Carmen Alborch, durante los actos conmemorativos del Día Internacional de la Mujer Trabajadora en Valencia. 1994.

Carmen Alborch, durante los actos conmemorativos del Día Internacional de la Mujer Trabajadora en Valencia. 1994. EFE.

Cultura Reflexiones de una ministra rebelde

“Somos malas, pero podemos ser peores”: 15 dardos feministas de Carmen Alborch

  • Su ensayo 'Solas' revolucionó el panorama en 1999, planteando por primera vez en España que las mujeres que vivían sin su pareja era las que se permitían elegir.
  • En 'Malas' retrató la demonización a la mujer "desobediente". 

Carmen Alborch, primera ministra de Cultura de la democracia, exigió desde muy pronto una habitación propia, como la Woolf. Revolucionó el debate social con el lanzamiento, en 1999, de su libro Solas. Gozos y sombras de una manera de vivir (Temas de hoy): nunca antes se había publicado en España una monografía dedicada no sólo a analizar, sino a aupar la soledad de las mujeres, a reivindicarla desde una mirada feminista. Alborch habló de elegir vivir sola -que no es sinónimo de estar sola- como modo de amarse a una misma, de no doblegarse ante los cánones del hogar tradicional: “Vivimos acompañadas mientras nos sentimos queridas, mientras se mantiene el deseo, mientras perduran la complicidad y el respeto. Pero cuando no existe sincronización con nuestra pareja, preferimos estar solas que resignarnos al desamor”, escribió. 

Y la mejor muestra de autosuficiencia era ella: con su alegría, su discurso, su cabello salvaje y rojísimo y su pintalabios en el bolso, como un ejército de una sola mujer que clamaba contra la despenalización del adulterio, el aborto o el divorcio. En Malas (Aguilar), ya en 2002, recordó que con ese adjetivo se condecora, sencillamente, a las mujeres “desobedientes”, de ahí su lema: “Somos malas, pero podemos ser peores”, porque aún queda mucho que contradecir. Aquí 15 de sus reflexiones en defensa de la dignidad de las mujeres. 

1. “Las mujeres necesitamos la existencia de una cierta solidaridad entre nosotras, puesto que nos conviene -y utilizo expresamente el verbo convenir- el ser más cómplices que rivales en este mundo tan complicado en el que vivimos. No en vano, la solidaridad que se entreteje entre nosotras llega a niveles incluso universales cuando hay una mujer que va a ser apedreada porque ha sido acusada de adulterio, por ejemplo, y el resto nos revelamos eficazmente contra semejante atrocidad, o cuando muchas de nosotras somos maltratadas”. 

2. “Los ‘problemas de mujeres’ lo son de la sociedad en general, a pesar de que nosotras nos sintamos más involucradas y mostremos mayor solidaridad”. 

3. “No creo que el feminismo, en general, o cualquier movimiento de mujeres comprometidas, en particular, pueda tener respuestas categóricas hacia nada, porque tampoco las soluciones lo son; al fin y al cabo, si hablamos de relaciones entre mujeres estamos tratando de relaciones entre personas complejas, de relaciones siempre presididas por esa idea de que somos tan singulares y diversas como el resto”. 

4. “Me consta que todavía hay muchas mujeres con hijas que a pesar de abogar por la igualdad de oportunidades, a la hora de educarlas, las tratan de manera desigual, transmitiéndoles unos modelos y exigencias relacionados aún con los papeles más tradiciones, vinculados siempre a la sumisión, la obediencia, etc. Y precisamente de la corriente contraria a dicha educación, de la rebelión ante esa actitud retrógrada, nació el título de Malas; un título que no significa otra cosa que "desobedientes" y que se refiere a todas aquellas mujeres que no hacen todo lo que se les dice. ¿Cuántas veces habremos escuchado eso de “tú te callas” no sólo en boca de nuestros padres, sino también de nuestras madres, de nuestros compañeros? Pues bien, esa negación de la palabra, esa censura de nuestra opinión, nos frustra, nos hiere, y por eso me parece importante recuperar, aunque sea con cierta complejidad, nuestro derecho prohibido”. 

