El actor, Sergio Peris-Mencheta. EFE.
Peris-Mencheta (51): "Cuando me dieron el diagnóstico de leucemia a los 48 me dijeron 'es probable que no sobrevivas'"
"Convivir con el dolor físico es una manera de estar anclado al aquí y ahora", explica el actor al hablar de su enfermedad.
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A los 48 años, cuando planeaba cerrar su etapa en Hollywood y regresar a España, la vida de Sergio Peris-Mencheta (51 años) dio un vuelco absoluto. Un diagnóstico severo de leucemia irrumpió en su camino de forma imprevista.
Tiempo después, en una conversación íntima en el podcast Carne Cruda, el actor y director teatral ha rememorado con crudeza y serenidad el impacto de recibir una noticia tan demoledora y la perspectiva con la que afronta hoy esta segunda oportunidad.
El momento en que conoció el diagnóstico estuvo marcado por un contraste surrealista. El médico que lo atendió, un profesional "muy joven", lo recibió con una sonrisa al reconocerlo. "Y yo pensaba 'bien, va a ir bien'", recuerda el actor.
Sin embargo, la realidad fue contundente: "Cuando me da el diagnóstico y me dice 'es bastante probable que no sobrevivas', porque me lo dijo tal cual, porque tenía antecedentes de leucemia en mi padre y en mi abuelo, yo salí y fuimos caminando... nos sentamos en los jardines que hay enfrente del Palacio Real, Marta [su pareja] y yo, y me dio un poco un ataque de risa".
"Antes de ponerme enfermo era profundamente infeliz"
Aquella reacción inicial rozaba la incredulidad ante una situación que parecía casi irreal. "Aparte del 'pellízcame, esto no puede estar pasando', me parecía que era una broma pesada", confiesa Peris-Mencheta.
Para explicar el golpe emocional, recurre a una analogía cinematográfica: "Todo me había ido tan bien siempre que no podía ser que de repente me viniera toda la mierda como a los de Regreso al futuro, cuando se chocan con el camión de mierda. Yo me sentía como Biff: el triunfador, el rey del mambo, y le cae todo encima de golpe".
Ante la gravedad del pronóstico, la mente del cineasta reaccionó iniciando un silencioso proceso de despedida: "Empecé a despedirme. Primero del Palacio Real, que es lo que tenía delante. Me despedí de Marta y luego me iba despidiendo, sin contárselo a todo el mundo, de lo que me rodeaba".
Sin embargo, el tránsito por la enfermedad ha transformado radicalmente su percepción de la existencia y del tiempo.
Al ser preguntado sobre cómo cambia la visión de la vida cuando se comprende su carácter finito, el actor reflexiona sobre su estado emocional previo: "Antes de ponerme enfermo sentía que lo tenía todo y, al mismo tiempo, era profundamente infeliz. Esta enfermedad y las secuelas que estoy viviendo día a día te traen a tierra, te tira para abajo".
"Convivir con el dolor te ancla al aquí y ahora"
Para Peris-Mencheta, el presente se ha convertido en el único pilar real: "Convivir con el dolor físico es una manera de estar anclado al aquí y ahora. Entonces aquí y ahora estoy en la República, feliz, rodeado de gente maravillosa y tratando de exprimir este ratito, que realmente existe".
"El tiempo se ha convertido en ficción, tanto el pasado como la expectativa futura. La vida me ha dado una segunda oportunidad y la tengo que aprovechar", subraya.
Al abordar el futuro y el deseo de cómo le gustaría imaginarse en el final de sus días, el director huye de la solemnidad tradicional de los tanatorios. "Me gustaría juntar a todos mis amigos, poder tomar la decisión yo y morirme con ellos", explica con claridad.
"No verme hecho una piltrafa total, sino poder hacer una fiesta de despedida con todos mis seres queridos alrededor, poner música y festejar. Eso sería maravilloso", concluye, aferrándose al deseo de celebrar la vida hasta el último instante.
"Es que yo el tanatorio como que yo no... Mal rollo, la verdad", zanja.