Boceto de La sirenita, de 1989.

Boceto de La sirenita, de 1989.

Cultura Exposiciones

Una exposición de Disney sin Walt

La colección está compuesta por un total de 215 piezas firmadas por los mejores creadores de animación que se conocen, artistas de la talla de Joe Grant, Albert Hurter, Dick Huemar. Nombres reconocidos, menos el propio Disney.

Walter Elias Disney (Chicago, 1901) es el protagonista ausente de la exposición “El arte de contar historias” que permanecerá en el CaixaForum hasta mediados de noviembre. La muestra está organizada por la Obra Social La Caixa colaborando con Walt Disney Animation Research Library, lugar en el que se guarda todo el material gráfico y visual.

La colección está compuesta por un total de 215 piezas, entre escenarios, notas de producción, dibujos, cortometrajes, storyboards, y un documental que muestra cómo es el proceso de dar a luz personajes de la talla de Robin Hood, Merlín y Elsa. Todas las piezas están firmadas por los mejores creadores de animación que se conocen, artistas de la talla de Joe Grant, Albert Hurter, Dick Huemar, creadores de Dumbo, La dama y el vagabundo, Fantasía 2.000 y Alicia en el País de las Maravillas. Nombres reconocidos, menos el propio Disney. No hay un sólo Mickey, princesa o malvado acompañado de la firma del padre de todos.

Robin Hood de 1973.

Robin Hood de 1973.

El hombre que nunca pretendió esconder al niño que siempre fue. El mismo que con siete años se dedicaba a vender algunos de sus bocetos a amigos y vecinos, hijo de carpintero y maestra, inició su vida laboral repartiendo periódicos para ayudar en la economía familiar. Sin haber cumplido los 17, falsificó su partida de nacimiento para formar parte de la Cruz Roja y poder ayudar a combatir en la I Guerra Mundial.

Estos antecedentes no diluyeron jamás de su cabeza las ganas de ser dibujante. Tanto es así, que circula el rumor de que en pleno conflicto bélico, mientras se dedicaba a conducir ambulancias, sus ratos libres los invertía en adornar las paredes del vehículo con dibujos. Tras la guerra, volvió a casa y comenzó a comercializar sus primeros dibujos animados y a trabajar para una agencia de publicidad, donde aprendió nuevas técnicas de diseño, las cuales le ayudarían a perfeccionar mediante novedosos métodos a combinar imágenes reales y animación.

La siguiente parada la estableció en Hollywood, donde levantó junto a su hermano Roy el estudio que revolucionaría la narrativa visual y la industria del entretenimiento para siempre. Los personajes Disney forman ya parte del ADN cultural de la sociedad. Se mamó con Mickey Mouse de fondo y quiso probar el beso de amor verdadero cuando tenía más de doce primaveras. Todas las aventuras y compañeros de sueños surgidos de la mente de Walt Disney y sus colaboradores forman parte del imaginario visual occidental, aunque no sus dibujos.

Únicos

No ha habido estudio de cine que haya sabido adaptar y acercar al gran público la tradición oral y los relatos populares, como el padre de Mickey Mouse. Haciéndolos suyos de tal forma, que a día de hoy resulta muy difícil hablar de Pocahontas o La Bella Durmiente sin imaginarlo a través de los ojos de Walt Disney.

Una recopilación tan amplia como lo fue el abanico de técnicas que el productor puso a su disposición para dar fondo y forma a sus personajes y escenarios: acuarelas, carboncillos, pasteles, tintas, témperas, acrílicos e ilustraciones digitales son los materiales de los que estaban hechos los protagonistas de los cuentos que han hecho soñar toda la vida.

Exposición en el CaixaForum

Exposición en el CaixaForum EFE

La muestra recorre las obras más conocidas de todas las épocas, desde el primer Los tres cerditos en 1933, pasando por La liebre y la tortuga o Hércules, hasta la película Frozen en 2013. El recorrido comienza por una zona dedicada a las fábulas, hasta la zona de cuentos de hadas, castillos encantados, malvadas brujas, princesas y donde todos los finales son felices. Ya lo dijo el famoso padre de Mickey Mouse: “Todos nuestros sueños pueden convertirse en realidad si tenemos la valentía de perseguirlos".

A la exhibición se le suma una carta escrita por la primera dama, Eleanor Roosevelt, en la que suplicaba al productor que contara la historia de Pedro Melenas. Cuatro años más tarde apareció el pato Donald protagonizando dicha historia en clave de fábula.

Esencia eterna

La fidelidad de su público ha sido testigo de las múltiples versiones de una narrativa que no ha cesado de modernizarse sin renunciar jamás a su esencia. Sirva de ejemplo Blancanieves y los siete enanitos (1937), el primer largometraje de animación de Disney, en el que mimó con sumo cuidado y detalle el desarrollo de todos y cada uno de los personajes. Para ello, buscó inspiración en la tradición literaria europea, hasta decantarse por uno de los cuentos de los hermanos Grimm, publicado por primera vez en el año 1812.

Esta no fue la única vez que Walt encontró su inspiración en historias ajenas. Hans Christian Andersen fue su fuente preferida de ideas. De sus cuentos surgieron La Sirenita, Fantasía 2.000 y Frozen. Otra de las míticas narraciones que encontró posteriormente su réplica en la gran pantalla fue la leyenda del rey Arturo, cuyos primeros testimonios escritos datan del siglo IX, e inspiró la historia del célebre mago Merlín el encantador.

La exposición concluye, como no podría ser de otra manera, con un "¡Y colorín, colorado, este cuento ha acabado!", removiendo un baúl que la mayoría creía cerrado y nunca se debería sellar, oliendo a gusanitos y con ganas de volver a empezar.