Cuadro de Alexandre-Auguste Robineau que retrata un duelo de esgrima entre del caballero d'Eon, vestido de mujer.

Cuadro de Alexandre-Auguste Robineau que retrata un duelo de esgrima entre del caballero d'Eon, vestido de mujer. Royal Collection Trust

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El secreto de la espadachín favorita de Jorge IV estaba debajo del vestido: era un hombre

El caballero de Éon fue un diplomático, militar y espía francés que vivió media vida disfrazado de mujer y terminó exiliándose en Londres.

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El cuadro fue pintado por el francés Robineau, un tipo peculiar que adoptó el nombre de Alexandre para sus creaciones musicales —era violinista, compositor y director de orquesta— y el de Auguste para firmar sus obras de arte, a finales del siglo XVIII. En el lienzo se retrata un combate de esgrima presenciado por un joven Jorge IV, entonces príncipe de Gales y futuro rey de Inglaterra, entre el caballero de San Jorge, considerado como el mejor tirador de Europa en la época, y el caballero de Éon, registrado en abril de 1787.

Pero lo que llama la atención del lienzo, expuesto por primera vez al público en una muestra en Londres, en Buckingham Palace, que se inaugura en unos días, es el atuendo del caballero de Éon, el espadachín retratado a la derecha y que sería el vencedor del combate. Aparece con ropas de mujer, con un vestido negro, perfilado con clara apariencia femenina. El contrataste entre el título y el físico del personaje levanta inevitablemente el interrogante sobre cuál era su verdadero sexo.

Según la descripción del lienzo proporcionada por la Royal Collection, "el caballero de Éon (1728-1810) fue conocido principalmente porque nadie podía determinar su verdadera identidad orgánica, ya que pasó la primera parte de su vida como hombre y la segunda como mujer". Nacido como Carlos de Éon de Beaumont, trabajó como diplomático y espía de los servicios secretos de Luis XV de Francia en varios países europeos.

Retrato del rey inglés Jorge IV, por Thomas Lawrence.

Retrato del rey inglés Jorge IV, por Thomas Lawrence.

Sus primeras misiones de inteligencia las realizó en Rusia, donde ya se registran rumores que señalan que adoptó una presencia femenina para acercarse a la zarina Isabel I y recabar mejor información. Después de combatir en la Guerra de los Siete Años, Éon fue enviado a Londres para seguir con sus labores de espionaje. Sin embargo, una disputa con el embajador francés provocó que rompiese todas sus relaciones con la corte de Versalles.

En 1775 engañó al dramaturgo Beaumarchais, quien le consiguió una pensión, haciéndole creer que realmente era una mujer. Dos años más tarde se le ordenó regresar a Francia, se le arrebataron sus títulos militares y se le obligó a vestir como un hombre. Se exiliaría nuevamente en Londres en 1785, adoptando desde entonces la apariencia de una mujer, lo que generó un profundo debate en las altas esferas inglesas, pues conocía a gente muy importante.

La autopsia

Como refleja el cuadro de Robineau, el caballero de Éon, siempre vestido como una dama, era un habitual de los duelos de esgrima que Jorge IV celebraba en su mansión de Carlton House, al oeste de Trafalgar Square; y se reveló en uno de los grandes tiradores de su tiempo, con un carácter feroz.

Lo que no se puede determinar es si el monarca inglés conocía realmente el secreto de su espadachín predilecto, aunque seguramente estuviese al tanto de los rumores. "No conservamos ningún comentario de Jorge IV sobre el tema más allá de esta pintura, lo que sugiere que estaba lo suficientemente orgulloso del evento no solo para encargar un cuadro, sino también para ordenar impresiones para regalar", ha señalado Kate Heard, comisaria de la exposición Jorge IV: arte y espectáculo.

Al morir el caballero de Éon —o Mademoiselle de Éon— en 1810, la autopsia concluyó que "tenía órganos masculinos perfectamente formados en todos los aspectos" aunque el cuerpo también presentaba características femeninas, como unos "pechos notablemente abultados". Esto disparó las sospechas sobre su hipotética condición de persona intersexual, o incluso hermafrodita. Este personaje histórico dio nombre al concepto de eonismo o transvestismo, es decir, el deseo que experimentan ciertos hombres de vestirse con atributos femeninos.