Alfonso XIII durante el discurso de inauguración del monumento al Sagrado Corazón de Jesús y Jorge Fernández Díaz.

Alfonso XIII durante el discurso de inauguración del monumento al Sagrado Corazón de Jesús y Jorge Fernández Díaz.

Cultura Tertulias históricas

La pseudohistoria de Fernández Díaz entre el marrón glacé de Alfonso XIII y el Corazón de Jesús

Entre las efemérides que se conmemoran este nuevo año se encuentra el centenario de la consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús que el rey Alfonso XIII realizó en el Cerro de los Ángeles, centro geográfico de la Península y situado a unos 10 kilómetros de Madrid, el 30 de mayo de 1919. En la explanada de la colina inauguró el monarca español ese mismo día un monumento dedicado al Corazón de Jesús —que sería destruido durante la Guerra Civil— y pronunció un discurso en el que reconocía a Jesucristo como Rey de Reyes.

Monarquía e Iglesia siempre habían ido de la mano, pero Alfonso XIII, educado en la doctrina católica y liberal, fue mucho más allá consagrando España al Corazón de Jesús, un acto rechazado por la masonería —que amenazó con derrocarle— y calificado de "bochornoso" desde las filas socialistas. ¿Qué fue lo que llevó al abuelo de Juan Carlos I a dar este paso? Pues según Jorge Fernández Díaz, el exministro del Interior, "la providencia".

Convertido en una suerte de historiador aficionado, el diputado del PP en el Congreso ha participado en el programa Marcando el Norte, de la fundación cristiana E.U.K. Mamie y presentado por Javier Paredes, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Alcalá, en el que ha relatado un supuesto acontecimiento durante la infancia de Alfonso XIII que años más tarde le induciría a consagrar España al Corazón de Jesús.

"Marcando el Norte" con Jorge Fernández Díaz Carmen Suárez

"La consagración es la correspondencia del hombre al amor de Dios", arranca Fernández Díaz, hombre de profundas convicciones religiosas, en una de sus primeras intervenciones. Más tarde, entrando ya en la pseudohistoria que nos atañe, narra, citando la biografía "muy completa" y "muy detallada" de Santa Maravillas de Jesús, Carmelita: "Digo será preparado muy providencialmente porque el rey Alfonso XIII, (...) en el año... a finales del siglo XIX, teniendo 3-4 años, el rey niño, come una caja de marrón glacés..."

"¿De qué?", le interrumpe Paredes desconcertado. "De marrón glacés", continúa Fernández Díaz. "Esa cosa tan... no sé como describirlo... pero es un dulce muy apetecible, como castañas glaseadas... Bueno, y entonces el niño, una criatura de 3 años, se puso tan malo que estaba para morir". Según el relato del exministro, la reina madre, María Cristina de Habsburgo-Lorena, temiendo la muerte de su hijo, acudió a las religiosas de Santa Bárbara de Madrid.

"La priora le dijo que rezara al Corazón de Jesús", sigue Fernández Díaz, "y que le pusiera una estampa de la devoción del Sagrado Corazón de Jesús en la almohada del niño y que efectuara la promesa de que si curaba, consagraría al rey niño al Sagrado Corazón de Jesús. Y bueno, sorprendentemente, el niño sanó. Prácticamente de un día para otro". La reina madre habría informado de este acontecimiento al papa León XIII por correspondencia.

Monumento al Corazón de Jesús en el Cerro de los Ángeles.

Monumento al Corazón de Jesús en el Cerro de los Ángeles.

Y finaliza Fernández Díaz su relato: "Es conmovedor cómo está detallado en los anales de la historia el día correspondiente en que Alfonso XIII, niño, con sus hermanas, infantas de España, acudieron a la iglesia de Santa Bárbara en Madrid, fueron consagrados al Sagrado Corazón de Jesús, etcétera. Ya desde niño la providencia dispuso (...) hasta llegar a la consagración de hace un siglo".

Pero la anécdota que describe el exministro parece más leyenda que historia: rastreando las biografías del monarca, en ninguna se hace referencia a semejante "destino providencial" para que Alfonso XIII fuese empujado a consagrar España al Corazón de Jesús por las plegarias de su madre. De lo único que ha quedado una evidencia bastante consistente es de las relaciones del rey con los dulces: era habitual verle comprando caramelos para su esposa, la reina Victoria Eugenia, en la tienda La Violeta, abierta en 1915 en la Plaza de Canalejas.