5. “No rechazo el rol de madre ni de esposa (…) ni ningún otro (…) pero la propia sociedad en la que vivimos nos coloca en un papel determinado, en mi opinión, como si de un destino exclusivo, sin la posibilidad de elegir, se tratara, y una vez en él colocadas ni nos reconoce, ni cuantifica ni tan siquiera agradece la importancia que dicho papel tiene para la sociedad (…) Me parece importantísimo que sepamos lo que las mujeres aportan, aportamos, en el mundo (incluido nuestro país), porque sólo así podemos comprender que no hay cuentas que puedan pagarles, pagarnos, lo que invierten, invertimos, en el cuidado de niños, mayores y enfermos, y sólo así la sociedad nos lo podrá reconocer y agradecer en los ámbitos público y privado”. 

6. “Hay algo a lo que también hemos contribuido (…) y es al mantenimiento del sistema que nos oprime. La rivalidad entre las mujeres ha sido fomentada precisamente por los hombres, que son los que han tenido y aún tienen el poder en dicho sistema. Me explico, porque creo que así queda esto dicho de manera un poco simplista y yo siempre procuro apoyarme en especialistas en estos asuntos: no hay un enfrentamiento entre las mujeres porque la naturaleza así lo ha decidido, sino que los hombres, cuando pactaron -estoy hablando de hace miles de años, claro está-, pactaron estar en una determinada situación y tener un determinado poder, y nosotras quedamos relegadas a otro ámbito en el que debíamos rivalizar por conseguir lo que nos daba el estatus, el reconocimiento, el apellido; en definitiva, por el hombre, que era quien nos proporcionaba todo esto. Entonces, ésta ha sido siempre una manera de entender que tenemos que competir entre nosotras para que al final sólo quede una, la elegida”.

7. “Virginia Woolf solía decir que a los hombres los miramos en un espejo en el que los agrandamos; pues bien, nosotras mismas miramos, consciente o inconscientemente, a las mujeres en un espejo en el que las empequeñecemos. Es decir, que los sentimientos y las relaciones entre nosotras son ambivalentes, y me parece que es muy interesante tenerlo en cuenta, porque precisamente ahora que nos encontramos en el mundo exterior tenemos que competir no tanto por un hombre, sino por un trabajo bien remunerado al que tenemos derecho a acceder o incluso por el poder, ya que también podemos ser ambiciosas”.

8. “Ya va siendo hora de que dejemos de sentirnos seres para los demás y empecemos a sentirnos seres por nosotras mismas, con nuestra individualidad. ¿Qué ocurre? Que cuando empezamos a comportarnos de esta manera enseguida nos acusan de egoístas, uno de los calificativos más terribles (además del de mala) que se puede utilizar contra una mujer. Y cuando a una mujer se le dice ‘eres una egoísta’ se le rompen los esquemas, porque si por una parte se le dice que debe ir más a lo suyo, por la otra, se supone que debe ser una persona entregada, con tiempo, energía y espacio para los demás”. 

9. “El feminismo ha mejorado la calidad de vida de los ciudadanos y ciudadanas. Debería ser declarado patrimonio inmaterial de la humanidad”.

10. “Creo necesario aclarar que quien escribe esto, mujer orgullosamente sola, se siente, en cambio, venturosa y cálidamente acompañada, y ni por asomo se considera una persona solitaria (…) Vivir sola no es lo mismo que estar sola, ni sentirse sola, ni ser una persona solitaria”.

11. “A diferencia de la ‘solterona’ que no podía conseguir un hombre, la soltera actual decide no tenerlo. Estamos solas porque no nos conformamos”. 

12. “La pasión y el matrimonio son incompatibles por esencia. Difícilmente existe el amor para toda la vida”.

13. “Las mujeres no queremos (quizás ni sabemos) pasarnos la vida intrigando y trazando estrategias de conquista del poder, como hacen los hombres a menudo”.

14. “Si fuera hoy joven, sería más agresiva [respecto al tema del feminismo] y pensaría que ese es el camino. Todo debate enriquece, siempre que no sea ir contra nosotras mismas. Hay quien quiere que nos tiremos del moño, pero no lo vamos a consentir. El feminismo no es un catecismo y cada una lo vive a su modo”.

15. [Si la cartera del Ministerio de Cultura volviese a estar en sus manos]. “Lo primero sería tomarme muy en serio la aplicación del artículo 26 de la Ley de Igualdad para impulsar la creatividad de las mujeres y visibilizar nuestra presencia en el mundo de la cultura. Desde un primer momento me acompañaría y buscaría complicidad con el movimiento feminista para que impregne el Ministerio de Cultura y de Deporte, un ámbito que tampoco hemos de olvidar. A partir de ahí, promovería una presencia equilibrada en lo que llamamos los templos del saber, esos en los que estamos ausentes”.