Comillas es uno de los pueblos más visitados de Cantabria. Pexels.
El pueblo español ideal para recorrer a pie: 2.000 habitantes, casa de Gaudí, universidad y palacio neogótico del siglo XIX
Cantabria cuenta con una de las localidades con más encanto del país, que ofrece una mezcla única de arquitectura modernista y señorial.
Más información: El municipio español declarado Conjunto Histórico: 1.300 habitantes, cuna del Orujo y con una casa-torre del siglo XV
Comillas, en Cantabria, es uno de los pueblos más visitados de la comunidad gracias a una combinación casi irrepetible: cercanía al mar Cantábrico, caserío señorial y un trío monumental formado por una antigua universidad, un palacio neogótico y una joya modernista de Antoni Gaudí.
Aunque el municipio ronda hoy los algo más de 2.000 habitantes, sigue conservando escala de villa pequeña y es perfecto para descubrirlo caminando, sin prisas, en poco más de una hora por su coqueto núcleo histórico.
Uno de los grandes símbolos del municipio es la antigua Universidad Pontificia, un impresionante conjunto de ladrillo y piedra que preside la villa desde lo alto.
Centro Universitario CIESE-Fundación Comillas. Turismo de Comillas.
Universidad de Comillas
Fundada en 1890 como Seminario de San Antonio de Padua y erigida como universidad pontificia por el papa León XIII, nació impulsada por el primer marqués de Comillas y la Compañía de Jesús como centro de formación de élites eclesiásticas.
Durante décadas fue un foco de estudios de Teología y Derecho Canónico hasta que, entre los años 60 y 70 del siglo XX, la universidad trasladó su actividad académica a Madrid.
En la actualidad, la institución Universidad Pontificia Comillas tiene su sede docente en Madrid, mientras que el monumental edificio cántabro pertenece al Gobierno de Cantabria y alberga el Centro Internacional de Estudios Superiores del Español (CIESE‑Comillas), con programas para estudiantes e investigadores de lengua y cultura hispánica.
Arquitectónicamente, la universidad es un edificio espectacular, de aire neogótico‑modernista, obra de Joan Martorell con intervenciones decorativas de Lluís Domènech i Montaner.
Fachadas de ladrillo visto y piedra, pináculos, cerámicas y un interior organizado en patios y grandes escaleras la convierten en una visita imprescindible.
Eso sí, su alumnado actual es reducido y especializado: los estudiantes que pasan por el CIESE lo hacen en estancias más cortas, en cursos de verano o programas concretos, muy alejados de las cifras de seminaristas de sus orígenes.
El Capricho de Gaudí, en Comillas. Turismo de Comillas.
El Capricho de Gaudí
A pocos minutos a pie espera la pieza más famosa de la villa: el Capricho de Gaudí, también conocida como Villa Quijano. Es una de las contadísimas obras del arquitecto catalán fuera de Cataluña.
Se trata de un palacete modernista proyectado por Gaudí y construido entre 1883 y 1885 bajo la dirección de su compañero Cristóbal Cascante, por encargo del indiano Máximo Díaz de Quijano.
La casa destaca por su planta alargada, su torre cilíndrica a modo de minarete y, sobre todo, por la decoración de la fachada, cubierta de preciosos azulejos con girasoles que cambian de brillo según la luz del sol.
A pesar del empeño y la inversión que puso su primer propietario, este apenas pudo disfrutarla: murió poco después de terminar las obras.
Con los años, el edificio pasó por distintos usos e, incluso, etapas de abandono, hasta su recuperación como museo visitable.
Entre los detalles más originales, además de las cerámicas y forjas, sobresalen los bancos corridos junto a las ventanas, la integración con el jardín y la orientación pensada para aprovechar al máximo la luz y el clima cantábrico.
Palacio de Sobrellano, en Comillas. Cantabria Rural.
Palacio de Sobrellano
La tercera pata monumental es el Palacio de Sobrellano, también conocido como palacio del marqués de Comillas, un contundente edificio neogótico del siglo XIX que parece sacado de una novela.
Diseñado por Joan Martorell por encargo de Antonio López y López, primer marqués de Comillas, se terminó en 1888 y se levanta en piedra de Carrejo, con planta rectangular, galerías, arcadas trilobuladas y una decoración exterior muy rica en relieves.
