Cultura HISTORIA DEL HOLOCAUSTO

Los horrores de Auschwitz aterrizan en Madrid

Una muestra abre a España en una ocasión única las puertas de Auschwitz, campo de extermino en el que fueron asesinados 1,1 millones de personas, la mayoría judíos.

Berlín

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Probablemente fuera un niño pequeño. Ha pasado varios días, sino semanas, hacinado con su familia viajando en un vagón de la Deutsche Reichsbahn, la empresa de ferrocarriles del III Reich. Al llegar a Auschwitz, los miles de viajeros son separados. Por un lado van los hombres y jóvenes que puedan trabajar. Por el otro van las mujeres, niños y quienes no puedan participar en las “tareas” del campo. El niño no es seleccionado para trabajar. Por eso va, con el resto de descartados, a “tomar una ducha”, según dicen los encargados de darles un marcial recibimiento.

El niño y quienes le acompañan entran en un edificio cercano a las vías. Les dicen que se quiten la ropa porque van ducharse después del largo viaje. El niño mete los calcetines dentro de sus zapatos, como haría cualquiera que va a darse una ducha en un lugar público. Al dejar la estancia en la que el menor ha dejado sus pertenencias, el niño entra con los suyos en otro cuarto con aspecto de ducha. Al cerrarse la puerta de esa habitación, son gaseados con Zyklon B, un pesticida hecho a base de cianuro. Todos mueren.

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Del niño no se sabe nada más. “No conocemos su nombre, no sabemos de dónde era, no tenemos una foto suya. Lo único que sabemos es que hubo un niño que murió en Auschwitz, al igual que otros cientos de miles de mujeres y niños”, dice EL ESPAÑOL Paul Salmons, del Centro para la Educación sobre el Holocausto en la University College de Londres. Del niño, sólo queda su zapato y su calcetín. Ambos fueron descubiertos cuando las tropas soviéticas liberaron el campo de exterminio el 27 de enero de 1945. El zapato y el calcetín del niño pueden verse a partir del viernes en la muestra “Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos.” en el Centro de Exposiciones Arte Canal de Madrid.

Unas gafas, un espejo de mano roto y un trozo de una taza de porcelana son otros objetos de la muestra que cuentan historias similares a las del niño del zapato y el calcetín. Es cuanto queda de las víctimas de Auschwitz. Allí, el III Reich acabó con la vida de 1,1 millones de personas. La mayoría de ellas eran judíos. Fueron víctimas de lo que los nazis llamaban “Solución final de la cuestión judía”, el mayor genocidio del 'viejo continente' y uno de los peores crímenes que haya conocido la humanidad. En hebreo, se hace referencia al Holocausto con la palabra Shoah, que significa “catástrofe tal que no puede haber una mayor”.

En campos como Auschwitz, los asesinados, en último término, desaparecían. Sus cuerpos eran reducidos a cenizas que acababan integrando la atmósfera, la tierra o el agua de charcas y ríos cercanos. “Las cenizas podían utilizarse también como fertilizante para los campos cercanos o, en invierno, se esparcían sobre las carreteras para que las ruedas de los coches no resbalaran sobre el hielo”, apunta Salmons, uno de los comisarios de la muestra que abre sus puertas el viernes en Madrid.

Pruebas de los asesinatos en Auschwitz

Al liberarse el campo de exterminio, se descubrieron barracones llenos de pertenencias de los asesinados. Los objetos iban a ser entregados o vendidos a los alemanes. Había miles de maletas, paraguas, de todo y, por su puesto, zapatos. “De entre esos miles y miles pares de zapatos, ese zapato es el único que he visto que tiene un calcetín dentro”, apunta Salmons sobre el botín y el calcetín derechos que se pueden ver en “Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos.”

La muestra, según Salmons, busca “restablecer la dignidad y la humanidad” de los asesinados por la Alemania nazi. “Fijarnos en lo que cuenta el zapato del calcetín es una manera de hacerlo”, explica Salmons. “Durante mucho tiempo, la historia de los crímenes de Auschwitz ha estado dominada por los criminales, sus documentos, sus perspectivas, así es como conocimos primero el Holocausto. Esto es muy importante, claro está, pero durante mucho tiempo faltó la voz de las víctimas”, añade.

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Más allá del pelo de los asesinados que aún se conserva en el Museo Estatal de Auschwitz-Birkenau, en Polonia, no hay restos de las víctimas. Como prueba de que murieron allí quedan sus pertenencias. Parte representativa de esos objetos personales ha viajado a Madrid. “Pertenencias como zapatos o maletas de las víctimas son el legado que nos queda de los asesinados. Son la prueba de que el Holocausto ocurrió, de que la gente murió en Auschwitz”, dice a EL ESPAÑOL Piotr Setkiewicz, historiador y director del Centro de Investigación del Museo Estatal de Auschwitz-Birkenau. Él es otro de los expertos implicados en la creación de la muestra.

Un vagón, un barracón y casi 600 objetos

Desde el museo de Auschwitz precisan que los cabellos de las víctimas no viajan en la muestra que abrirá sus puertas el viernes en Madrid por ser una prueba del Holocausto de delicada conservación y específicamente controvertida, especialmente entre la comunidad judía.

