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Melendi (47): "De mi infancia recuerdo la fabada de mi madre, aunque ella desgrasaba las fabes. Ella me enseñó a cocinar"

"Las fabes me gustan, pero me sientan como una patada", ha reconocido el cantante al rememorar los platos caseros que solía comer en casa.

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Detrás de los escenarios multitudinarios y de las giras de éxito que acumula a sus espaldas, Melendi (47 años) mantiene vivas las raíces que lo unen a su Asturias natal. El cantante ha vuelto a echar la vista atrás para recordar sus orígenes, la educación que recibió en su hogar y, muy especialmente, la herencia gastronómica de su casa.

Un legado culinario encabezado por su madre, a quien define como una de las piezas angulares de su vida y de quien aprendió los secretos entre fogones.

"Yo tuve una infancia buena, feliz, unos buenos padres. No hemos tenido grandes lujos pero no me ha faltado de nada", compartía en una distendida charla en el pódcast del creador de contenido Senén Morán.

En su charla con el creador de contenido, el intérprete repasó sus años de infancia y juventud, asegurando haber sido un afortunado por el entorno en el que creció.

"En Asturias, el estilo de comer es de locos"

Consciente de los altibajos y las etapas complejas que marcaron sus inicios públicos, el artista quiso desvincular por completo a sus progenitores de cualquier fallo: "Son los mejores padres que he podido tener porque yo no me puedo quejar de nada... Todos los líos en los que me metí no tienen ninguna culpa de nada".

Durante la conversación, el compositor ovetense se mostró especialmente entusiasta al hablar de la cultura culinaria de su tierra. "En Asturias el estilo de comer es de locos", señalaba al valorar la abundancia y la tradición gastronómica del Norte.

Sin embargo, al hablar del plato estrella asturiano por excelencia, la fabada, reconoció entre risas las limitaciones que le impone el paso del tiempo: "Hace mucho tiempo que no como una buena de ahí de Asturias. Las fabes me gustan que te cagas, lo que pasa que me sientan como una patada. Cada vez que como con un poco de grasa... rasco después".

Aun así, no dudó en defender la contundencia de las recetas tradicionales de la región con su característico sentido del humor: "Si los asturianos de toda la vida, los paisanos y las paisanas del pueblo, llegan a los 95 años comiendo fabes, metiendo chuletón y el chupitín de orujo, pues será que para algo vale".

El toque de su madre en la cocina

El talento entre cazuelas de su progenitora fue uno de los puntos centrales de sus recuerdos. "Me enseñó mi madre, que es una de las mejores cocineras que hay en Asturias. Cocina muy, muy bien", elogiaba con orgullo.

Al recordar cómo preparaban en su casa el famoso guiso de alubias, desveló la técnica que utilizaba para hacer el plato más digerible: "Mi madre las desgrasaba un poco".

Este truco familiar le permitió disfrutar de la comida durante toda su etapa de crecimiento. Un periodo en el que el apetito nunca le faltó: "Mi madre siempre dijo que otra cosa no, pero que verme comer era un gusto".

Melendi, con su pareja, Julia Nakamatsu.

Melendi, con su pareja, Julia Nakamatsu. GTRES

El refugio familiar

Esta constante reivindicación de la figura materna conecta directamente con otras reflexiones que el cantante ha compartido a lo largo de su carrera. En una entrevista concedida a Diez Minutos, el artista recordaba emocionado los cuidados que recibió durante sus primeros años debido a sus problemas de salud.

"Recuerdo a mi madre. Ha sido lo más importante de mi vida. Nací con un asma muy agresivo y ella me sobreprotegió. Recuerdo las noches en que me daba vahos de eucalipto para que pudiera respirar. Tuve una infancia fastidiosa, pero muy feliz porque siempre me sentí querido", narraba.

En aquellas mismas declaraciones, el cantante rememoraba también cómo fue su carácter en esa etapa vital, algo de lo que también habló para Cadena 100.

En dicha emisora confesaba que en sus primeros años distaba mucho de la imagen pública que proyectó más tarde: "Cuando era pequeño era un niño bastante introvertido, me gustaba jugar solo y estaba en las faldas de mi mamá".

Esa protección inicial se convirtió en un pilar de respaldo absoluto cuando decidió encaminar su vida hacia la música. "Cuando vieron que iba en serio, me apoyaron sin problemas", explicaba sobre la reacción de sus padres.

Una base de valores que, según el propio Melendi, le sirvió de brújula en los momentos más desorientadores de su juventud: "Cuando tienes unas bases y unas raíces aunque te desvíes, vuelves al redil. Lo más importante para mí es la educación que me dieron mis padres y lo que vi en mi casa".

"Sí, mi madre es la que ha tirado de mí, la que ha luchado contra viento y marea para sacarme adelante... Y ahora mi mujer es la base y el pilar absoluto en el que se asienta todo", concluía el asturiano. Dejaba claro así que tanto el amor por la cocina de su tierra como los valores familiares siguen siendo los pilares sobre los que se sostiene su día a día.