En el interior albergó muebles diseñados por Gaudí y pinturas de Eduardo Llorens, con suelos de roble americano y ébano y carpinterías de nogal, reflejo del lujo de la época indiana.
Frente al palacio se alza la capilla‑panteón familiar, y todo el conjunto forma una panorámica inconfundible sobre las praderas que preceden al mar.
Cementerio de Comillas. Turismo de Comillas.
Cementerio de Comillas
Comillas también cuenta con un cementerio singular, situado sobre un antiguo templo gótico en ruinas en lo alto de un promontorio con vistas magníficas al Cantábrico.
Su imagen más célebre es el Ángel Exterminador, una escultura modernista de mármol blanco obra de Josep Llimona, que se recorta dramáticamente sobre el cielo y el mar.
Desde sus muros se dominan el puerto, la playa y el caserío, en una de las estampas más potentes de la costa occidental cántabra.
Panorámica de Comillas. Turismo de Comillas.
Ruta ballenera
Como dato curioso, resaltar el pasado ballenero de Comillas. Durante siglos, antes de convertirse en villa modernista y destino de veraneo aristocrático, el municipio fue un importante puerto ballenero de la costa cántabra.
Desde sus playas y su pequeña ensenada salían las traineras que perseguían a los cetáceos mar adentro, una actividad dura y peligrosa que marcó la economía local hasta el siglo XIX.
De aquel pasado marinero quedan hoy vestigios en la memoria popular, en algunas construcciones del entorno del puerto y en la propia identidad de un pueblo que, mucho antes de atraer a marqueses y arquitectos modernistas, ya vivía de cara al Cantábrico.
Existe un itinerario que permite conocer los vestigios de esta actividad ancestral: desde las atalayas de Santa Lucía y Portillo, hasta la Piedra de la Ballena, el antiguo lugar de despiece y la histórica Casa Ballenera.
El recorrido ayuda a descubrir el legado de la caza de ballenas y su influencia en la identidad de la villa.
Comillas es una de las localidades más visitadas de Cantabria. Turismo de Cantabria.
El Día del Indiano
El calendario festivo refuerza esa mezcla de historia, mar y memoria indiana. Cada verano -a finales de agosto- se celebra el Día del Indiano, una fiesta en la que Comillas rememora a los vecinos que emigraron a América y regresaron enriquecidos, financiando buena parte de los edificios emblemáticos del pueblo.
El programa incluye pasacalles, música, bailes de época, conferencias y vecinos vestidos de blanco y con sombrero de ala.
De este modo recrean la estética de finales del XIX y principios del XX y ambientan las calles en una curiosa estampa con notas de nostalgia. Esa huella indiana explica en buena medida el carácter señorial y modernista de la villa.
A nivel turístico, Comillas es también un excelente punto de partida para explorar otros destinos cercanos: San Vicente de la Barquera queda a pocos kilómetros al oeste, Santillana del Mar y las cuevas de Altamira hacia el este, y el Parque Natural de Oyambre, con sus playas y marismas, prácticamente a la puerta.
Esa proximidad entre patrimonio, costa y naturaleza multiplica el atractivo de la villa para escapadas cortas.
Panorámica de Comillas, en Cantabria. Turismo de Comillas.
Recorrido a pie
Un recorrido a pie de unos 60 minutos permite hacerse una muy buena idea de Comillas.
Una propuesta clásica comienza en el Capricho de Gaudí, con visita interior, y baja luego al casco histórico para pasear por sus calles empedradas, la plaza de la iglesia y el entorno del Ayuntamiento.
Desde allí se sube hacia el Palacio de Sobrellano y su capilla‑panteón, se continúa hasta la Universidad Pontificia para contemplar sus fachadas y patios desde los miradores y, después, se desciende hacia el cementerio y el Ángel Exterminador, rematando el paseo en el puerto y el paseo marítimo, frente a la playa.
En apenas una hora, a pie y casi sin desniveles excesivos, el viajero recorre la esencia de un pueblo pequeño que concentra una densidad monumental y paisajística difícil de igualar en tan pocos metros.