“En el judaísmo hay corrientes, aunque no sean todas, que señalan que el pelo debería ser enterrado con el cuerpo tras la muerte de la persona en su tumba”, precisa Setkiewicz. “El pelo de las víctimas todavía contiene el Zyklon B, si uno analiza el pelo aún puede observarse que existen en él restos del gas venenoso”, precisa Setkiewicz. Un envase de esa herramienta empleada en el exterminio de los europeos de cultura hebrea también se puede ver en Madrid.

Al reunir cerca de 600 objetos, la de Madrid será la mayor exhibición entre las catorce previstas en todo el mundo con objetos del museo polaco. En ella se incluye un vagón de la Deutsche Reichsbahn y un barracón original de Auschwitz Monowitz, también conocido como Auschwitz III. Allí los internados estaban sometidos a un régimen de trabajos forzados.

Mis abuelos recordaban la guerra, los soldados, el miedo a los alemanes, vieron la gente ser asesinada en la calle, pudieron sentir el horrible olor de cuerpos humanos ardiendo

La esperanza de vida en Auschwitz III no era superior a los cuatro meses. A diferencia del químico y autor italiano Primo Levi, quien sobrevivió a su paso por Auschwitz III, aquellos que no podían seguir trabajando eran gaseados, en Auschwitz Birkenau, o Auschwitz II. En esa parte del complejo del campo de concentración fue donde comenzó el funesto exterminio industrializado puesto en marcha por la Alemania nazi. Los crematorios construidos allí por Topf & Söhne, la empresa familiar de Johannes Andreas Topf y sus hijos, tenían capacidad para incinerar entre 4.000 y 10.000 cuerpos diarios.

Un español detrás de una exposición global

A la muestra que abre el viernes en Madrid contribuyen el Yad VashemCentro Mundial de Conmemoración de la Shoah de Jerusalén –, el Memorial y Museo sobre el Holocausto de Estados Unidos afincado en Washington D.C y una veintena de coleccionistas que han prestado efectos personales de las víctimas. La muestra es, en sí, un proyecto global iniciado por un español, Luis Ferreiro, director de la empresa Musealia.

Según ha contado el propio Ferreiro, él se refugió tras la muerte de su hermano en la lectura del libro “El hombre en busca de sentido”, del neurólogo y psiquiatra austriaco Viktor Frankl, un superviviente de los campos de Auschwitz y Dachau. Leer a Frankl inspiró a Ferreiro para lanzar “Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos.”

“El visitante ve algo que es original, que pasó de verdad, y que tiene un valor emocional muy importante. Es incluso más importante a ese nivel que cualquier información histórica o estadística”, plantea Setkiewicz. Él asegura que la muestra de su Museo Estatal de Auschwitz-Birkenau permite “sentir la historia, sentir los horrores que ocurrieron hace algo más de 70 años”.

El visitante ve algo que es original, que pasó de verdad, y que tiene un valor emocional muy importante. Es incluso más importante a ese nivel que cualquier información histórica

Por el paso del tiempo, las generaciones que vivieron las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial están desapareciendo. Setkiewicz y compañía luchan, como pueden, contra el olvido. “Mis abuelos recordaban la guerra, los soldados, el miedo a los alemanes, vieron la gente ser asesinada en la calle, pudieron sentir el horrible olor de cuerpos humanos ardiendo. Ellos lo recordaban y nunca pensaron en cuestionar ni la guerra ni el Holocausto”, afirma Setkiewicz.

El Museo Estatal de Auschwitz-Birkenau se levantó en 1946 y desde 1979 integra el Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. El año pasado recibió la visita de algo más de dos millones de personas, un número sensiblemente mayor a los 1,7 millones de 2015 o a los 1,5 millones de 2014. Hasta 115.205 visitantes españoles recibió el museo de Auschwitz en 2016, superando en número a los que procedían de países más cercanos, como la República Checa (60.700), Eslovaquia (40.750) y, sin ir más lejos, Alemania (92.000).

Contra el olvido, el negacionismo y las fake news

Precisamente desde Alemania, Sven Tetzlaff, investigador de la Fundación Körber, entiende que “la idea de una exposición itinerante sobre Auschwitz es realmente buena”. “Al quedar cada vez menos personas que puedan ofrecer un testimonio de primera mano, hay que dejar hablar a los objetos”, comenta Tetzlaff, cuya institución trabaja con el presidente de la República Federal de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, sobre la formación histórico-política de los jóvenes germanos.

Un estudio de su fundación reveló recientemente que los alemanes han empezado a olvidarse de Auschwitz. Los escolares germanos cada vez conocen menos sobre los capítulos más oscuros de su historia, que también son los más sombríos de Europa. El modo en que se forman y, sobre todo, se informan no ayuda a resolver esta situación.

“Sabemos que los jóvenes se informan a día de hoy por canales donde se producen fake news, donde se manipulan imágenes del tiempo del III Reich y de la persecución a los judíos”, comenta Tetzlaff. Con él coincide Setkiewicz. “Las nuevas generaciones tienen otras fuentes de información, donde los negacionistas del Holocausto demuestran incluso competencias a la hora de contar mentiras”, dice el investigador del Museo Estatal de Auschwitz-Birkenau.

En ese museo están las pruebas que demuestran los crímenes de la Alemania nazi. Desde el viernes hasta el 16 de junio del año próximo, esas pruebas también contarán las horribles verdades del Holocausto en Madrid.