Maqueta del navío San Telmo.

Maqueta del navío San Telmo. MNSF

Cultura Arqueología marina

El enigma del San Telmo, el navío español que desapareció en la Antártida sin dejar rastro

El Museo Naval de San Fernando acoge una muestra para homenajear a los 644 tripulantes del buque hundido en el año 1819.

La expedición marítima bautizada con el nombre de División del Mar del Sur, formada por cuatro barcos con el navío San Telmo a la cabeza, izó las velas en el puerto de Cádiz el 11 de mayo de 1819. Su destino era el continente americano y la misión, el envío de tropas —un total de 1.400 soldados— y recursos al virreinato de Perú, donde empezaba a ser patente la amenaza de levantamientos a favor de la independencia de la colonia de la Corona española.

Al San Telmo, un veterano de la Armada de 74 cañones y capitaneado por Joaquín de Toledo, lo acompañaban el navío Alejandro I, adquirido al zar ruso uno años atrás, ya en un estado deplorable; el mercante armado Primorosa Mariana, que servía de transporte; y la fragata Prueba. El mando de la escuadra recayó forzosamente en el brigadier Rosendo Porlier, que se mostraba pesimista antes de embarcarse en la empresa: "Adiós Francisquito, probablemente hasta la eternidad...", le diría a un amigo íntimo en el puerto de la ciudad gaditana.

"El estado en el que se encontraban las cuatro embarcaciones [el San Telmo llevaba 30 años surcando los mares] no presagiaba nada bueno, pues se trataba ya de naves con muchos años de servicio y con un pobre mantenimiento en la última época debido a la situación que atravesaba España", cuenta la investigadora Elena Martín-Cancela en su libro Tras las huellas de San Telmo. En ese 1819, el país estaba sumido en un caos económico, provocado por la guerra contra la invasión napoleónica, y social, tras la restauración del absolutista y vengativo Fernando VII.

A la concatenación de movimientos insurrectos en el Nuevo Mundo por la independencia, el trono español también debía hacer frente a la precaria situación de una Armada que había sido potencia hegemónica en el mar en el siglo anterior. Por lo tanto, mandar refuerzos al otro lado del Atlántico no solo era una anomalía, sino que cuando se enviaba una expedición, como en el caso de la División del Mar del Sur, los medios a disposición dejaban mucho que desear.

La travesía ya hubo de enfrentarse a imprevistos desde el primer día: el Alejandro I demoró su partida 24 horas por una avería en el cabestrante mayor. Jornadas después, cuando la escuadra fue golpeada por la primera tormenta, este navío a punto estuvo de hundirse y Porlier ordenó su regreso a casa. Las tres embarcaciones restantes doblaron el Cabo de Hornos en septiembre, pero los fuertes vientos y el mal tiempo se cebaron especialmente con el buque insignia.

Ilustración del navío San Telmo.

Ilustración del navío San Telmo. Museo Naval de Madrid

El día 2 de ese mes, el San Telmo, con sus 644 hombres a bordo, presentaba averías en el timón, el tajamar y la verga mayor, lo que le dejaba a la deriva. Por mucho que intentasen las otras dos fragatas remolcarle, el mar salvaje convirtió en un imposible la operación de rescate. Mientras el navío quedó a su suerte en aquellas aguas al borde de la Antártida, sus compañeras de expedición sí lograron alcanzar el puerto del Callao (Perú) un mes más tarde, informando que la última posición conocida del San Telmo fue latitud 62º sur y longitud 70º oeste.

Nunca nadie volvió a saber nada más del San Telmo y su tripulación. El 6 de mayo de 1822, casi tres años después del naufragio, se daba de baja al navío y a sus 644 marineros. "En consideración al mucho tiempo que ha transcurrido desde la salida del navío San Telmo del puerto de Cádiz el 11 de mayo de 1819 para el Mar Pacífico y a las pocas esperanzas de que se hubiera salvado este buque, cuyo paradero se ignora, resolvió el Rey, que según propuesta del Capitán General de la Armada, fuera dado de baja el referido navío y los hombres que en él viajaban", firmaría el secretario de Mariana.

¿Acabó la tripulación en la Antártida?

Con motivo del bicentenario del hundimiento del buque, el Museo Naval de San Fernando, con sede en el edificio de la Capitanía General en Cádiz, organiza hasta el próximo 31 de agosto una pequeña exposición para homenajear a los 644 hombres que fallecieron cuando se dirigían a Perú a sofocar las revueltas independentistas. Bajo el título de En memoria del San Telmo: el navío desparecido en el hielo (1819-2019), la muestra reúne obras procedentes de distintos museos que recuerdan las circunstancias históricas, políticas y sociales que desembocaron en este trágico suceso.

Entre 1820 y 1822, los oficiales navales británicos William Smith y James Weddell navegaron cerca de la zona donde fue avistado por última vez el San Telmo. Los resultados de sus investigaciones estaban encaminados a la posibilidad de que algunos tripulantes sobrevivieran un tiempo tras alcanzar el continente helado. Otras campañas de arqueólogos españoles se organizaron en los años 90 para buscar evidencias que aclarasen el misterio del San Telmo, un navío construido en 1788 en los Astilleros de Esteiro (Ferrol).

Estos geólogos y marinos de la Armada catalogaron diversas anomalías magnéticas sumergidas que podrían ser cañones y anclas. Además, levantaron la cartografía de esos lugares y, en tierra, encontraron objetos metálicos y restos de sandalias. En la actualidad, la Fundación Polar Española trabaja en un proyecto cuyo fin es el hallazgo del pecio. Siguiendo las hipótesis de los marinos ingleses, aseguran que "hay fundamentos que permiten pensar que este buque y sus ocupantes fueron los primeros en llegar a las tierras antárticas".

La muestra incluye, por ejemplo, los planos del San Telmo y una maqueta, una carta náutica de la tierra descubierta por el capitán Smith en 1820, restos del calzado hallado en los 90, así como un área de contexto histórico sobre la situación de España a comienzos del siglo XIX. Es el homenaje de la Armada al buque que a día de hoy sigue en el fondo de las gélidas aguas de la Antártida a la espera de ser localizado.