Retrato de Deborah Sampson en 'The Female Review'.

Retrato de Deborah Sampson en 'The Female Review'.

Historia ¿Patriotismo o falta de recursos?

La mujer que combatió 17 meses en el ejército de George Washington disfrazada de hombre

El hallazgo de un diario vierte luz sobre la historia de Deborah Sampson, una de las más fascinantes de la Guerra de Independencia de EEUU.

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El 23 de enero de 1782, Abner Weston, un cabo de la milicia de Massachusetts, reflejó en su diario un acontecimiento "anormal" que se había registrado en su pueblo, Middleborough, en Plymouth, Estados Unidos: una mujer vestida de hombre había tratado de alistarse en el ejército de las Trece Colonias. Descubrieron su artimaña y la declararon no apta para empuñar un fusil.

Aquella hembra, de nombre Deborah Sampson, conocía de antemano las consecuencias de su acción: vestirse con las ropas de un varón se consideraba delito en Massachusetts, y su treta enfureció a las autoridades de la Iglesia. El mes de septiembre decidieron excomulgarla por su conducta "inapropiada para un cristiano". Sin embargo, para aquel entonces, Sampson ya se hallaba lejos del pueblo. Estaba cumpliendo su sueño de participar en la revolución.

Un tiempo después de su primera intentona fallida, la mujer se desplazó hasta la localidad vecina de Bellingham, a unos 60 kilómetros, e hizo valer su engaño: en mayo de 1782 quedó alistada en el 4º Regimiento de Massachusetts, una unidad de élite del Ejército Continental de George Washington, en la que luchó 17 meses sin ser descubierta y bajo el nombre de Robert Shurtleff. Como una suerte de Mulán moderna.

Su aventura es una de las más fascinantes de la Guerra de Independencia de EEUU y si bien los historiadores se han puesto de acuerdo en que se enfundó un uniforme y derramó sangre por su país —resultó herida al menos dos veces, llevando una bala de rifle dentro de su cuerpo hasta el día de su muerte—, existen una serie de lagunas en su relato que conducen a apostar por cierto romanticismo a la hora de narrar los hechos. Sampson dejó un puñado de textos manuscritos detallando su participación en la contienda que Herman Mann, un editor de periódicos sensacionalistas, adaptó libremente en una especie de biografía publicada en 1797 bajo el título de The Female Review.

De sirvienta a soldado

Las dudas históricas sobre la figura de Deborah Sampson se centran en su supuesta participación en la decisiva batalla de Yorktown (1781) y en cómo fue capaz de mantener su identidad real en secreto durante tantos meses. Ahora, según informa The New York Times, el hallazgo de los diarios de Abner Weston, un vecino del pueblo de la mujer que también combatió, pueden solventar algunas de estas cuestiones sobre el rol que jugó la soldado Robert Shurtleff en la guerra: según sus notas, el alistamiento fallido de Sampson se registró en algún momento de enero de 1782, meses después de que las tropas británicas fuesen derrotadas en Yorktown.

Las fuentes generalmente concuerdan en que Deborah Sampson nació en el seno de una familia pobre a finales de 1760 en Plympton, Massachusetts. Según se relata en su biografía en el Museo Nacional de Historia de las Mujeres, fue destinada como sirvienta de un agricultor de Middleborough después de que su padre nunca regresase de un viaje marítimo y su madre no dispusiese de recursos para cuidar de ella ni de sus hermanos. Hasta los 18 fue autodidacta e impartió clases en los veranos de 1779 y 1780.

¿Pero qué fue lo que le llevó a tratar de alistarse y combatir en la Guerra de Independencia? ¿Fue una cuestión patriótica o la desesperada búsqueda de una paga suficiente, aunque ello condujese a poner su vida en juego? Tal vez fue una mezcla de ambas. Durante la contienda, Sampson participó en varias operaciones militares en Hudson Valley hasta que su secreto se destapó en 1783, unos meses antes de terminar la guerra: la mujer cayó enferma en Philadelphia y el doctor que la trataba descubrió que aquel soldado no era un hombre. La dieron de baja, aunque esta vez con honores.

Tras la guerra, Sampson se casó con un granjero de Massachusetts, formó una familia de tres hijos y empleó mucho tiempo luchando contra el Congreso para que le concediese su pensión por verter sangre por su país. No sería hasta cuatro años después de su muerte, en 1827, que le llegó a los 66, cuando el comité que estudiaba el caso determinó que la historia de la revolución de las Trece Colonias "no proporcionó ningún otro ejemplo similar de heroísmo femenino, fidelidad y coraje". Sampson obtuvo su reconocimiento, pero para entonces ya no lo pudo disfrutar.