¿La maleta olvidada en una esquina u obra de arte?

¿La maleta olvidada en una esquina u obra de arte? PHR

Arte una feria a pleno rendimiento

¿Arte o maleta? ARCO

Nos encontramos una maleta tirada en una esquina de la feria. Rodeada por cinta aislante azul. Quisimos preguntar su precio, pero nadie pudo respondernos. ¿Qué era aquello? ¿Qué es el arte?

Hace unos días, en la jornada de montaje de la feria de arte contemporáneo ARCO, en Ifema (Madrid), apareció una maleta en una esquina de un estand de una galería. La trolley estaba rodeada por tres tiras de cinta aislante azul, que subrayaban su presencia entre las inmaculadas paredes del mercado. Nadie parecía custodiar esta pieza y el resto de obras de arte que decoraban el espacio para su venta. Los responsables habían salido a la hora del segundo desayuno, pero la galería no era española.

No hubo manera de averiguar qué era aquel Objeto Artístico No Identificado. ¿Es la maleta abandonada por un artista? ¿Una alegoría del viaje interrumpido, la metáfora de las medidas anti inmigración del presidente de los EEUU, un símil de la tensión en los tiempos del ISIS, la visión críptica del viaje suizo de Iñaki Urdangarin? Nadie sabía su precio, nadie pudo responder.

Todo envasado al vacío, listo para no molestar, para no inquietar, no incordiar. Arte sin preguntas, el arte que confirma

Por un momento ARCO parecía volver a la vida al recuperar la pregunta que se hace el arte contemporáneo desde hace medio siglo: ¿qué es el arte? La feria se ha convertido en una alhóndiga donde uno encuentra lo que busca. Todo está catalogado y etiquetado. Todo envasado al vacío, listo para no molestar, para no inquietar, no incordiar. Arte sin preguntas, el arte que confirma.

Arte sin osadía

ARCO ya no es más que un llavero bonito, donde nada rompe nada y el arte ni desacraliza lo trascendente, ni dignifica lo banal. ARCO es el IKEA caro. Y su asepsia impuesta por la dirección de la feria lo convierte todo en un propósito decorativo: nadar y guardar la ropa. Nada de nadar a contracorriente. ¿Nada? Nada. Arte sin osadía, sin eficacia. Arte desnatado, arte patrocinado por cerveza, cava y café. De pegada débil y guante blanco. Arte Perfectamente Identificado. Entonces, ¿esa maleta era sólo una maleta?

Baudrillard acusó de aprovecharse de información privilegiada para acomplejar al resto de la comunidad

Algún día, Jean Baudrillard abrirá su tumba y saldrá a pasear por los pasillos de Ifema para reconciliarse con el arte contemporáneo, al que acusó de aprovecharse de información privilegiada para acomplejar al resto de la comunidad. Dijo que era un complot del arte para imponer al resto el gusto y la moral. Estaba harto de complejos, de ver cómo los artistas se reían de él ante su cara de incredulidad. ¿Una maleta una obra de arte? ¡Imposible! Insultó al arte contemporáneo por preferir la idea que la imaginación y provocar en el público la disuasión, la desilusión, la revancha y la parodia. Baudrillard estaba cabreado, quería llaveros. El arte, no. Baudrillard habría aplaudido a la dirección de la feria actual y sería comisario de alguna actividad.

Ahí está la maleta. Llena de dudas sin resolver. La única pregunta abierta en medio de un mar manso, donde nadie cuestiona la concepción del arte como bien de consumo y entretenimiento. Pero, ¿quién puede molestar en un centro comercial? No hay elementos extraños a la esfera artística, no hay confusión entre arte y realidad, todo debate sobre los problemas de la identificación del arte ha quedado vedada. Las discusiones se centran en cómo mejorar las condiciones de los coleccionistas y los mecenas. Hacer fuerte un lobby del que el Gobierno se rio hace años con una falsa bajada del IVA.

Al interés privado no le interesa educar la mirada, sino que sus inversiones se multipliquen en poco tiempo

Warhol sería rechazado en ARCO. Reivindicar la cotidianeidad en el arte está prohibido. Duchamp también, por querer crear un efecto desconcertante. El desconcierto ha sido despedido, como también el interés público. Cualquier compromiso social para enseñarnos a preguntarle a una obra de arte está fuera de lugar. Al interés privado no le interesa educar la mirada, sino que sus inversiones se multipliquen en poco tiempo. ARCO es un gigantesco montaje industrial, que consigue que el arte sea lo menos parecido al arte.