María Dolores Pradera en una de sus últimas actuaciones.

María Dolores Pradera en una de sus últimas actuaciones. EFE

España en la encrucijada

Cultura OBITUARIO

María Dolores Pradera: nacida para las tablas

Ficha

-María Dolores Fernández Pradera

-Madrid, 29 de agosto de 1924- Madrid, 28 de mayo de 2018

-Cantante y actriz

-Estuvo casada con Fernando Fernán Gómez (1945-1957), con quien tuvo dos hijos: Helena y Fernando

-Premio Nacional de Teatro, Grammy Latino a la Excelencia musical 2008, Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes, Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio, entre otros

Para recordar

María Dolores Pradera trabajó y trabajó en los 50. Su carrera artística nació ante la imposibilidad de estudiar tras la Guerra Civil y por su vocación para las tablas. Participó casi una treintena de películas y obras de teatro hasta que en los 60 su carrera dio un giro hacia la música, en la que se volcó hasta el final. Fue en Chile, donde vivió un tiempo su familia, donde empezó a concebir la canción como algo natural en toda reunión, encuentro, y el contraste con una España en la que se podían leer carteles de "se prohíbe cantar". 

Tuvo gusto para elegir qué interpretar y cómo hacerlo, a media voz, al contrario que su amiga Chavela Vargas. Vestida con túnicas y mantones y el pelo recogido en un moño -que nunca se soltó en público-, se hizo un destacado hueco en Latinoamérica, donde hizo varias giras, siempre acompañada a la guitarra por Los Gemelos. Unió dos orillas con sensibilidad, voz suave y dicción perfecta, popularizando temas de grandes autores de aquél continente, como Un rincón del alma o El tiempo que te quede libre, hasta atesorar más de 25 grandes éxitos y 30 discos de oro.

Una de sus fortalezas fue precisamente esa, rescatar temas que pronto universalizaba, ya fuera un fado, una ranchera o una habanera, siempre elegante en su atuendo, sus gestos y su voz. Otra, actuar al margen del sistema, de las modas, poniendo voz al pueblo, a la tradición, hasta el punto de desaparecer y que su obra siga en el mismo lugar, sin envejecer, para las dos orillas, con la misma sencillez y aparente fragilidad que la hicieron fuerte y eterna.

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