El presidente de la Fundación Nobel, Carl-Henrik Heldin /EFE.

El presidente de la Fundación Nobel, Carl-Henrik Heldin /EFE.

Cultura Guerra cultural

¿Por qué este año habrá dos Nobel de Literatura?: la estafa de la Academia para creerse feminista

El escándalo de los abusos sexuales en la Academia -y las renuncias consecuentes- cancelaron el premio el año pasado. No sucedía desde la II Guerra Mundial. 

¿Por qué este año habrá dos Premios Nobel de Literatura? Es lo que muchos se preguntan ante el evento cultural de mañana, que fallará a dos premiados. O premiadas. Es una situación excepcional que no tiene lugar desde la II Guerra Mundial, entonces por razones obvias: pura supervivencia. Urgencia bélica. Sin embargo, el año pasado fue duro para la reputación y la estructura de la Academia Sueca -encargada de conceder el prestigioso galardón desde 1901- por la masa de acusaciones sexuales que se produjeron en su seno.

Fue Sara Danius -secretaria permanente y primera mujer en liderar la institución en sus más de 200 años de vida- la que dio el paso de abandonar su cargo para incentivar también la renuncia de la poetisa Karina Frostenson, esposa de Jean Claude Arnault, el verdadero denotante del escándalo. Arnault fue acusado en noviembre de 2017, por dieciocho mujeres, de acoso sexual y violación, poniendo en jaque a la Academia y enfrentándola al paisaje más espinoso de su historia. Dado que la mayoría de la institución, en un primer momento, apoyó al matrimonio Arnault-Frostenson, varios de sus miembros fueron dimitiendo por pura vergüenza. Ahí Klas Ostergren, Kjell Espmark, Peter Englund o Sara Strindberg, entre otros.

Estas bajas -en total, seis- dejaron a la institución en cuadro, con sólo diez miembros activos. Los otros dos están ausentes desde hace años por diferentes motivos. Las renuncias, en realidad, eran simbólicas: estos académicos podían negarse a votar pero no irse oficialmente, porque los cargos eran vitalicios. Ante el drama, el rey Carlos Gustavo modificó las bases para que los miembros pudiesen abandonar libremente su puesto, pro sin carácter retroactivo. Fue en ese momento cuando decidieron no fallar el Nobel ese año. La crisis de confianza era insostenible.

El lavado de cara de la Academia

Es curioso que sólo haya habido dos grandes motivos en la historia para clausurar la entrega: las guerras mundiales y el feminismo. Sí, el feminismo, porque estas denuncias fueron otro potente tentáculo del Me Too gestado en Hollywood: fue ante la avalancha de acusaciones por comportamientos sexuales indebidos en diferentes estratos de la sociedad occidental, cuando estas víctimas se animaron a denunciar sus casos desde el diario Dagens Nyheter.

Sin embargo, ¿ha hecho lo correcto la Academia? ¿No era más serio, más respetuoso con la polémica y con las afectadas por ella, dejar un año en barbecho, un año sin premio, en vez de dar dos este -como si nada hubiera pasado-? Posiblemente. Del 1940 al 1943 no se entregó ningún galardón y a nadie se le ocurrió dar tres en 1944, cuando lo recibió Johannes Vilhelm Jensen. Se hubiera entendido socialmente como una frivolidad frente a un trauma tan terrible como la guerra. Aquí no.

La Academia sólo se lava la cara con la gran revolución del siglo XXI: el feminismo. Los códigos severos que aplica a otros males no los aplica a la violación y al abuso sexual. Es esperable viniendo de una institución donde sólo 14 mujeres han ganado el Nobel de Literatura en 116 años. Los más avispados creen que al menos uno de los dos galardones irá este año para una escritora. Por supuesto: siempre bajo ese aura paternalista de "se lo han dado por cumplir con la causa". 

La verdad sobre Arnault

Hablemos del hombre que lo desencadenó todo: Arnault, de 73 años, era un hombre poderoso e influyente, un pope de la cultura nórdica. "En su juventud era fotógrafo, pero no tenía mucho éxito. Participó en algunas obras pequeñas de ópera y teatro. Su posición en la cultura sueca viene del hecho de estar casado con un miembro de la Academia", argumentó a la BBC Björn Wiman, editor de cultura de Dagens Nyheter, uno de los mayores expertos e investigadores del escándalo.

Fue a finales de los ochenta cuando el aparentemente próspero matrimonio abrió Forum, un centro cultural que acabaría consagrándose como uno de los grandes centros neurálgicos de las artes y la literatura de la capital sueca. Durante muchos años, la Academia Sueca contribuyó en su financiación. Wiman recordó que las denunciantes de Arnault habían explicado que "utilizaba su amistad y sus conexiones con la Academia, y el poder que ambas cosas le otorgaban, para seducir y abusar a muchas mujeres".

La biografía de Arnault es confusa: cuando se destapó el zafarrancho, se comprobó que muchos datos que él había aportado sobre su vida no eran ciertos. Mintió sobre las escuelas en las que presuntamente estudió, mintió sobre sus exposiciones de fotografía. Se pintó a sí mismo como un intelectual progresista que se había partido al cara en las barricadas de mayo del 68. Falso. En su país se llegó a publicar en prensa que él había filtrado antes de lo establecido nombres de ganadores como Harold Pinter o Bob Dylan. Su disfraz ya ha caído.

Condenado por otra violación

Ya en octubre del año pasado fue condenado a dos años de prisión por una violación cometida en 2011. Lo suyo era un secreto a voces, como lo de Harvey Weinstein, pero la ley del silencio se había impuesto. Como siempre, por temor. Por la sensación de que es inútil tratar derribar las estructuras machistas. 

La sentencia que lo condenó fue unánime: se le acusaba de haber obligado a una mujer a practicarle sexo oral sin su consentimiento. También intentó mantener relaciones sexuales con ella mientras dormía. Arnault acumulaba denunciantes, pero en la mayoría de casos, los delitos habían prescrito.