la película de Mulan.

Lo que sí se sabe es que Felipe V renovó los privilegios concedidos por Fernando de Aragón. Los eruditos del siglo XIX pudieron examinar diversos documentos, pero por desgracia fueron destruidos durante la Guerra Civil española. "Esa catástrofe dejó a la dama de Arintero entre las brumas de la leyenda", concluye Sánchez Arreseigor.